La política no va sobre ruedas

Ruido. Mucho, mucho ruido. El estribillo de la canción de Pedro Guerra encaja a la perfección con lo que vivimos ayer y el polémico Tramabús de Podemos. Ruido por todas las partes, porque el que no llora no mama, porque el que no grita no sale en la foto. Y entre tanto ruido, los intereses de la ciudadanía, más silenciados.

¿Qué consiguió el tramabús? En realidad nada más que realizar un ejercicio de propaganda política que no aportó gran cosa, que no reveló nada que no hayamos revelado previamente los medios de comunicación. Con una estética que recuerda al original juego de mesa El Tesorero, de Rafael Conde y Miguel Rejas, el tramabús busca poner nombre a las familias que, según ellos, han saqueado España.

Un ejercicio que, salvo que aporte datos nuevos, tan sólo servirá para amplificar aún más informaciones que ya ha publicado la prensa. En cierto modo, es un acto más de esos a los que nos tienen acostumbrados los partidos políticos, con los que únicamente consiguen reafirmar a sus fieles pero que captan poca atención adicional, pocas simpatías, incluso.

La política se ha convertido en espectáculo y no marcha sobre ruedas, sencillamente, porque no va a bordo de ese tramabús, ni se encuentra en las huecas intervenciones en el Congreso de buena parte de los partidos, ni en sus tuits, ni en sus declaraciones en forma de titulares estudiados al milímetro que los medios replicamos como papagayos con demasiada frencuencia.

Ha hecho falta la llegada de esa política espectáculo para llegar a más gente, a toda esa que se calificaba como apolítica y que hoy, buena parte de ella, despotrica en redes sociales con tanta base argumental como l@s polític@s que ahora idolatran. Ha sido un error, porque en lugar de seguir el juego a esta sociedad mediatizada donde la apariencia lo es todo, en vez de caer en esa política espectáculo llevada a la televisión y las redes sociales, habría que haberse preguntado el porqué de la desafección política y atajarlo de raíz, no parchearlo con propaganda.

Felipe González

Por otro lado, me hizo gracia ver cómo el PSOE en bloque se revolvió ante el hecho de que apareciera la figura de Felipe González en el tramabús. ¿Qué podíamos esperar? En plena campaña de Primarias socialistas, a ver quién era el/la temerari@ que se atrevía a criticar al icono socialista que, hoy más que nunca, representa a lo que se ha convertido el partido.

Quieran o no los tod@s l@s que ayer defendían a González, éste pasará a la Historia de España por ser quien, junto con su ministro Carlos Solchaga, desmanteló la Industria española, algo que tienden a olvidar l@s mandamases de ese PSOE que nos sumergió de cabeza en ser un país de sol y playa.

González, además, pasará a la Historia, no sólo de España, sino del mundo, por haber sido el presidente de una democracia bajo cuyo mandato se produjo el más oscuro y terrible episodio de terrorismo de Estado (GAL) que se ha padecido en Europa en las últimas décadas. Que sucediera esto delante de sus narices sin que ni siquiera se lo oliera, como siempre ha afirmado, debería avergonzar a toda la familia socialista, especialmente a esos que cada vez que oyen hablar del GAL piden respeto para el PSOE.

Por otro lado, y más relacionado aún con el tramabús, no podemos olvidar las puertas giratorias de González, los 127.000 euros euros que se embolsó durante cinco años de Gas Natural Fenosa mientras, por ejemplo, no le oímos jamás cargar contra la pobreza energética. Menudo ejemplo para el socialismo el de este expresidente que también ha colaborado con el magnate mexicano Carlos Slim.

Al mismo tiempo y, por concluir, no podemos pasar por alto a su mujer, una empresaria a la que salpicaron de pleno los Papeles de Panamá porque desde 2004 gestiona una cuenta en Suiza a través de una sociedad sociedad radicada en Niue (isla del Pacífico Sur) y diseñada por el bufete Mossack Fonseca. No podemos criticar a la infanta Cristina o a Ana Mato cuando declaran ante sede judicial que desconocían las finanzas de sus parejas y, en cambio, consentírselo a González. Utilicemos el mismo rasero, ¿no? Si el volátil Antonio Hernando afeó en su día a Mato que se hiciera la “olvidadiza” con el dinero y los regalos a su exmarido Jesús Sepúlveda, ¿por qué va a ser diferente con González? Pues eso.