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Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

La última papeleta de Ibarretxe

30 may 2008
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De las dos preguntas que componen la polémica consulta que pretende convocar Juan José Ibarretxe en Euskadi, la primera ya está contestada y la respuesta a la segunda la conocemos todos. La primera copia casi literalmente la resolución aprobada por el Congreso de los Diputados el 17 de mayo de 2005 con los votos de todos los partidos a excepción del PP. Se pretende apoyar “un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre”. Esa resolución no ha sido derogada. La segunda pregunta tiene algún vértice más complicado. Plantea una negociación de todos los partidos vascos, “sin exclusiones”, para alcanzar “un Acuerdo Democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del Pueblo Vasco y que dicho Acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2010”. Nadie duda que, si se colocaran urnas en las calles de Euskadi, la respuesta a esta cuestión sería mayoritariamente afirmativa. Como nadie duda que sería imposible un acuerdo de todos los partidos “sin exclusiones” antes de 2010. El propio lehendakari sabe que, aunque consiguiera el apoyo del Parlamento vasco con algún voto de la izquierda abertzale, es seguro que el anunciado recurso del Gobierno ante el Tribunal Constitucional impedirá la realización de la consulta. La tozudez de Ibarretxe sólo tiene una explicación electoral. Quizás se trata del último intento del lehendakari por mantener el poder en Euskadi.

Las encuestas

Un alto dirigente socialista vasco explicaba el pasado lunes en privado sin florituras: “El PNV está de los nervios por los resultados catastróficos que tuvo el 9 de marzo y, aunque nunca sean trasladables a unas elecciones autonómicas, lo cierto es que sus encuestas, como las nuestras, les indican que, por primera vez en 30 años, puede salir un lehendakari socialista”. De hecho, poco después de las elecciones generales de marzo, el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, intentó que el propio Zapatero le sacara del apuro. Estaba dispuesto a forzar a Ibarretxe a enterrar su propuesta de consulta si se abrían conversaciones entre Madrid y Vitoria para la negociación de un nuevo Estatuto de autonomía. Pero ni Zapatero ni sus compañeros del PSE tienen el menor interés en soltar una presa como la que se les ha puesto a tiro.

La hoja de ruta de Ibarretxe ha encendido de nuevo la división entre las dos almas que llevan un siglo conviviendo en las filas del PNV. El verano pasado, autonomistas y soberanistas se pusieron de acuerdo para liquidar a Josu Jon Imaz, el dirigente nacionalista más sensato y coherente que se ha conocido en Madrid y a la vez uno de los más contestados en los batzokis de Euskadi. Imaz rebasó con creces lo que en buena parte de la militancia peneuvista se considera la raya del españolismo. Tras la sangría de votos que el PNV sufrió el 9 de marzo, el problema fundamental para unos y otros es decidir la estrategia que les permita conservar el poder que de forma permanente han ostentado en Euskadi. Puesto que la alianza con los socialistas es imposible, han decidido que Ibarretxe siga con su plan a la caza del voto abertzale cansado de la violencia o simplemente dispuesto a ejercer el pragmatismo para impedir una derrota nacionalista. Una vez más, los herederos de Batasuna bajo las siglas del PCTV tienen la llave para que el proyecto de consulta salga adelante en el Parlamento vasco, aunque nunca llegue a celebrarse. De momento, Ibarretxe les ha regalado casi un mes de protagonismo político. No hay más que leer el comunicado emitido ayer por ETA.

Desde el PSE consideran que la estrategia del lehendakari pretende repetir el experimento que otras veces le ha funcionado, pero olvida que la situación hoy es completamente distinta. En lugar de Aznar, que era una fábrica de votos para el nacionalismo, está Zapatero, percibido en Euskadi y en Catalunya como el presidente idóneo para llevar hasta el máximo legal las reivindicaciones autonomistas o federalistas. En lugar de Nicolás Redondo, que consintió el abrazo del oso de Mayor Oreja y dejó a los socialistas vascos diluidos en una opción más centralista que vasca, está Patxi López. Más allá de los dirigentes y las tácticas políticas, está el intento audaz de acabar con el terrorismo por la vía del diálogo dinamitado por ETA sin contemplaciones.  Argumenta Ibarretxe que lo que propone es lo mismo que el PSE negoció en el santuario de Loiola con el PNV y Batasuna. El lehendakari no tiene en cuenta el cambio de escenario. ETA ha vuelto a matar y ni el sentido común ni la “ética” que tanto reivindica permiten seguir jugando una partida en la que además de cartas
reaparecen pistolas.

El navegador de Ibarretxe

29 sep 2007
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Uno de los inventos más rentables en complementos para automóviles es el navegador. Hasta los taxistas, expertos en rechazar cualquier moda inútil impuesta por el marketing, se han apuntado al tom-tom go. El conductor ordena el destino y el artefacto le va indicando la ruta. Si se equivoca en un cruce, la voz mecánica suelta una retahíla de órdenes para devolver al torpe hacia el camino verdadero.

