Del 6M a La Ingobernable

06 May 2017
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Emmanuel Rodríguez (@emmanuelrog)

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Madrid, pinacoteca de relevancia internacional, ciudad de noches alegres y capital del world pride. Ciudad global y de un turismo emergente. Y sin embargo una ciudad cada vez más anodina y muerta, dirigida al ocio enlatado para el ejército de maletas con rueditas que día tras día salen del aeropuerto con dirección al centro.

Contrastes agudos de la capital (después de Atenas) con mayor desigualdad de la Unión Europea. 200.000 viviendas con ninguna ocupación (siquiera estacional) y cerca de un millar de desahucios al mes. Salarios millonarios de un puñado de consejeros y ejecutivos de grandes empresas y el 40 % de sus trabajadores que no alcanza los 900 euros mensuales. Casi medio millón de estudiantes universitarios y un 25 % de jóvenes que no titula la ESO. Centros médicos privados de última generación y una atención primaria low cost. Urbanizaciones con pisos que superan el millón de euros y barrios cochambrosos en los que el abandono público se manifiesta en la suciedad de las calles e instalaciones que se caen a pedazos.

En la mañana de este sábado 6 de mayo, una manifestación variopinta atravesó el centro de la ciudad para reclamar “Madrid no se vende”. La convocaban aquellos que han perdido relevancia en los tiempos de la “nueva política”, pero sin los cuales no hubiera existido ni el 15M, ni Podemos: centros sociales, colectivos ecologistas, vecinales, haste una veintena de organizaciones sociales que tratan hacer de Madrid una ciudad “que merezca ser vivida”, una ciudad con el único protagonismo de sus ciudadanos.

Salían a la calle para expresar malestares. Y también para algo más. En un gesto que no es de reivindicación, ni de demanda, sino de experimentación y propuesta, la manifestación terminó con fortuna en la okupación de un amplio edificio. Hoy 6 de mayo se ha abierto el Centro Social La Ingobernable (@CS_Ingobernable).

La okupacion de este espacio repesenta un doble acto. De una parte, es la crítica práctica de la ciudad espectáculo, siempre asociada a oscuros negocios. El edificio de la calle Gobernador 39 fue sede universitaria y luego centro de salud, hasta que en 2014 fue entregado por la administración Botella a una star de la arquitectura, Emilio Ambasz. El espacio fue donado sin contrapartida, con una promesa vaporosa: abrir un museo de diseño y arquitectura. Un proyecto que en última instancia sólo se puede entender por la amistad del arquitecto con Jose María Aznar.

De otra parte, el Centro Social La Ingobernable es algo material y positivo. Abrir un centro social es crear un espacio vivo. Un centro social es una realidad que no espera a la administración, que de hecho no la necesita para nada. Es la sociedad civil en su mejor versión: implica dar un nuevo empleo a una instalación abandonada, aprovechar una riqueza social que a veces no tiene más uso que el de la especulación o la corrupción. En un cento social pueden convivir desde bibliotecas hasta clases gratuitas de acompañamiento escolar, desde asesorías de la PAH hasta comedores populares. Y todo ello sin intervención del Estado y sin coste para el contribuyente, como resultado de la pura iniciativa ciudadana.

Gobernador 39 es propiedad del Ayuntamiento de Madrid. A una administración tan vacilante como la de Ahora Madrid se le plantea una difícil alternativa. O bien se inclina por el desalojo (directo o disimulado, con alguna promesa de reubicación), lo que está en línea con el hecho de que Madrid siga siendo la ciudad del turismo y del relanzamiento del ciclo inmobiliario. Se trataría entonces de una política congruente con la facilitación de la operación Canalejas, la aprobación de la Quinta Torre de Villar Mir o la última votación a favor de la conversión en pisos turísticos de lo que fuera el último local de otro centro social (El Patio Maravillas) en la calle Divino Pastor. O bien, en otra dirección, acepta aquello a lo que nunca debió renunciar como “Ayuntamiento del cambio”: que Gobernador 39 va a ser un centro social de gestión ciudadana, un espacio que se va a mantener vivo precisamente porque la administración ni puede ni debe darle permiso. Porque en este centro social varias docenas de colectivos van a iniciar sus propias actividades, haciendo lo que ningún gobierno puede hacer: generar ciudadanía activa, la única que funda la democracia.

Esperemos que esta vez el Ayuntamiento elija bien.


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