El dedo en la llaga

El día a día de Javier Ortiz

Un triste consejo

15 Nov 2007
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Me telefonea mi buen amigo Gervasio Guzmán. “Quiero pedirte consejo”, me dice.

La experiencia me ha demostrado que Gervasio no suele buscar consejos, sino ratificaciones. Cuando ha tomado una determinación importante, le reconforta que la gente que aprecia le diga que ha obrado bien.

No se lo reprocho. Hasta cierto punto me halaga. Mucho peor es lo de su prima Ethel –natural de Cuenca, como su nombre indica–, que tiene la fea costumbre de consultarme sus decisiones para ratificar que ha hecho bien… optando por lo opuesto. Si yo le digo que lo peor que podría hacer como periodista regional, una vez descartada la posibilidad de trabajar para el agreste PP de su tierra, es servir a los seudosociatas manchegos meapilas, ella se les ofrece de inmediato (por más que, previsora, se postule también como agente regional de Rosa Díez, por si acaso).

El consejo que esta vez me ha pedido Gervasio me ha entristecido. En realidad no es su consulta lo que me ha entristecido, sino mi respuesta.

“Me ofrecen ir de candidato en las próximas elecciones como independiente dentro de la lista Tal, bastante honrada, que puede hacer un buen trabajo, si sale elegida… ¡No sé qué hacer!”, me ha dejado caer.

Gervasio es catedrático. En su ciudad de residencia goza de un notable prestigio en tanto que hombre de principios, insobornable, que se ha metido en un montón de líos en defensa de causas tan justas como conflictivas.

“¿Sabes lo que pasa, Gervasio?”, le respondo. “Que todo el mundo considera que tus opiniones actuales son fruto de tu propia reflexión independiente, y se te valoran como tales. Pero, si te metes en una candidatura de partido, van a tomarlas como actos de disciplina rutinaria, burocrática. Eres social y políticamente más útil no adhiriéndote a ninguna candidatura”.
Se queda un rato en silencio.

“Vale, Javier. Sí, es lo que yo también había pensado. Pero, ¿no te parece patético que, si pretendemos ser mínimamente eficaces en política, tengamos que movernos al margen de los partidos políticos?”

“Por supuesto, Gervasio”, musito.

¿Qué otra cosa podría responderle?

Es tremendamente triste. Pero no lo hemos elegido. Nos han abocado.


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