Sandía sin pepitas

23 Jun 2011
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Diario real, página 3838:

Mientras me comía una hamburguesa, el guardaespaldas había terminado con la suya y se disponía a abrir una caja blanca repleta de lo que parecía pollo empanado. Antes de yo terminarla él se recostó sobre el hule del banco y se comió el helado sabor a fresa que regalaban con el menú. Con la mano izquierda, mientras, se sujetaba a la bancada a la vez que estiraba ambas piernas y las abría, creo,  en ángulo de cuarenta y cinco grados. Yo daba el último bocado y él ya estaba sujeto con las dos manos y la cabeza apoyada a la pared, mirando a un punto indefinido. Estaba en trance….

La última vez que me sucedió algo así fue con una de las sandías sin pepitas de la finca de Helen. “Te voy a dar esta que tiene una parte de la cáscara amarilla. Esa es buena señal”, me dijo. Y era verdad. Apenas la abrí cuando sonó un chasquido y se separó en dos mitades, cada una con una parte de la otra sobresaliendo del plano. Comencé comiéndome el corazón, que primero era de conejo y terminó siendo de toro. Y con esta cara me quedé. Menos mal que la foto me la hizo mi marido, en casa, mientras me maquillaba para la fiesta de cumpleaños de Pitita.

Letrasjuntas nº5

***La imagen corresponde a un dibujo original de Enkel Dika, impreso en una camiseta por Treadless


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