Hace años que el lehendakari puso sobre la mesa su objetivo político. La primera hoja de ruta, el famoso Plan Ibarretxe, recibió el rechazo casi unánime del Congreso de los Diputados y fue devuelto a Vitoria por el camino más rápido. La tregua de ETA y el apoyo explícito del PNV al proceso de paz intentado por José Luis Rodríguez Zapatero aparcaron temporalmente el delicado asunto. Muchos pensaron, desde Madrid, que el tom-tom go constitucional había reconducido a Ibarretxe por el sendero de la legalidad. Su permanente insistencia en la futura convocatoria de una consulta en Euskadi era percibida como la letanía de un señor pesadísimo que constantemente amaga sin llegar a dar. Sin embargo, Ibarretxe desconectó ayer el navegador del Estado y puso fecha a su anunciada consulta.

La propuesta

Si se examina en detalle la intervención del lehendakari, la verdadera novedad de su discurso es precisamente ésa: la fecha concreta para una consulta que no encaja de ningún modo en la legalidad vigente. Por eso lo trascendente desde el punto de vista político es el propio hecho de concretar una fecha y el momento elegido para hacerlo. Porque difícilmente se puede objetar nada a su propuesta de que “el Gobierno español y ETA inicien un proceso de diálogo con el objetivo de lograr el fin definitivo de la violencia, siempre que ETA manifieste previamente su voluntad inequívoca de abandonar el terrorismo”. Parece copiada literalmente de la resolución que aprobó el Congreso de los Diputados en mayo de 2005, con el único voto en contra del PP.

La respuesta inmediata del presidente Zapatero ha sido nítida: “Ibarretxe me va a escuchar”. Y le va a leer de nuevo la Constitución. El lehendakari sabe que el Gobierno está obligado y dispuesto a emplear todos los resortes del Estado para evitar una consulta ilegal. Ni quiere ni puede sostener otra actitud. A cinco meses de las elecciones generales, la explicación del paso dado ayer por Ibarretxe tiene otras aristas.

En primer lugar, el PNV se dirige a su propio público. Después de tres años en los que el Partido Socialista de Euskadi ha ocupado espacios de moderación muy alejados de aquel hermanamiento entre Mayor Oreja y Redondo Terreros, los nacionalistas necesitan forzar al PSE a un discurso más “españolista”. Como ocurre en todas las formaciones políticas, las bases tienden a ser más radicales que los propios líderes. La cúpula del PNV, sin distinción de familias ni tendencias, pretende amarrar y movilizar a su electorado. Se podría barruntar también alguna dosis de venganza por parte de un lehendakari que fue apartado de la almendra de un proceso de paz cuyo protagonismo recayó en Josu Jon Imaz, hoy retirado de la escena por necesidades del guión interno del PNV.

Lo cierto es que el segundo órdago de Ibarretxe se presenta justo cuando el Gobierno y el PSOE estaban volcados, por primera vez en la legislatura, en la labor de vender los avances conseguidos. Zapatero había ajustado su tom-tom go a la ruta de las medidas sociales, los planes de vivienda, las ayudas a la educación… Los dos grandes ejes de oposición del Partido Popular, la “rendición ante ETA” y la “ruptura de España”, habían quedado difuminados. La bomba de la T-4 y las numerosas operaciones antiterroristas desvelaron la falsedad del primero, mientras la irritación catalana con el resultado final del Estatut no parece confirmar el segundo.

El PP se había visto obligado a variar los mimbres de su discurso. Los estrategas de la calle Génova habían puesto la lupa en los supuestos nubarrones de la economía o en la quema de banderas como argumentarios de precampaña. Pero no les resultaba fácil en los últimos meses recuperar la iniciativa política.

Los efectos

Y en esto llegó Ibarretxe con su segundo Plan, tan útil para calentar los ánimos de sus propias filas como para renovar la artillería del Partido Popular. ¿Quién dijo que España no se rompe? Pues aquí está el lehendakari con un ultimátum para que Zapatero acepte el “derecho a decidir” de los vascos.

Mariano Rajoy ya ha definido la propuesta como un “desafío al Estado”. La verdad es que el PP ha empleado esos términos tantas veces con tan escaso fundamento que ahora resulta complejo encontrar el término adecuado para definir el verdadero “desafío”.
A cinco meses de la cita con las urnas, Ibarretxe puede obligar al PSOE a variar su navegador electoral. No es que lo tuviera fácil anteayer. Todos los pronósticos rondan el empate, pero se había instalado en el ambiente una sensación clara de que los peores trances de la legislatura para Zapatero ya estaban superados. Ahora se trataba de hablarle al electorado de las cosas de comer. Y la capacidad de convencer es alta en este terreno cuando se dispone  del Boletín Oficial del Estado o de los Presupuestos Generales.

No es extraño que en el entorno del PP se respirara ayer cierta euforia. Por mucho que tantas voces insistan en que la batalla electoral se juega en el centro, lo cierto es que la llave final tiene mucho más que ver con la abstención. El PNV pretende movilizar a los suyos, y con el golpe de efecto que Ibarretxe lanzó ayer, puede que consiga de paso despertar los fantasmas que tanto nos han entretenido en los últimos tres años.
Sin haberlo previsto, el PP puede volver a recargar las perjudicadas baterías de la indignación generalizada. Desde los tiempos en que Xabier Arzalluz y Álvarez-Cascos se citaban en el restaurante burgalés de Las Landas, no se recordaba mayores favores del nacionalismo vasco a la derecha. Sorpresas que dan los navegadores.