Opinion · Tierra de nadie

Elogio de Gerardo Díaz Ferrán

Dicen que Gerardo Díaz Ferrán ha querido dimitir como presidente de la CEOE y que la gran familia empresarial allí reunida, incluido su cuñado Arturo, que casualmente es vicepresidente, le ha dicho que ni hablar del peluquín. Gerardo, ahí donde lo ven, es un ejemplo para los suyos, y su caso mercería recibir atención por parte de las escuelas de negocios, que tienen idolotrado a Warren Buffett sólo porque es de Nebraska. Tan unánime ha sido el apoyo, que el cónclave de patronos ha emitido un comunicado remarcando que el apoyo ha sido unánime y que el aplauso que le dedicaron fue más prolongado que los que recibió Caruso en el Metropolitan.

Lo de Díaz Ferrán no se consigue fácilmente. Estamos ante el primer gran empresario que ha hecho realidad el viejo sueño de no pagar ni a los trabajadores ni a Hacienda, que ha demostrado que los convenios se firman para incumplirlos y que, además, se permite chulear a la banca, con cuyos préstamos hace prácticas de papiroflexia. Y todo ello pintando la cigüeña, con la elegancia de un dandy y con más aplomo que el Corleone de Al Pacino. Si le dejaran, este visionario de la empresa acaba con el paro en dos telediarios para vergüenza de los sindicatos, tan trasnochados que aún piensan que las nóminas tienen algún sentido en este mundo moroso y globalizado.

Lejos de perjudicar a la CEOE, la permanencia en el cargo de un presidente con menos liquidez que el Cañón del Colorado enaltece la condición de empresario y anima a otros emprendedores a seguir su ejemplo de austeridad. Es posible que el Gobierno, enojado por su firmeza en reclamar que, además de las plantillas, también los despidos le salgan gratis, quiera presionarle para que, al menos, se pague un café con pastas. Pero eso es no conocer el temperamento de Gerardo, que siempre fue el más rápido en ir al baño cuando el camarero trae la cuenta.

Los intereses de la patronal están en buenas manos. Díaz Ferrán llevará hasta el final su exigencia de rebajar las cotizaciones empresariales a la Seguridad Social, aunque sea un tema que no le afecta personalmente porque tampoco las paga. Y exigirá con determinación un nuevo contrato de trabajo y flexibilidad laboral, porque a un trabajador que no cobra le da igual pasar hambre en Madrid o en Vitigudino. Piden diálogo social a un hombre que debe hasta de callarse, y lo van a tener.