Gano 5.500 euros pero lucho contra la pobreza

Hoy es el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza o, dicho de otro modo, Día Internacional de la Hipocresía Política, pues sus representantes no desaprovecharán la ocasión para realizar algún anuncio o declaración que les erija como luchadores contra la exclusión.

Bien. Permítanme esta reflexión. Imaginen que una persona cobra todos los meses unos 3.000 euros de sueldo fijo, procedente de dinero público. A esa cantidad, es preciso sumar hasta 2.500 euros más en concepto de indemnizaciones por desplazamiento. Así las llama esta persona, ‘indemnizaciones’, mientras que en nuestro lenguaje de gente de a pie las llamaríamos ‘dietas’.

La nomenclatura no es la única diferencia existente: mientras la gente trabajadora tiene que justificar al céntimo y con recibos sus dietas para que sean reembolsadas, las indemnizaciones no requieren ninguna justificación. Además, y esta es muy buena, esas indemnizaciones se cobran hasta los meses en los que ‘la empresa’ está cerrada, es decir, en enero y agosto.

Apuesto a que cualquiera de ustedes les gustaría ese trabajo con una remuneración tan golosa que, además, se ve completada con ordenador portátil o tableta digital, teléfono móvil y conectividad de datos gratis. Pues no una ficción, es una realidad y, de hecho, es lo que cobran los parlamentarios de la Junta de Andalucía. Lo lleva denunciando la diputada de Podemos, Teresa Rodríguez, desde el inicio de la legislatura.

“¡Dejénme cobrar menos!”, pidió a principios de este mes, cuando consiguió al fin llevar a Pleno una moción para la modificación del reglamento de la Cámara con la intención de aplicar un tijeretazo social a estos sueldos. PSOE, PP y Ciudadanos no lo permitieron porque, de hecho, son los mismos partidos que este mismo mes de julio se aprobaron para sí mismos una subida de sueldo.

Esta tríada de partidos no sólo blindaron sus privilegios, sino que contraatacaron para ocultar su mezquindad. Reprocharon a Rodríguez que ella no renuncie a ese sueldo, sugiriendo algo así como “si le supone un problema cobrar casi un millón de las antiguas pesetas al mes, renuncie a ello, pero a nosotros déjenos que nos lo llevemos calentito”. No dijeron, no sea que salga en los medios de comunicación, que, por ejemplo, el sobrante de dietas de abril y mayo de los diputados de Podemos que no quieren estos privilegios han ido a parar a la ONG Educo (casi 14.500 euros en total) para pagar comedores escolares en verano. Es sólo un ejemplo de las donaciones a ONG que hace la formación morada.

Otra recriminación a Rodríguez fue que lo presentara en una moción de un partido, en lugar de haberse sentado a consensuar con todos los partidos las nuevas condiciones de sueldos propuestas. Acompañando a ese reproche tampoco estuvo el hecho de que esa moción está intentando ser debatida desde el inicio de legislatura o que partidos como PP o PSOE, tan perennes en las instituciones -por no decir cronificados- no lideren este tipo de iniciativas que dignificaría a una clase política tan desprestigiada.

Hay muchos tipos de corrupción y, desde mi punto de vista, este esquema de salarios en la Junta de Andalucía es uno de ellos. Corrompe el sentido de vocación de servicio público, es reflejo de la ruindad de muchas de las personas que ocupan esos escaños, ilustra el régimen de privilegios que termina por hacer que nuestros representantes políticos pierdan el contacto con la realidad que tendrían que gestionar.

Sólo el gasto anual en esas indemnizaciones por traslados supera el 1,5 millones de euros; imaginen la cantidad de proyectos para contribuir a la erradicación de la pobreza podrían llevarse a cabo. En su lugar, servirán para que es@s polític@s con sueldos astronómicos se muevan por Andalucía desplegando su cinismo, su hipocresía y se codeen con las empresas que generan pobreza y con las ONG que viven de ella.