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Opinión a fondo

Los retos contra la pobreza

16 Ene 2010
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GORDON BROWN

01-16.jpgCrisis impredecibles como la catástrofe de Haití de esta semana demuestran una vez más la fragilidad de la vida en nuestro planeta, pero también el instinto humano de ayuda a aquellos que lo necesitan.
La primera década de este milenio fue sorprendente en cuanto a que las preocupaciones sobre la pobreza mundial llegaron por fin a los titulares y captaron la atención de políticos y el público en general.
En los años inmediatamente posteriores al importantísimo acuerdo sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se realizaron grandes avances y se respiraba un gran optimismo.
Ahora, una convergencia de crisis (la de los mercados financieros globales y la del cambio climático) amenaza con invertir los logros recientes y finalizar una era de progreso que acababa de comenzar.
Para los países pobres, la crisis del cambio climático no es un problema abstracto que se mide en términos de generaciones futuras, sino una realidad cruda, apremiante y peligrosa.
Las catástrofes ecológicas matan ya a 1.000 personas cada día.
Se avecina una nueva emergencia de hambruna.
Mientras que la crisis del cambio climático ha ido haciendo mella lentamente, los efectos de la crisis financiera han sido tan repentinos
como severos.
Sin ánimo de minimizar el sufrimiento que la recesión mundial ha causado entre las familias de los países ricos, no hay margen de duda al afirmar que, en los países pobres, la crisis ha sido la diferencia entre la vida y la muerte.
Las consecuencias en estos últimos, perdurarán largamente tras la recuperación de las economías desarrolladas.
Hasta ahora, las pérdidas del comercio y la reducción de los ingresos han supuesto la retirada de miles de millones de libras de financiación para escuelas y hospitales.
Hablando en cifras, clara y llanamente, se estima que morirán 400.000 niños más al año y que millones de ellos, en edad escolar, crecerán sin haber aprendido a leer y escribir.
Por tanto, y con dos retos simultáneos y peliagudos que superar, los 12 meses próximos de 2010 serán, a mi entender, tan decisivos como los últimos diez años de la pasada década.
Nuestro empeño y nuestros esfuerzos deben enfocarse a cumplir nuestras promesas y buscar nuevas respuestas ante el cambio climático, así como a superar las dificultades económicas que podrían llevar a la pobreza y a la desesperación permanente a cientos de millones de personas.
En primer lugar, debemos persistir en el propósito de hacer que la pobreza pase a la historia. Gran Bretaña no sólo mantendrá su compromiso de ayuda en 2010, sino que lo incrementará.
Por eso, Reino Unido prepara actualmente leyes que le harán el primer país del mundo en dar garantías permanentes con el objetivo de alcanzar y mantener el 0,7% establecido por Naciones Unidas.
El resto de países deberán ser igualmente fieles a sus promesas; es de crucial importancia que garanticen que los fondos adicionales, urgentes y necesarios para equipar a los países en desarrollo con el fin de que estos sean capaces de adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático, no saldrán de los presupuestos de ayuda.
Por supuesto, la ayuda por sí sola no constituye la solución total, pero con la disminución de los ingresos y el aumento de la demanda de servicios en los países en desarrollo, la ayuda puede desempeñar una función inestimable en el mantenimiento de escuelas y hospitales y en la provisión de una red de seguridad vital para los más desfavorecidos.
En las últimas semanas hemos visto en África el comienzo de un movimiento para abolir los honorarios que pagan los pacientes y crear un servicio de atención sanitaria similar al británico. Debemos apoyar estos esfuerzos que ofrecen esperanza a millones.
Los terribles acontecimientos en Haití esta semana nos recuerdan la necesidad de ayuda humanitaria para salvar vidas en emergencias, más allá de la ayuda al desarrollo. Reino Unido ya ha enviado grupos de especialistas y ha comprometido seis millones de libras esterlinas para iniciar la ayuda humanitaria. Somos conscientes de que será mucho más necesario cuando pasemos del auxilio a la recuperación.
En segundo lugar, debemos buscar fuentes de financiación innovadoras. Hasta ahora, hemos generado miles de millones de libras con la venta de bonos y las donaciones públicas, pero estoy convencido que de que es viable y posible obtener más.
El Fondo Monetario Internacional, por ejemplo, está estudiando la forma en que el sector financiero podría contribuir en mayor medida al pago de las cargas de la intervención gubernamental, incluyendo un impuesto a las transacciones financieras que supondría ingresos significativos si se consiguieran conciliar todos los pormenores.
En tercer lugar, debemos asegurarnos de que los países en desarrollo no sólo gestionen la crisis, sino que inviertan en el futuro. Tal y como ocurre en Reino Unido, invertir en educación es crucial para el crecimiento en el futuro. Por eso ,el presidente Zapatero y yo trabajaremos con Sepp
Blatter, de la FIFA, y con el presidente Zuma, de Sudáfrica, quienes se han comprometido, a través de la campaña 1GOL, a hacer de la educación para todos el legado del primer mundial de fútbol en África.
En cuarto lugar, debemos alentar la capacidad de los países en desarrollo de salir de la pobreza por sus propios medios. Existen, a través del G-20, nuevas oportunidades para aspirar a un crecimiento verdaderamente global, que incluya y beneficie a los países de rentas bajas.
Para este año, contamos con todos los medios internacionales que podamos desear para forjar el progreso y responder a las promesas que hicimos en Gleneagles en el cénit de la campaña Haz que la pobreza sea historia.
De crucial relevancia se presenta la Cumbre Mundial de la ONU en septiembre, de la cual el presidente Zapatero ha hecho una prioridad para el desarrollo de la presidencia europea.
Para cobrar impulso, necesitamos alcanzar pronto una determinación política del más alto nivel en este nuevo año. 2010 supondrá una prueba de la preocupación a nivel mundial por los más pobres y de su confianza en nosotros. Por conciencia y por propio interés, por el bien de ellos y por el bien nuestro, no podemos fallar. Debemos actuar ahora para devolverle al mundo entero su futuro y su esperanza.

Gordon Brown es primer Ministro del Reino Unido

Ilustración de Patrick Thomas


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