Verdad Justicia Reparación

Carta de una víctima del franquismo a una víctima del terrorismo

Por Luis Suárez-Carreño, activista de La Comuna

Querida víctima, permíteme tutearte, aunque no nos conozcamos personalmente; empiezo expresándote mi total solidaridad, sea cual sea el daño que hayas sufrido como resultado de la violencia política, religiosa o étnica.

Yo soy víctima del ‘otro terrorismo’ no reconocido oficialmente hasta ahora, esto es, el ejercido por la dictadura franquista durante sus 40 años e incluso algunos más de secuelas, supongo que sabes de qué hablo. No creo necesario explicarte por qué, al menos etimológicamente, la violencia política ejercida por el franquismo puede y debe calificarse como terrorista, pero bueno, no se trata aquí de hacer ejercicios semánticos, con independencia de qué apellido pongamos a las víctimas, lo fundamental es la naturaleza del daño –y en su caso el crimen– del que han sido objeto. Te tengo por una persona con sentido de humanidad y justicia, y por lo tanto estoy seguro que empatizas con cualquier persona que sufra discriminación, opresión, represión o cualquier forma de violencia por razón de sus ideas.

Te quería comentar un par de cosas: En primer lugar, aclarar que como víctima política de segunda no tengo nada en contra del apoyo oficial que recibís las víctimas del terrorismo reconocidas como tales; todo lo contrario, creo que es justo y necesario que la sociedad y las instituciones os reconozcan el derecho a la verdad, justicia y reparación, y os concedan reconocimiento, homenajes, ayudas y demás como así ha venido sucediendo en vuestro caso.

Como bien sabes, por otra parte, la aspiración central de cualquier víctima no es el reconocimiento ni los homenajes, sino la justicia, y en ese sentido el malestar de las víctimas del franquismo no se reduce a su maltrato o discriminación oficial como víctimas, sino que tiene una raíz mucho más grave: la privación del derecho elemental a la tutela judicial efectiva; dicho de otra forma: queremos y merecemos ser respetados y dignificados como víctimas, por supuesto, pero por encima de todo lo que exigimos es justicia para todas.

Aunque lo uno y lo otro –reconocimiento y justicia– van de la mano: es de suponer que las reticencias para darnos carta de naturaleza como víctimas de crímenes políticos se expliquen en buena medida por esa insólita, colectiva y masiva desposesión del derecho a la justicia; dicho de otra forma: reconocernos como víctimas subrayaría crudamente la injusticia de que somos objeto decenas de miles de personas ¿no crees?

Te resumo mi caso a título solo de ejemplo: fui detenido, torturado y condenado en dos ocasiones en los años 70 del pasado siglo por la policía y tribunales franquistas, pasando además casi tres años en sus cárceles; soy querellante como víctima de torturas ante tribunales españoles y ante el tribunal nº 1 de Buenos Aires, contra varios policías que figuran en mi expediente policial –entre ellos el fallecido González Pacheco (aka Billy el Niño)– dentro de la llamada ‘querella argentina’, acogiéndome al principio de justicia universal para los crímenes de lesa humanidad. Los tribunales españoles que se han pronunciado sobre mi querella la han archivado –al igual que han hecho con otras muchas similares interpuestas en los últimos años– aplicando su diligencia obligada como función pública no para amparar mi derecho a la tutela judicial, sino para argumentar la negación y bloqueo de ese mismo derecho.

Es de simple lógica democrática, o simplemente humanitaria, que no puede haber unas víctimas mejores o más privilegiadas que otras, así como que los derechos de las víctimas –los que se suelen resumir en la triada verdad, justicia y reparación– ni son fraccionables ni se reparten como los presupuestos del estado en un ejercicio de suma cero, esto es, donde lo que se da a unas víctimas se ha de detraer a otras. No, todas las víctimas han de tener todos los derechos.

Pues bien, ahora la flamante Ley de Memoria Democrática (aprobada en el Congreso el pasado 14 de julio) abre una puerta para nuestro reconocimiento oficial mediante la habilitación de un registro de víctimas del franquismo, así como algunas medidas que según el texto de la ley persiguen ‘restablecer la dignidad de las víctimas’. La ley, por otra parte, y al menos de momento (pues queda el trámite del Senado), no garantiza nuestro derecho a la justicia. Aun así, los partidos de derechas la han rechazado frontalmente avisando de hecho que piensan derogarla si vuelven al gobierno.

Pero no ha quedado ahí la reacción contra la ley, y este es el punto sobre lo que me gustaría llamar especialmente tu atención: el PP, más concretamente su presidente Núñez Feijóo, ha escenificado su posición con una convocatoria de acto de repulsa con las asociaciones de víctimas del terrorismo, simultánea a la sesión parlamentaria en la que se votaba la ley. Lo que se pretendía en definitiva era un pronunciamiento de las víctimas del terrorismo contra las víctimas del franquismo, pues somos estas las que, por primera vez a nivel legal  obtenemos algún reconocimiento oficial.

Afortunadamente, no todas las asociaciones han participado en ese ejercicio de manipulación política, o más propiamente, partidista, de las víctimas: ‘Pero ya es el colmo que se use a unas víctimas para negar los derechos de otras. Que se quiera que unas víctimas neguemos los derechos de otras víctimas de gravísimas vulneraciones de derechos humanos. No entiendo a los representantes de víctimas que van a esa foto, los que aplauden a un PP que dice que va a derogar esa ley. Conmigo que no cuenten. Las víctimas del franquismo están peor que nosotras, eso es justo reconocerlo’. Son las palabras de Consuelo Ordóñez, hermana del concejal del PP Gregorio Ordóñez –asesinado por ETA en 1995– y presidenta de COVITE (Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco), en respuesta a la convocatoria de Feijóo, según publicó Huffpost el pasado 16 de julio. La honestidad y empatía mostradas por Ordóñez ha puesto más de relieve si cabe el oportunismo de Feijóo y quienes se han prestado a ese acto sectario.

Porque no sé qué te parecerá a ti, pero yo creo que hechos así demuestran una vez más que a la derecha de este país le faltan uno o dos hervores democráticos. Aún a riesgo de aburrirte, déjame señalarte el contraste que suponen en este sentido los actos realizados en esos mismos días en Francia conmemorando el 80 aniversario del infausto episodio conocido como la redada del Velódromo de Invierno (la rafle du Vélodrome d’Hiver), en la que el gobierno colaboracionista de Petain detuvo en París a unas 13.000 personas judías, 4.000 de ellas menores, que seguidamente envió a los campos de exterminio nazi. Tanto el presidente Macron como la primera ministra Elizabeth Borne –considerados ambos de derechas–presidieron los actos conmemorativos, defendiendo  la memoria antifascista y denunciando han denunciado los intentos negacionistas en su país de embellecer el papel de las autoridades (y buena parte de la sociedad) francesas en aquellos hechos ¿Será que son políticos de derechas, pero también antifascistas convencidos? Qué raro suena eso en España ¿no?

Para acabar, de víctima a víctima: no permitamos que nos empleen como carne de cañón para mezquinas batallas, y menos aún para enfrentar a unos colectivos contra otros. Nos lo debemos por respeto propio, pero también por todas aquellas víctimas que ya no pueden hablar, a las que debemos representar con la dignidad que merecen.

Imagen de la intervención de Luis Suárez-Carreño (primero por la izquierda) en las jornadas "100 horas por la memoria", organizadas con CEAQUA, en marzo de 2022.