Publicidad

“A los sin papeles nos intentan reducir al miedo y al silencio”

24 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Versión completa de la entrevista a Daouda y Serigne publicada el 25 de abril en el diario Público.

sinpapeles2_grande.jpg

Daouda y Serigne forman parte de la Asociación de Sin Papeles de Madrid. Una iniciativa extra-ordinaria en la que los invisibles por excelencia se encuentran, se organizan y elaboran una palabra propia sobre su vida. Se vuelven así presentes.

Lo sabemos desde hace poco: centenares de sin papeles cumplen penas de cárcel por vender en el Top manta. Nos indignamos. Los compadecemos. Pero así seguimos reproduciendo el engranaje social que los convierte en víctimas. Más bien se trataría de compartir e impregnarnos de la fuerza de su lucha diaria.

¿Cómo llegaron a España?

Me llamo Daouda, tengo 25 años y soy de Senegal. Allí trabajaba en mi oficio y vivía con la familia. Quería viajar, conocer España, mejorar mi vida y también ayudar a mi familia. Llegué en patera a Canarias el 25 de mayo de 2007 y el 2 de julio ya estaba en Madrid.

Me llamo Serigne, tengo 33 años y también soy de Senegal. Allí estudié hasta el bachillerato, pero una enfermedad me impidió seguir. Siempre tuve el deseo de venir a España, a Europa en general pero a España en particular, y por eso estudié español 4 años en Senegal. Me casé, cuidaba a mi familia, a mis hijos, mis padres. Cuando apareció la oportunidad de las pateras me dije: “¿por qué no intentarlo para ver si puede realizarse mi sueño”. Fue muy duro, hice el viaje con la esperanza de encontrar un trabajo y oportunidades, como todo el mundo.

¿Y a vender en el Top manta?

D. Trabajé como carpintero durante más de 5 años en mi país, sin embargo aquí pasé muchos meses sin encontrar nada. Europa y África son muy distintos. Mi familia me ayudaba desde Senegal pero no quería seguir así. Al final me decidí a salir a la calle todos los días con la manta. A nadie le gusta hacerlo. ¿Alguien cree que yo vine aquí para vender en el Top manta? Para nosotros es casi una obligación. Sin papeles no es posible encontrar algo digno. No estamos contra la ley ni contra los artistas. Sólo trabajamos para vivir, como todo el mundo. Sobrevivir no es un delito. No he encontrado trabajo, pero he estudiado informática, electricidad y castellano. Ahora ya puedo hablar directamente con la gente, sin necesidad de intérprete. Para mi era muy importante.

S. Los primeros días al llegar todo fue oscuro para mi. En un lugar desconocido, me apañé con lo que sabía de castellano. Venía con la idea de que el primer día ya tendría trabajo. Otros senegaleses me explicaron que era posible vivir aquí sin papeles, pero que sería muy duro. Porque sin papeles no se puede encontrar trabajo. Acudía diariamente a buscarlo a Atocha, a Plaza Elíptica… Allí, algunas personas se aprovecharon de nuestra dificultad para entender. Nos daban trabajo para un día y nos decían: “mañana os recojo otra vez y os pago”. Llegué a trabajar en una ocasión un mes y no me pagaron nada. Y me dije que no valía la pena. Así que un día me acerqué a unos paisanos que estaban vendiendo en el Top Manta para preguntarles cómo hacerlo también. ¡Y el primer día que empecé me detuvo la policía! Sin vender ni un céntimo. Pasé 72 horas en comisaría y me abrieron causa penal. Todavía no me han juzgado. He pasado otras muchas veces por comisaria, detenido con la manta o por un control. Con lo poquito que ganaba empecé a estudiar mejor el castellano. Quería poder hablar, comunicarme y ver cómo salir de mi situación.

¿Así se puede vivir sin miedo?

D. Los sin papeles somos blanco fácil para la policía. Vienen de paisano, te piden documentación, te quitan la manta, te ponen las esposas y a comisaría. A veces sales con una multa (¡difícil de pagar para alguien que gana lo que nosotros!). Si no, vas al centro de internamiento (CIE). Dentro del CIE puedes pasar hasta 40 días y ahora parece que lo quieren subir hasta 60. Después puede que te suelten o que te expulsen a tu país. Al CIE puedes ir en cualquier momento, no tiene que ver con la manta, son cuestiones de extranjería. Así es muy difícil vivir sin miedo. Por la noche pienso en la policía. Cuando salgo de casa buscando a los compañeros, pienso en la policía. Ahora leo en el periódico que se ha dado una orden a la policía para detener a una cuota determinada de extranjeros. Vivimos una persecución. Mucha gente nos apoya. Tienen mucho sentimiento hacia nosotros. Ve que somos jóvenes, que queremos trabajar y no podemos. Algunos compran películas o música que no les gustan para apoyarnos. Ahora nos hemos organizado para intentar dar una respuesta.

