Franco estaría orgulloso del Tribunal Constitucional

David Bollero

Hoy hemos conocido por la Cadena SER que, salvo sorpresas, mañana se confirmará que el Estado español continúa dando pasos firmes para estar más cerca del régimen franquista que de una verdadera democracia. Para quienes vivieron los años de la dictadura, esta afirmación les puede parecer una aberración, pero es preciso apuntar que indico que avanzamos hacia ella, no que ya lo estemos… aún.

Sin embargo, el modo en que se están recortando las libertades civiles, cómo se pisotean derechos constitucionales como el derecho a una vivienda digna (para favorecer a la banca) o la libertad de expresión (para favorecer a una élite, como la Corona), debería ponernos en guardia. Mañana, seguramente ese mal llamado Tribunal Constitucional (TC) -como si de veras impartiera Justicia cuando, en realidad, impone ideología- avalará que el Estado español pague con dinero público la segregación en las escuelas.

¿Qué sentido tiene educar por separado a niños y niñas? Se lo diré yo: ninguno, más que perpetuar un sistema patriarcal que, como hemos visto con los actos del 8M, tanto apoyan PP y Ciudadanos. Privar a nuestr@s jovenes del contacto con la realidad, porque eso es lo que sucede con la segregación, es educar mal y, gracias a la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), la ley Wert, a partir de mañana no sólo sucederá en España, sino que lo pagaremos con nuestros impuestos gracias al TC.

No sólo eso, sino que la religión continuará siendo una asignatura que puntúe para el expediente escolar, a pesar de que ya en su día numerosos colectivos religiosos se opusieron a ello -com otambién a la segregación-. Es una auténtica vergüenza y un despropósito para nuestra democracia, para la Constitución, que se pisotee cada dos por tres la aconfesionalidad del Estado.

Por si esto no fuera poco, el TC también avalará la segregación a los estudiantes en “itinerarios académicos”, lo que discriminará a alumnos por contar con peor expediente académico, obviando aspectos tan importantes como la capacidad o el esfuerzo, entre muchos otros.

Franco estaría orgulloso de este Gobierno y del TC, de cómo se tiene la desfachatez de, incluso, incorporar al temario de Primaria el pasodoble ‘La banderita, ese cuya letra reza “el día que yo me muera si estoy lejos de mi patria, solo quiero que me cubran con la bandera de España”. Esa bandera tan devaluada, precisamente por quienes más la defienden, que a mí, personalmente, no me sirve ni para limpiarme el trasero.

El hartazgo ante tanto facherío casposo es ya insoportable. Lo vemos en todos los ámbitos del Estado, gracias a que desde el ámbito judicial y el Gobierno se impulsan políticas que Franco aplaudiría al grito de “¡Arriba España!”. Va siendo hora de levantarse, de alzarse contra un Gobierno represor, una Corona ilegítima desde cualquier óptica democrática, contra una Iglesia Católica ventajista y mezquina.

Movimientos como el que veremos mañana por parte del TC, que incluso recorta derechos de las AMPAs, no hace más que radicalizar nuestras acciones, que no las posturas. Las posturas no se radicalizan, porque la defensa de la libertad y la democracia no tiene grados: o se defiende o no se defiende. Sí se radicalizan, en cambio, las acciones y por muchas condenas, por más represión que ejerza este Estado, por la que los organismos internacionales ya han sentido vergüenza ajena, por más presos políticos que haya -porque eso implica, por ejemplo, la sentencia a Pablo Hasel– el miedo no cambiará de bando. Y el miedo, ahora, está en el lado de los represores, por eso se revuelven. Hagamos que el terror que sueñan generarnos vaya en su contra y acabemos de una vez por todas con quienes tanto añoran un régimen que no estamos dispuestos siquiera a ver de lejos.