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Opinión a fondo

El otro muro

13 Nov 2008
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VICTOR SAMPEDRO

11-13.jpgEste día 15 saltan el muro. No el de Palestina, ni el de Ceuta, que también pudiera ser. Pero los jóvenes que se autoconvocan este sábado ya han gritado contra esos muros hasta enronquecer. Como sus padres y tíos hace décadas, corearán “Abajo los muros de las prisiones”. Se sienten (y nos saben) presos de un consumo y desarrollismo suicidas. Este sábado, cuando el G-21 se reúna, van a exigirle que se disuelva. A ellos van a intentar “disolverlos” en las sentadas que se harán a las 17:00 en las plazas de toda España. Saltarán de la Red a la calle, sin red. Y lo celebrarán por todo lo alto, arrojándose sobre el muro que han socavado y que sienten (parecieran los únicos) hundirse: el de Wall Street. La llamada es global, apoyada incluso por los cristianos de base de los cinco continentes (http://globaljusticeaction.wordpress.com)
Tras caer el Muro de Berlín, sus padres corrieron a coleccionar trozos, dejándoles como única herencia ideológica eso: ruinas, su derrumbe. Entonces, en 1989 –cuando también arrancó la insumisión a la mili– muchos estaban aún en la cuna. Diez años más tarde vieron a sus primos mayores invadir Seattle, coaligados con los sin rostro del Sur. Bajo el pasamontañas de Marcos fueron altermundistas: el rostro de la globalización anticapitalista, dispuesto a no ofrecer la otra mejilla. Les llamaron antimodernos y primitivistas. Ahora el indigenismo ocupa cargos de gobierno en América Latina y pone a la multinacional de papá firme. Y la verdadera violencia de México se destapa como narcopolítica y narcopolicía… la cinta snuff del capitalismo, de la que nadie quiso saber cuando se filmaba.

Contracumbre tras contracumbre, en escalada de alto riesgo, acorralaron al G-8. Hasta que mató a Carlo Giuliano. Le llamaron turista revolucionario (los mismos que coleccionaban piedras del muro). Quizás se referían a su falta de ganas de dar o quitar la vida por ninguna revolución pendiente. En la Barcelona anti-FMI (2001) les enviaron cazabombarderos, no fuese a ocurrir (sic.) “otro 11-S en la Sagrada Familia”. Para sus familiares fachas son (filo)terroristas, batasunos de Nunca Máis en vacaciones permanentes, incluso cuando recogían fuel en pleno invierno. Y con esa etiqueta van a ser (ya fueron) pinchados, fichados, apaleados y encarcelados.

Porque son antisistema. Igual que papá y sus amigos frente a los grises; antes de que hipotecasen sus vidas coloreándolas sólo de gris cemento: el adosado y la casa en la playa. Les acusaron de no irse nunca de casa, pero llevan tiempo buscando otro mundo posible. Les dicen que esto es lo que hay. Y si no quieres: dos tazas. Pero son listos, les ven venir. Denuncian el chocolate del loro, el café para todos de las ayudas de alquiler y las moratorias de pago bancario. Ellos escriben en los blogs, no venden su voto ni garantizan con sus impuestos más plusvalías bancarias. Dos tazas no dan para tantas bocas. Exigen que nos repartamos el pastel. No las pérdidas, sino los beneficios amasados. Ya han pillado parte, como Enric Durán, el insumiso bancario, el del medio millón de euros “expropiado” y socializado para esta lucha desde abajo. Ahora proponen una huelga de usuarios de bancos (www.17-s.info).

Crecieron soñando ser cooperantes y, aunque apaleados a las puertas del Congreso, arrancaron el 0,7% que la socialdemocracia oficial enarbola ahora como su pin internacionalista más preciado. Reivindicaron vivir en Porto Alegre (ningún nombre tan apropiado para una ciudad globalizada) donde el presupuesto fuese participativo. Exigen, una vez más, tomar parte. Porque ven a Lula en el G-21 y temen que haga lo de Bono (el de U2) en Génova (la de Berlusconi): pedir calma, prometer más comida y retrovirales a cambio de más “ajustes estructurales”. Como ante la deuda externa de los países en vías de desarrollo, preguntan ahora lo mismo, directo a la estructura: “¿Quién debe a quién?”. Estos insumisos se mofan de la Séptima Flota en las bases y de la séptima potencia mundial que, como poso posfranquista que es, se sigue esgrimiendo a título de orgullo. No son paletos encandilados por el espectro Obama-Eisenhower. Saben que el New Deal no fue concedido, sino conquistado. Que los Estados de Bienestar, siempre incompletos, sobrevivieron mientras hubo un Telón de Acero y que, desde su caída, los muros de la vergüenza no han hecho más que multiplicarse.

Estos chicos vuelan alto, se lo saltan todo. Ascendieron las más altas contracumbres, hasta que Davos, el FMI, el BM y la OCDE se hicieron casi clandestinos: lo propio de los negocios sucios, enfrentados con la estrategia de los cazavampiros. Lo aprendieron de Chiapas: el Mal Gobierno, el chupasangre, muere a plena luz. Ahora los e-especuladores, los consultores de las cajas B y los paraísos fiscales, los proteccionistas del librecambismo, los trileros de las finanzas, prometen luz y taquígrafos. Alumbrarán un “nuevo” sistema económico, regido por (sus) valores y moral. Pero las multitudes en las calles les harán parecer viejas parteras.

No es la primera vez que ocurre. Pasó con la insumisión antimilitarista, las fosas del franquismo, el 13-M y la V de Vivienda, que convirtió las dos últimas elecciones en un debate sobre especulación (autonómicas de 2006) y el derecho a techo (las generales de 2007). No permitieron que les secuestrasen en los cuarteles. No dejaron que les robasen sus primer voto, ni que les comprasen el último. Han desenterrado a sus (bis)abuelos y tomado su testigo. Han denunciado el cordón umbilical de la clase política (pos)franquista: el ladrillo. Ahora siguen, ni más ni menos, como siempre, contra el sistema y su locura.

Victor Sampedro es catedrático de Comunicación

Ilustración de Gallardo


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