El desierto de los tártaros

Además de para llenar páginas de periódico y dar munición a los tertulianos de uno y otro bando, los debates parlamentarios son tan inservibles para la gobernación del país como las escobas en el desierto. El de ayer sobre la crisis económica respondió a este guión. Tenemos unos líderes coriáceos, que no se ablandan ni en café con leche, por mucho que en el horizonte se vislumbre una insoportable tasa de paro del 20%. Zapatero se empeñó en mostrar que el PP está en el monte; Rajoy intentó demostrar que el presidente está en la inopia. Lo terrible es que puede que los dos tengan razón.

De Zapatero cabía esperar mayor concreción respecto a una subida de impuestos, que es imprescindible. Se nota que lamenta ser portador de malas noticias, sobre todo porque lo de izquierdas, en su opinión, era bajarlos. Y lo que avanzó, abre nuevos interrogantes. ¿Es posible elevar la presión fiscal un 1,5% del PIB y, por tanto, recaudar 15.000 millones más, aumentado los tipos sólo a las rentas del capital y sin tocar los tramos del IRPF? En principio, no.

Echemos números. Eliminar la deducción de los 400 euros significaría algo menos de 5.000 millones, teniendo en cuenta el drástico ajuste laboral del último año. Podría retocarse el IVA al alza –un punto equivale a 2.500 millones-, pero afectaría al consumo, que es lo que se quiere reactivar. Pueden subir algo los impuestos especiales –tabaco y gasolina-, que ya se aumentaron recientemente para recaudar 800 millones más. Quedan las rentas del capital, cuya recaudación irá en descenso: han caído los intereses, el mercado inmobiliario está en la UVI y es posible que muchas empresas anticipen dividendos o los pospongan. Ni duplicando los tipos actuales del 18% se conseguiría el objetivo. Habrá que esperar y ver cómo se cuadra el círculo.

Con el PP, obviamente, no se podrá contar. Ha asumido que sus problemas de corrupción no tienen coste y que le basta con dejar que la crisis consuma a Zapatero para que la señora de Rajoy cambie las cortinas en Moncloa. ¿Pacto educativo y energético? ¿Para qué? ¿Para dar aire el Gobierno? Zapatero convocó al gallego a compartir unos dulces mientras discuten de cómo se recorta el gasto público, incluido el de Gallardón. Irá y no habrá nada. Estamos en el desierto de unos tártaros que, a diferencia del de Buzzati, tiene a los dos enemigos encerrados en sus respectivas fortalezas.