La solidaridad impostada en Navidad

Llega la Navidad y, de repente, todo el mundo es bueno. Para unos, eso es parte de la magia de la Navidad; para otros, entre los que me incluyo, una muestra más de esa solidaridad impostada que me revuelve las tripas. En el caso de los católicos (permítanme este breve apunte), me las revuelven doblemente, porque aquellos que caen en esa hipocresía lo hacen por parte doble: en primer lugar, porque cualquier persona honesta no actuaría de ese modo y, en segundo, porque además la religión que tanto defiende (normalmente no la profesan tanto) tampoco lo aprueba.

Una de las primeras pruebas palpables de esta solidaridad impostada la encontramos a un mes de que llegue realmente la Navidad: los alumbrados navideños. Madrid gastará casi 3 millones de euros, Málaga casi un millón…  y las masas aborregadas, en lugar de criticarlas, acudirán en masa hiponotizadas por los destellos al presenciar con la boca abierta los destellos.

En algún rincón de España, bien oculto para nuestras conciencias de continuo y absolutamente enterrado en estas fechas, rozando los 5 millones de personas, hay quien tiene también la boca abierta, pero para para comprobar el vaho que sale de sus entrañas dentro de su propia casa. Ese es algo más del 10% de españoles y españolas que sufren la pobreza energética y que, mientras grandes y pequeñas ciudades encienden millones de bombillas, ell@s no tienen para calentarse en el mejor de los casos… en el peor, ni para cocinar.

Incluso asumido que somos víctimas del capitalismo y comprada la idea de que las luces fomentan las compras navideñas, nunca he entendido qué mecanismos mentales activan las bombillitas en nuestros cerebros a las 2 de la mañana un martes, mientras estamos dormidos y, las calles vacías son iluminadas con campanitas sin badajo y acebo de colores radioactivos. Tampoco nunca nadie me lo ha sabido explicar…

A este dispendio injustificado que supone un escupitajo a la cara de todas esas familias víctimas de la pobreza -quítemosle la etiqueta de ‘energética’, como si en otras facetas no fuera pobres-, se suma otra derivada. Debido a los efectos del clima que nosotr@s mism@s hemos provocado y a la nefasta política energética tanto de PSOE como de PP, el precio de la luz está por las nubes.

¿Qué significa esto? Sencillo, que incluso los Ayuntamientos con las arcas municipales absolutamente arruinadas, gastan miles de euros en el alumbrado navideño -muchas veces sin un euro de apoyo de esos empresarios a los que beneficia-. Se trata de Consistorios que ha recortado en políticas sociales, que han cercenado sus políticas de juventud o en los que la cultura ocupa un lugar residual.

Cada vez que se digan ‘vamos a ver las luces al centro’, no retiren la mirada del mendigo acurrucado en la esquina , con los pies envueltos en papel de periódico.  Ambos hechos guardan mucha más relación de la que ustedes que creen… o quieren creer.