Trabajar cansa

Aguirre entreabre la agenda

 

Si Rajoy tiene que esforzarse por mantener a buen recaudo la famosa ‘agenda oculta’ no es por miedo a que sus rivales –con los que evita debatir- o los periodistas -a los que no responde preguntas- se le cuelen en el despacho y abran la agenda por alguna página inoportuna. No. Su principal esfuerzo es contener a algunos de los suyos, que en cuanto se descuida le abren la agenda de par en par y la leen en voz alta.

La más indiscreta, cómo no, Esperanza Aguirre. Aunque se la ve contenida, como si se mordiese la lengua bajo esa sonrisa permanente ("ay, si yo contara lo que vamos a hacer…"), en cuanto se relaja un poco, por ejemplo en una entrevista-masaje como la que de ayer en la Cope, la presidenta madrileña le abre el candado de la agenda a Rajoy con una horquilla.

Ayer la abrió por la página sanitaria, aunque sólo leyó las primeras líneas: copago en medicamentos, que se acabe la gratuidad para los pensionistas y paguen según su renta. Habrá quien encuentre razonable la propuesta, pues Aguirre siempre sabe hablar a favor del viento, y alguno pensará: "¿por qué pagarle la medicina a quien tiene una pensión alta?". Aparte de que es un razonamiento tramposo, y sería extensible a otros ámbitos (sanidad, educación, "muchísimas cosas", dijo Aguirre), yo tomaría como ejemplo lo que pasa en la comunidad que ella gobierna, donde hay que ser pobre de solemnidad para conseguir algunas ayudas que se dan precisamente según renta.

Ayer no se quedó en los medicamentos, y hojeó varias páginas de la agenda, aunque lo hizo deprisa y sólo pudimos leer alguna palabra suelta: reforma laboral, devolución de competencias autonómicas, eliminar subvenciones a sindicatos y partidos, rechazo de la ley de memoria histórica, y las páginas centrales, de las que está más orgullosa pues están escritas con su letra: la extensión a todo el país del modelo educativo madrileño. Ese mismo modelo por el que los profesores vuelven a protestar hoy, resistiendo los ataques de la presidenta, que se ha propuesto aplastar a los disidentes y convertirlos en el marcapáginas de la agenda.