S. Llevamos viviendo aquí ya más de dos años. Desde la llegada de los cayucos. Y de pronto salen a darnos caza, nos tratan como a delincuentes. No sólo van contra los sin papeles, sino contra la gente que tiene rasgos distintos de los de los blancos. Lo que yo veo es que los controles son selectivos. Si en un grupo de 30 personas que salen de un metro o están en la calle no hay ningún negro ni nadie con rasgos de otro sitio, no pasa nada. Pero si entre 100 personas hay un negro o alguien con rasgos distintos, van a por él. A pedirle los papeles. ¿Qué ha hecho? Ser extranjero. Si eres negro, ya eres una basura. Nos tratan así. Me parece bastante anormal. Ponen a la población en nuestra contra, publicamente, tratándonos diariamente como a delincuentes, señalándonos. No somos delincuentes, sino personas. Se le ha dado a la policía un grandísimo poder y abusan de él. Para ellos es como un juego, el gato y el ratón. Como una película. Nos intentan reducir al miedo y al silencio.

¿Qué ha supuesto encontrarse y organizarse?

D. Desde noviembre soy miembro de la Asociación de Sin Papeles de Madrid y de la Red del Ferrocarril Clandestino(1). Ahí trabajamos juntos, cada uno aporta su experiencia y sus ideas, somos más de 300 personas. Ahora tenemos donde reunirnos, donde encontrarnos y donde organizarnos. También tenemos una caja de resistencia en la Asociación para apoyarnos económicamente con las multas. Todo eso dinero vuelve a nosotros. Pero aún no hemos alcanzado nuestros sueños. Por eso seguimos trabajando con dignidad, con amigos y amigas españoles y extranjeros. La mayoría no tiene papeles y a veces la policía nos espera cerca de la puerta de nuestro lugar de reunión. Es muy penoso. ¿No tenemos derechos a asociarnos, como todos? Que la policía nos deje trabajar en paz. Yo quiero quedarme aquí. Vivo aquí. Tengo muchos amigos y amigas. Me gustaba mucho vivir en Lavapiés pero me marché por el acoso policial y ahora vivo en otro barrio. Queremos igualdad, que se apliquen los derechos humanos.

S. Luchamos por la despenalización del Top Manta. Nos han puesto una barrera para no acceder al trabajo. Con causas penales ya no se pueden obtener papeles. Y sin papeles no hay trabajo. Sólo queda buscarse la vida como se pueda, perseguido diariamente por la policía. ¿Qué es eso? ¿Hasta dónde quieren empujarnos? Por tanto, nos organizarmos para no caer en caos y la desesperanza total. Quien no ha caído, no sabe el esfuerzo que se necesita para ponerse uno en pie. Sin manifestaciones, no tendríamos voz para hablar. Quedaríamos reducidos al miedo. En nuestra casa. Sin poder hablar. Gracias a la Asociación podemos explicar a la sociedad lo que vivimos. La Asociación para mi es una luz en mi vida. Si continuo aquí en España es gracias a ella.

1. www.transfronterizo.net

 

 

 

 

 

“La Web 2.0. es una paradoja hecha de grandes negocios y pasión por compartir”

09 abr 2009
Compartir: facebook twitter meneame delicious

Versión completa de la entrevista a Margarita Padilla aparecida en Público el 10 de abril de 2009.

p2p.jpg

 

Ingeniera informática y ex Directora de la revista Mundo Linux, Margarita Padilla pertenece a esa escasa minoría de mujeres capaces de crear y mantener sistemas, y le gusta decir que trabaja “haciendo Internet”. Junto a otros hackers, fundó Sindominio.net. Aprendió GNU/Linux y los usos sociales y políticos de las nuevas tecnologías en centros sociales okupados. Algo que en la Universidad nunca le enseñaron.

Hubo un primer Internet donde la gracia era el camuflaje y el juego con las identidades. Hoy la blogosfera representa todo lo contrario. ¿Qué está pasando en la Red?

¿Por qué la historia de Internet es tan diferente a la del telégrafo, el teléfono o la televisión?

