Morir en Afganistán

25 Ago 2010
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La serie de fotografías que vais a ver a continuación pertenecen a las dos semanas que estuve acompañando a los Medevacs y a los médicos del hospital afgano en la provincia de Kandahar- una de las más beligerantes de Afganistán. Cómo soy de la opinión que una imagen vale más que mil palabras… para muestra un botón. Algunas de las imágenes son bastante explícitas- aunque no he querido subir las más duras (para que os hagáis una idea creo que sirven estas)- así que pueden herir vuestra sensibilidad…

Un soldado afgano es atendido por el sanitario de los Medevacs mientras es trasladado al hospital. La unidad en la que se encontraba sufrió un ataque de la insurgencia afgana. Presentaba heridas de diversa consideración en ambas piernas como consecuencia de la explosión de una bomba casera. Foto: A. Pampliega

Un joven soldado norteamericano es evacuado al hospital Role 3, situado en la base aérea de Kandahar, después de que su vehículo volase por los aires después de pisar una mina que los talibán habían colocado en la carretera. Sufría un grave traumatismo craneoencefálico conllevando la con perdida de la consciencia. Foto: A. Pampliega

Un civil afgano, de mediana edad, permanece en observación en la sala de urgencias del hospital Militar de Kandahar. Tiene el cuerpo ajado de la metralla de un IED que explotó cuando caminaba por la carretera. Los civiles son los que se están llevando la peor parte en esta guerra. En lo que va de 2010 han perdido la vida más de 1.200 han perdido la vida y casi 2.000 han resultado heridos, según los datos facilitados por la ONU. Esto supone un aumento de casi el 31%. Foto: A. Pampliega

Un niño afgano es trasladado al hospital Role 3 de Kandahar. Permanece en coma profundo debido a un IED. Viaja junto a su abuelo. Según Naciones Unidas el número de niños muertos o heridos alcanzó el 55% en el primer trimestre de 2010 respecto al mismo periodo del año anterior: 176 menores muertos y 398 heridos. Foto: A. Pampliega

Un cirujano afgano del hospital militar de Kandahar opera de urgencia a un civil de las heridas producidas por varias balas que le han rasgado el intestino. Es la segunda operación que sufre este paciente en menos de 48 horas. Su vida corre peligro ya que las heridas se han infectado y la sangre ha comenzado a entrar en el interior del órgano. En menos de dos horas la operación habrá concluido y este cirujano habrá salvado la vida de su paciente. Foto: A. Pampliega

Mala mañana en Kandahar. Los talibán han hecho explosionar varios artefactos explosivos durante la celebración de una boda. En total se cuentan más de 23 heridos, entre ellos unas niña a la que le tienen que operar de urgencia para que no pierda la pierna. El saldo final es de cuatro muertos. Foto: A. Pampliega

Los pies cubiertos de sangre pertenecen a un soldado afgano que sufrió heridas superficiales tras la explosión de un IED al paso de su vehículo en un pueblo de la provincia de Kandahar. La metralla le ocasionó heridas de distinta gravedad en piernas, glúteos y espalda. Foto: A. Pampliega

Restos de sangre de un paciente afgano cubren el suelo del Black Hawk. Esa sangre es la que riega Afganistán desde hace más de tres décadas. El símbolo de una guerra que continúa cobrándose la vida de miles de personas cada año. Foto: A. Pampliega

En Afganistán no hay medias tintas. Aquí se mata y se muere todos los días que para eso es una guerra. Ningún soldado ha recorrido medio mundo para repartir madalenas mientras pone cara de póker. Aquí lo único que se reparten son ‘hostias’ como panes a diario. Hablar de ‘Misión Humanitaria’ o ‘Misión de Paz’ hacer dibujar una sonrisa en el rostro de quienes salen a diario a recorrer los polvorientos caminos de Kandahar o  Helmand. “¿Si es una misión humanitaria por qué nos ponen IED’s en la carretera?”, me responden tras mirarse los unos a los otros incrédulos. Cada cosa tiene su nombre y más en este lado del mundo…  Esto es mucho más serio que una serie de palabras huecas. Aquí no están de broma…

Aquí se lucha contra un enemigo que cada día que pasa es más fuerte y más feroz. Una insurgencia a la que le da igual ocho que ochenta. Les dan igual llevarse por delante soldados de ISAF, policía afgana, soldados del ejército regular o civiles inocentes. No tienen nada que perder… Una insurgencia de rostro ajado por décadas de cruenta guerra y que no parará nunca.

Sería de recibo empezar a llamar a las cosas por su nombre. Quizás así nos iría mejor. Esto es una guerra… y quien diga lo contrario no hace honor a la verdad. Y si no… que eche otro vistazo a las fotografías superiores y que se atreva a ponerle otro nombre. O tal vez un par de semanas con los servicios de evacuación médica le cambien la opinión sobre qué es o deja de ser Afganistán.

Con esta entrada pongo punto y final a esta nueva serie de ‘Crónicas Afganas’. Espero haber estado a la altura de las expectativas y poder volver a recorrer este país dentro de poco… Pero esas serán otras historias. ¡Gracias por leerme!

Un abrazo,

A. Pampliega.


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