La obscenidad de los bancos

29 Sep 2012
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No sé nada de economía. Por ello estoy legitimado para hablar del tema. Los bancos españoles necesitan 59.000 millones de euros para sanearse. Eso quiere decir el engaño que han sido, salvo un par de ellos con base financiera más sólida y por tanto distinto tipo de engaño.

Bien, comprendo que no se puede dejar que los bancos entren en quiebra y caigan. Sería una catástrofe para los cientos de miles de ciudadanos que tienen sus ahorros y fondos depositados en esos bancos, acciones preferentes, hipotecas abusivas, así como para los accionistas, si bien lo de estos últimos no debería importar pues es un riesgo que voluntariamente han asumido jugando en bolsa. Aparte del daño que su caída causaría a la economía general del país, y el descrédito internacional. Aunque bancos extranjeros de mayor potencial han caído y el mundo no se ha hundido.

Hasta aquí, bien. Pero ¿quién paga ese saneamiento o rescate? Dicen que los ingresos de los propios bancos y ayudas públicas. Es decir, y repito, ¿quién? ¿Es de mal pensado o supina ignorancia creer que los pagadores o paganinis serán los ciudadanos comunes y ajenos al drama bancario? Sí, creo que lo pagaremos ustedes y yo. ¡Menudos son los bancos para permitir el sacrificio duro de sus beneficios! Ya arbitrarán fórmulas, que repercutirán en sus clientes. Y lo de las ayudas pública está claro quienes serán los perjudicados, vía inyección gubernamental. Aquí todo lo pagan los ciudadanos; “todos” los ciudadanos, conviene aclarar, no los ciudadanos interesados en el negocio.

Porque uno de los escándalos mayores y ofensa inferida a los ciudadanos de, digámoslo en esa horrible expresión, de a pie, es que los banqueros, los cientos de consejeros espléndidamente retribuidos sobre no se sabe qué méritos más que el de la asistencia, docenas y docenas de ejecutivos y directivos ninguno, ninguno, ha sido, será ya no digo encarcelado, sino ni tan siquiera multado, sancionado; se llevan sus brutales ganancias, indemnizaciones, pensiones y demás bicocas, y pasamos página, habiéndose llevado por delante a miles de desahuciados de sus viviendas por hipotecas abusivas, y a varios miles más de engañados, especialmente ancianos ágrafos, compradores de acciones llamadas preferentes de imposible recuperación y que perdieron su dinero. Pero es que además continuarán siendo unos privilegiados: en un alarde de valor, el Gobierno a lo más que se ha atrevido es a decir y legislar que tales sujetos no podrán cobrar más de ¡600.000 euros anuales!

También hay que resaltar que no crean ustedes que los bancos inyectados, nacionalizados o intervenidos y cebados como cerdos con dinero público pasarán a ser bancos públicos. No, no, se les engorda, se les sanea, se les mima, y cuando vuelvan a estar listos para el atropello y el engaño se los vuelva a echar en el libre comercio del capitalismo tan soez del que los bancos so su más perfecta expresión. Porque, además, todo es de los bancos; no hay negocio, industria, empresa o actividad comercial en la que no estén metidos de modo determinante. TODO ES DE LOS BANCOS, menos la culpa. Y encima los rescatamos.

Pero la más grande obscenidad y culpa reside en los accionistas, que al no ser capaces por comodidad e indolencia de sindicarse o agruparse permiten que alguien con solo el dos o tres por ciento de todas las acciones se convierta en dueño de hecho del banco y de su gestión omnímoda, piensen en el ‘dueño’ del banco que quieran. Ningún negocio en el mundo facilita tal aberración.

Y ya está. A veces lo simple y lo vulgar son la mejor explicación de las cosas que se quieren presentar como enrevesadas y complicadas de entender.

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Gota ETERNA: ¿A qué ninguno de los ocho muertos y cientos de evacuados por las lluvias torrenciales en Murcia, Almería y Málaga era rico? Al menos, dos segundos en su honor.

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Gota SONROJANTE: ¡El Ministerio del Interior condecora al jefe de los antidisturbios de Madrid!

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Gota OBSCENA: El ya tristemente famoso obispo de Alcalá de Henares, Reig Pla, afirma que ‘la revolución sexual está produciendo muertos’. ¿La libertad de expresión, por muy pastor de la iglesia que se sea, permite las calumnias manifiestas?