Opinion · Estación Término

“Soy un ser humano”

Fernando Pedrós
Periodista, filósofo y miembro de Derecho a Morir Dignamente (DMD).

Acabo de recortar de la prensa un chiste de El Roto y lo he clavado ante mi mesa de trabajo. Me gusta cómo ve la vida con sus trazos fuertes. Un policía para en la calle a un joven. Le señala con la mano cual si esta fuera una pistola sobre el pecho: ‘Identificación’. Y el hombre joven con su gorra y mochila a la espalda le contesta: ‘Humano’. El Roto suele ser crudo en su expresión de humor duro. Esta vez del choque de dos palabras saltan chispas, aunque quizás los de mente ‘políticamente correcta’   no las perciban. A mí, al menos, me llevaron a fechas bastante lejanas cuando Martín Luther King encabezaba las grandes manifestaciones por la emancipación negra. Muchos de sus seguidores portaban   pancartas que decían “Soy un ser humano” (I am a human being). La persona asediada, excluida, a la que no se le reconocen derechos o se los recortan solo tiene una palabra de denuncia en esta insociable sociedad y clama: “soy un ser humano”.

Cualquier pancarta de denuncia de un colectivo que busca su libertad lleva internamente este mensaje: ‘Soy un ser humano’.  Y esta es la palabra de todos los movimientos de emancipación llámese de trabajadores, negros excluidos por diferentes formas de apartheid, feminismo, mujeres maltratadas, familias desahuciadas, dependientes, … Y ese mismo clamor lo lanzó el profesor Lerma, de la Universidad Complutense, cuando hace 32 años inició la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD); y ese clamor quiso estar desde marzo de 2014 en este blog ‘Estación Término’. En aquel comienzo el blog decía: “no hace falta ser muy avispado para advertir que el stablishment político-religioso que domina o pretende dominar la cultura de la vida en nuestro país considera la muerte no solo como un tabú sino como una realidad envuelta en lo sacro con lo que aumenta no solo su intocabilidad, sino que la convierte en un campo colonizado por normas socioreligiosas”.  Este es el dogma ‘políticamente correcto’ de la cultura y la política oficial en nuestro país. Y los colonizados y excluidos en sus derechos -a lo largo de este blog- son los enfermos que quieren o quisieran morir a su voluntad y el Estado como un intruso entra en el desarrollo de sus vidas, les condena a seguir viviendo no de cualquier manera sino contra su libre voluntad y obligados al sufrimiento.

Movimiento de emancipación

Pero quizás la mayor exclusión que sufren estos condenados a remar en la galera de una vida sufriente es que no tienen voz, no pueden manifestarse, ni hacer caceroladas ruidosas… Son seres humanos que no pueden ejercer de tales ni siquiera en la protesta y la denuncia. Esta invisibilidad de los enfermos excluidos es su problema fundamental. Ninguno tiene capacidad para protestar, son una minoría silenciosa, aunque en verdad no son tanta minoría como para contarlos con los dedos. Las muertes en España son muchas al año y la población amenazada de muerte año a año somos todos, cada uno a su tiempo. El problema nos afecta a todos, por más que nuestra política personal sea dejar el pensarlo para más adelante, mirar hacia otro lado, a los espacios de la vida que nos incumben y urgen en el día a día.

Alguien tendrá, pues, que emanciparles pues ‘son seres humanos’ y habrá que intentar sembrar y madurar nuevas ideas libertarias y justas, y descubrir nuevos valores.  Además, hay que tener en cuenta que esa libertad no es para cuatro o cinco, no se trata de acallar a unos cuantos raros y marginados. Todos los años mueren en España más de cuatrocientas mil personas, y si comparamos estas cifras con las de otros países que han legalizado la eutanasia, en pocos años podría haber en España de tres mil a cuatro mil solicitudes anuales de muerte digna a petición del enfermo mientras que hoy por hoy y quizás por unos cuantos años venideros seguirán viviendo estos enfermos sin libertad de decisión condenados a galeras. Ante esta perspectiva la lucha ha de ser constante, los mensajes insistentes… Por ello quizá este blog sea a veces monótono, pero pesado y reiterativo por necesidad: a todos nos afecta la muerte -todos tenemos los días contados- y, además, en esta sociedad que consume otros temas ser insistente a riesgo de ser pesado es la única manera de que el clavo penetre golpe a golpe.

La asociación DMD (Derecho a Morir Dignamente), como movimiento social, necesita mentes abiertas y comprometidas para generar una dinámica social nueva e impulsar una cultura y una política alternativa sobre la muerte. Es preciso un movimiento de emancipación del enfermo al que se le niega la libertad de decidir al final de la vida; hay que impulsar las nuevas percepciones de la sociedad, hacer que maduren y penetren nuevas ideas activas y valores hasta ahora desconocidos o descuidados para vivir y un día morir no como súbditos sino con la libertad de ciudadanos. Este el mensaje de este blog a comienzo de curso. Y para este comienzo sugiero al lector que acuda a #0, a la nueva temporada de Tabú, de Jon Sistiaga, que presenta el reportaje ‘Al final, la muerte’. En una palabra, la eutanasia, el suicidio o el derecho a morir dignamente.