Sin duda porque los pioneros que inesperadamente intervinieron en su construcción lo que crearon fue un espacio abierto para la comunicación social. Una alianza táctica reunió a hackers, techies, nerds, frikis, visionarios y otros muchos pirados. Sus herramientas: la socialización del conocimiento técnico (software libre) y un uso de la Red creativo y productivo, no instrumental. El ideario de estas prácticas era la posibilidad de tener ¡por fin! un (ciber)espacio donde reunirnos y compartir en ausencia de fronteras, líderes, policía ni ejército, construido sin contaminar ni expoliar, sin sacrificios ni muerte. Un lugar donde millones de personas de todo el mundo intercomunicaran de manera autónoma y segura, independientemente de su edad, sexo, nacionalidad o etnia. Si la fisicidad del cuerpo nos ataba a las identidades, en el ciberespacio se podía existir con una nueva identidad, o con muchas y distintas. Si el poder en última instancia es poder matar, en el ciberespacio se perdía el miedo a expresar las diferencia: nadie podía matar a nadie.

¿Qué queda de ese ideario?

Estamos en la Web 2.0. La tendencia ya no es construir un espacio otro al mundo físico. Hemos pasado del ciberespacio a la blogosfera. Ahora, una voz tiene mayor fuerza, legitimidad y veracidad en la Red cuantos más elementos de su ‘yo’ (compromisos, aficiones, mascotas o vivencias) incorpore. Cuanto más real y física sea esa voz, más confianza suscita.

¿A qué atribuyes ese cambio?

Las ideas son el motor y el carburante del sistema. Pero las ideas se agotan. Producirlas cansa. Así como el petróleo se extrae cada vez de más adentro de la tierra, las ideas también deben extraerse cada vez de lo más hondo… de la vida. Para que bombeemos ideas, nos dicen que todas ellas compiten en igualdad de oportunidades, como si no existieran condicionantes de mercado y de poder. Así se nos vende Google: cualquiera puede hacerlo. El mensaje es: “Airea tus ideas. Si son buenas triunfarán” (o alguien más poderoso se aprovechará de ellas).

El ciberespacio estaba hecho de estratos separados: los gobiernos, los negocios, la academia, el underground… Hoy en día, ha habido un cambio productivo, que no es sólo económico, sino un “hecho social total”, y todo se ha integrado en una sola capa. Por eso, en la producción de ideas, todo puede valer. Se puede sacar una idea de un atasco, del ruido de la ciudad, de una conversación, etc. Un ‘yo’ productivo es el que pone en relación, en red, los diferentes planos de su vida. Las ideas necesitan encarnarse en un cuerpo que las sostenga. El mercado ya no necesita licenciados, sino vidas creativas de donde exprimir esas ideas. ¡El blog es el mejor currículo! Por eso la imagen del blogger está en las antípodas de la del hacker enganchado toda la noche al ordenador en un caos de suciedad, comida basura y anfetas para no parar. El hacker es nocturno; el blogger es diurno.

¿Entonces la Red ya no es ese espacio para la liberación que imaginaron los pioneros?

Como dijo el poeta, donde está el peligro está también lo que salva. Hay formas de poner en circulación las ideas para que produzcan valor para uno mismo y no para marcas ajenas. Yo los llamo espacios de anonimato, hechos por todos y nadie: blogs, MySpace, Twitter, Facebook, YouTube… Antes que buscar el reconocimiento otorgado por autoridades que ya no nos representan (una discográfica, una editorial, una galería de arte, un departamento universitario…), la gente prefiere colocar sus ideas en espacios de relaciones donde otro no las parasite. En la Web 2.0 la pasión y el goce por compartir y donar gratuitamente conviven con la gestión de los “Yo-marca”.

Pero esos espacios que mencionas, ¿son algo más que grandes negocios? ¿No parasitan los contenidos que albergan?

No los parasitan, al menos de momento (si dejamos de lado los draconianos derechos de autor que aplican a los contenidos donados). Lo que sí hacen es obtener valor, valor de negocio, del que cotiza en bolsa, de la necesidad que tenemos de ponerlos en red. Con los espacios de anonimato se hace negocio, pero son algo más que grandes negocios. Viven de la expresividad sin mediaciones, gozosa, en primera persona, gratuita, distribuida y compartida. Permiten una construcción de legitimidad no autoritaria sino “autoritativa”, es decir, que se autorreconoce horizontalmente. Los espacios de anonimato no permiten un flujo de representación. No sirven para acumular poder representativo. Vuelven obsoletas las representaciones: Wikipedia las académicas, los blogs las mediáticas, MySpace las culturales, GNU/Linux las económicas…, y crean algo común que, cuando se activa, tiene gran capacidad de interpelación social: pensemos en las autoconvocatorias del 13-M o la V de Vivienda, los botellones o las más recientes en solidaridad con Álvaro Ussía y Marta del Castillo. Como contrapartida, están favoreciendo grandes concentraciones cercanas al monopolio.

