Verdad Justicia Reparación

Indios materialistas en Teruel

Antonio Pérez,
integrante de La Comuna

"78 años después Alcañiz recuerda a las víctimas del bombardeo de 1938, una etapa donde la gente luchó sin ideales".

El ayuntamiento de la localidad turolense, gobernado por el PP, ha desatado una polémica al utilizar esas palabras en un acto de recuerdo a los cientos de vecinos de la localidad que murieron a manos de la aviación legionaria italiana el 3 de marzo de ese año.

Por una vez y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el PP de Alcañiz puesto que, en contra de la opinión mundial y del sentido común, es aproximadamente cierto que en la Guerra Civil "la gente luchó sin ideales". Ahora bien, de la rotundidad de este bando municipal, sólo me separa un detalle aproximado: las diferencias entre el artículo determinado el y el indeterminado un y también con el posesivo mi. Si el alcalde hubiera dicho "una gente luchó sin ideales" o, mejor aún, "mi gente luchó sin ideales", servidor le hubiera aplaudido.

En efecto, los sicarios italianos que bombardearon Alcañiz y los pancistas franquistas que han heredado los beneficios materiales de la matanza, fueron y son "una gente que luchó sin ideales". Es decir, una gente cuyo único ideal es "¡España!", madrastra patria que significa la indeterminación absoluta y –como repite cansinamente Ciudadanos- comodín para esconder trapacerías sin cuento.

Pero hubo y hay otra gente cuyo único pecado fue estar ideologizada o politizada, como diríamos hoy. Algún día habrá que investigar hasta qué punto la inaudita barbarie del bombardeo de 1938 fue calculada para escarmentar a las colectividades que la CNT había organizado en Alcañiz, gracias a las cuales se construyeron desde escuelas hasta hospitales –edificios que, huelga añadir, fueron arrasados por los Savoia italianos y rematados días después por la gloriosa infantería ‘nacional’. Pero, mientras llega ese día, hay otros detallitos que conozco de primera mano y que quizá merezcan alguna atención:

Hace años, visité una minúscula pedanía de Alcañiz que entonces todavía se llamaba Valmuel del Caudillo. Era un típica aldea "de colonización" habitada por colonos llegados de pueblos lejanísimos, casi siempre campesinos conocedores de cómo cultivar en sus comarcas de origen pero no en el páramo de Valmuel. El motivo de mis visitas fue saludar a una pareja de Yanomamis, hijos de un misionero que los había tenido en el Alto Orinoco con (contra) sendas madres indígenas. El susodicho religioso, los secuestró cuando tenían cuatro años él y tres años ella, los contrabandeó hasta Valmuel y allí se los regaló a sus parientes, una familia de campesinos que migraron al páramo turolense hartos de pasar hambre, represión y mortalidad infantil en León.

Y aquí entran algunas de las olvidadas consecuencias que, el franquismo en general y el bombardeo de Alcañiz en particular, padecieron los habitantes originarios de esa comarca. Olvidadas y censuradas porque no es de recibo que Wikipedia se explaye en las fiestas de Valmuel pero no mencione la sublevación franquista. Y peor aún es que la misma fuente omnisciente afirme sin despeinarse que las tierras de la comarca "permanecieron habitadas hasta la Guerra Civil Española o incluso algún año después, para quedar abandonadas ya con toda seguridad en la década de 1940".

¿Campesinos que abandonan su terruño justo cuando llega la Paz? No parece un fenómeno natural pero, leyendo entre líneas, averiguamos que tan drástica despoblación fue ‘natural’ puesto que buena parte de la población –la gente sin ideales- tuvo ‘naturalmente’ que huir después de que los legionarios volantes de Mussolini asesinaran a un millar de personas -una décima parte de su población contando sólo a Alcañiz-. Ello por no hablar de heridos o lisiados y, días después de la gesta mussoliniana, de alzañizanos rojos torturados y fusilados seguramente por su materialismo.

La tragedia de esta comarca turolense es sólo un ejemplo de un fenómeno mucho más amplio; a saber, la primera gran despoblación rural que sufrió la España del siglo XX, una diáspora superior en cantidad y en calidad a la segunda, la que produjo en los años 1960’s el desarrollismo franquista. En la primera, el campo fue despojado de sus brazos más politizados, cualificados y apegados. En la segunda, sólo de los brazos supervivientes. En ambos casos, cambió radicalmente la población dándose como caso curioso que el campo de Alcañiz fuera repoblado por unos colonos entre los que se incluía no sólo gente que provenía de cientos de kilómetros sino, incluso, de mucho más allá: de bebés robados amerindios que nacieron allende los mares y materialmente adentro de la selva, para los caciques turolenses señal inequívoca de que nunca lucharon por ideales.