¿Dopaje, aquí? ¡Viva España!

 

Por más vueltas que le doy, no consigo entender por qué desconfían (y se burlan) los franceses de nuestro rigor en la lucha contra el dopaje. No lo entiendo: un país como este, que tras una condena por dopaje (del máximo tribunal deportivo, y con unanimidad de sus miembros, incluido el propuesto por la defensa) cierra filas marcialmente, toma por un asunto de honor nacional la sentencia, los periodistas aplauden en la rueda de prensa, los políticos rivalizan en ardor al defender la inocencia, las autoridades deportivas se envuelven en la bandera y el país entero pierde el sentido del humor y cae en el ridículo más absoluto con un gobierno quejándose oficialmente por un sketch televisivo y ciudadanos furiosos pidiendo el boicot de productos franceses…

¿Qué motivos pueden tener para pensar mal de un país que no sólo ha visto manchados a muchos deportistas, sino que ha distribuido dopaje para medio planeta gracias a entrenadores y médicos que siguen en activo? ¿Por qué sospechan de un ciclista español, después de que en la última década la mitad de quienes subieron al podio en la Vuelta han sido pillados alguna vez? Y más aún: ¿cómo no entienden nuestra confianza ciega en Contador, cuyo director de equipo es un dopado confeso?

Me encanta el ciclismo, me trago enteras hasta las etapas llanas. Es más: me gusta mucho Contador, y me parece menos sospechoso que otros. Pero no me uno a estas exhibiciones de patriotismo deportivo, que poco ayudan a la credibilidad de nuestros deportistas, ni a la de un deporte, el ciclismo, herido de muerte por los tramposos.

Yo no sé si Contador se dopó, pero lo único seguro es que en su sangre había una sustancia prohibida, por poca que sea, y las reglas son claras. Puede parecer injusto que le toque a él demostrar su inocencia, pero como aficionado entiendo ese rigor: vista la sofisticación de los tramposos, qué menos que sea el deportista el que tenga que explicar cómo ha llegado eso a su sangre. Y Contador, tras la rocambolesca historia del solomillo, no ha podido explicarlo. Aunque decir esto sea un delito de lesa patria.