Cifuentes se confunde

Jorge Moruno

Sociólogo y escritor

Jorge Moruno
Sociólogo y escritor

Cristina Cifuentes ha entrado con mal pié en el 2018. Primero se “confundió” cuando pensó que saldría beneficiada creando una falsa polémica donde no la había. Consideró oportuno (junto con Ciudadanos) alzarse en medios contra lo que consideraban una “desnaturalización de las navidades”, esto es, la aparición pública de unos transexuales vestidos de animales en una carroza por la igualdad y la diversidad en la cabalgata de Vallecas. El espíritu que subyace semejante motivación recuerda a lo que sentía el presidente Eisenhower, que ante la sentencia de 1954 donde se declaraba anticonstitucional la segregación en las escuelas, comprendía a aquellos padres que no querían que sus hijas “hubiesen de sentarse en la escuela al lado de algún negrazo.”

Cifuentes también arrastra problemas que se han agravado con el inicio del año. Los alcaldes exigen soluciones a los constantes y persistentes problemas que sufre el sistema nervioso de Madrid: los trenes de Cercanías. Colapsos en Atocha y Sol, fallos, estaciones obsoletas, así como escaleras eternamente paradas y retrasos, son el pan de cada día para miles de personas. Solo en la línea C-3 se han registrado 300 incidencias en 2017 y se cuentan más de una avería al día en los trenes de Madrid. Los usuarios se quejan de recibir un servicio «tercermundista».

¿Qué es lo que ofrece Cifuentes? Básicamente fe. Cifuentes espera y apela, a que Fomento decida hacer algo, es decir, su apuesta es quedarse esperando a Godot. Además, existe un problema añadido que no es un detalle: la mala relación personal entre el Ministro de Fomento y la Presidenta de la Comunidad de Madrid, entorpece una posible solución y tiene como consecuencia el perjuicio a los madrileños. Aunque su financiación ha sido siempre desplazada como algo secundario, los trenes de Cercanías son la base de la movilidad y los equilibrios regionales, que necesitan mejorarse en lugar de oxidarse: desde 2007 Madrid ha perdido 140 millones de euros en el mantenimiento y mejora de la infraestructura y servicios ferroviarios.

No sale de un charco que se mete en otro. Primero se “distrajo” con las cuentas de la Ciudad de la Justicia y ahora nos enteramos de que se le han “traspapelado” las actas de las reuniones del Canal de Isabel II. Todo en orden. Pero Cifuentes siempre vela por el bienestar general, e igual que no tiene ningún problema en ampliar un 30% la frecuencia del metro para el Black Friday, que se niega a hacerlo cuando se trata de la contaminación. Lo mismo que Madrid invierte en educación por alumno la mitad que Euskadi, que aumenta el presupuesto a los colegios concertados. En 2016, uno de cada dos euros gastados en Sanidad fueron a parar a  financiar la sanidad privada, mientras que en 2017 el Sistema Madrileño de Salud vio reducida su partida en 300 millones de euros. Si Aguirre hundió a Telemadrid, Cifuentes hace lo propio con la Atención Primaria. En el PP, lo mismo que en su día votan en contra de la Constitución del 78, que hoy se presentan como sus más ortodoxos defensores, del igual modo que se niegan a retirar una placa en homenaje a la legión Cóndor, que luego llaman nazis a las plataformas anti-desahucios. Cuestión de prioridades, hechos, no palabras. Gallardón también parecía “el progre del PP” y mira tú como acabó.