¿Y no ves también ruido y fraude?

Si pongo un vídeo en YouTube no es porque todos los vídeos que hay ahí sean muy buenos ni porque Youtube sea un espacio de prestigio. Es todo lo contrario de la competitividad académica por editar en tal editorial como signo de prestigio. En los espacios de anonimato somos unos a otros los que nos damos valor, y quien vea tal o cual vídeo en Youtube ya juzgará por sí mismo si aquello merece la pena. Por supuesto, no todo los contenidos son buenos ni verdaderos. Pero a pesar del spam, sigo queriendo mails. Y lo que no quiero son filtros autoritarios. Hemos de regularnos horizontalmente. Está la inteligencia de todos y cada uno para hacerlo. El desafío es la creación de comunidades que tomen iniciativas de cuidado de estos espacios, desde dentro. Youtube no es una comunidad. Una comunidad tiene unos objetivos (por ejemplo, divulgar una tecnología o cuidar y alimentar un sitio web) que trascienden el hecho de compartir un espacio. Las comunidades imprimen una dirección, restringen un poco el puro espacio liso, pero no son colectivos cerrados a los que perteneces o no perteneces. La Red no está terminada. Aún hay mucho por hacer, por experimentar. Todavía es muy joven.

¿En qué retos piensas?

Internet no fue diseñada para ningún uso en particular y, por tanto, puede permitirlos todos, incluyendo los que no habían sido concebidos cuando se desarrolló su tecnología básica. Las grandes corporaciones quieren virar hacia el modelo “telefonía”: un caos de tarifas en el que no sabes cuánto pagas ni por qué. Sería un estilo 3G, con tarifa plana básica y pago extra para Emule, Skype, etc. Operadoras, productoras de contenidos y sociedades de autor quieren gravar la circulación de los bits que no les dan beneficio directo, con filtros según origen o servicio. Quieren romper la neutralidad de la Red. Ahora toca custodiarla. Nuevas comunidades deberán sellar alianzas con las nuevas formas de habitar la Red, con las nuevas subjetividades, una vez que las viejas alianzas están agotadas, que no fracasadas.

¿Qué quieres decir?

Desde el activismo militante se ha luchado mucho por la construir una Red abierta y horizontal. A eso me refiero con lo de “viejas alianzas”. Por ejemplo, hay que reconocer el valor que tuvieron los Indymedias en la apertura de una Web 2.0. Las primeras publicaciones abiertas -algo que ahora parece tan normal- fueron activistas y militantes. La publicación abierta fue una de esas ideas críticas y creativas que, una vez materializada y desarrollada técnicamente por quienes creían en ella, afloró y prendió. Entonces el “dinero grande” se dijo a sí mismo: “Si a esta idea le quitamos la dimensión militante, será la bomba”. Y los sitios de publicación abierta han proliferado.

Y estas alianzas ¿ya no tienen fuerza?

Me imagino a los activistas militantes de la Red como los monjes escribanos de los monasterios: una vanguardia muy activa con valiosos conocimientos abriendo espacios propios con deseo de contaminar lo social. Naturalmente de ahí surgieron cosas muy buenas. Pero ahora es como si de pronto hubiera llegado la imprenta. Cualquiera puede publicar (en Blogspot, en Twitter, en Flickr…). Cualquiera puede estar en red. En los años 90, quienes teníamos las herramientas tecnológicas éramos una minoría. Ahora todos tenemos herramientas para una expresividad gratuita, y tenemos también el interés por ejercerla. Con esta transformación, los colectivos activistas están desconcertados y, quizá a excepción del universo copyleft, han perdido sintonía con las prácticas espontáneas y masivas en la Red. Las alianzas, antes tan fructíferas, han dejado de operar, a mi entender, por dos motivos. El primero es un rechazo a la colaboración con esos megaespacios-marca en los que es imposible la autogestión y que concentran tanto dinero y poder a costa de la circulación de las ideas gratuitamente donadas. El segundo es que no saben cómo procesar la ambigüedad de esos espacios de anonimato que, por descontado, carecen de pureza ideológica.