El 155 y la inutilidad de tener razón

Llevamos tiempo diciendo que la única salida que tenía el PdeCat como partido del régimen era confrontar a un PP que iba a entrar al trapo. Que les iban a ayudar las CUP, que daban prioridad a la independencia por delante de la petición de cuentas al partido que les había aporreado cuando los indignados rodearon el congreso. Llevamos tiempo diciendo que les iba a apoyar ERC, en su sibilino quehacer histórico posibilista, esperando a barrer votos de la debacle de la antigua Convergencia y protagonizando el diálogo que venga, sea cual fuere. Habrá diálogo, habrá referéndum y habrá más independentismo.

Llevamos tiempo diciendo que el PP necesitaba algo para salir de sus casi mil casos de corrupción, de los Presidentes de Madrid encarcelados, de su sede que puede terminar embargada, del fantasma de Rita Barberá y la zombie Esperanza Aguirre, de la imputación de Cristina Cifuentes o de nuevas comparecencias del mismo Rajoy en la Audiencia Nacional. Sin contar que la economía, pase lo que pase con el crecimiento, va a irle mal a dos tercios de los españoles. Como ya no pueden aplicar la cuestión religiosa como hicieron con Zapatero, poniendo a una España que pensaba en el infierno a tocar la guitarra con los Kikos en la Plaza de Colón de Madrid en misas contra la “infección homosexual”, ahora tocaba el otro asunto que tiene que ver con la trascendencia: la nación, esa atravesada de una herida territorial desde, al menos, la Revolución Gloriasa de 1868. Y los que tienen el dinero en Suiza y en Panamá, los que no pagan impuestos, los de las amnistías fiscales, los de la obra pública corrupta, los de los sobresueldos, iban a envolverse con la bandera de España para que no se notara que están en esto por la pasta. Pinochet o la Junta Militar argentina se forraron con sus dictaduras. Igual que Franco y los suyos. Por eso daban sobresueldos en el PP. Algún tertuliano mercenario o algún periodista pantuflo jurará y perjurará que una vez vio a un nieto segundo de Franco en una cadena de montaje. Ya. Igual que el PP y los licenciados en Deusto son mayoría entre cajeras y reponedores de grandes superficies.

Llevamos tiempo diciendo que Ciudadanos es un partido inventado por los bancos y el Ibex 35 para frenar la sangría del PP. Que por eso el PP no se lleva bien con Rivera, aunque los dos harán lo que al final manden las necesidades del sistema nacido de la Constitución de 1978. Desobedecer a los que te pagan o te sostienen sale caro a los que dependen de su soldada. Llevamos tiempo diciendo que Ciudadanos renunció a ser la derecha sensata y optó por el neofalangismo de los Girauta y el neoliberalismo de rapiña de los Garicano. Por eso Inés Arrimadas ha tomado rumbo propio, aunque su vuelo depende igualmente de los que sostienen a su partido. Y que por todo esto, Ciudadanos iba a extremar su condición extremista situándose en la derecha del PP. Duele pensar que en algún momento hubo quienes pensaron que Ciudadanos venía a ayudar a la regeneración de España…

Llevamos tiempo diciendo que el PSOE andaba como pollo sin cabeza. Cuando nació Podemos, veníamos del 15M y el “PSOE-PP la misma mierda es” pero nos envainamos la ira por si era verdad que el PSOE podía cambiar. Rubalcaba y Felipe González entraron al consejo editorial de PRISA y la militancia crítica parecía revolverse. Nos emocionó el apoyo de las bases a la resurrección de Sánchez, pero intuíamos que Sánchez iba a defraudarles. Era imposible ignorar el entusiasmo de la socialdemocracia ante tamaña proeza y bridamos la mano por respeto a los militantes del PSOE (Pienso en Ramón Cotarelo, entusiasta en su inacabable juventud, quien creyó otra vez, tras la elección de Sánchez, en el socialismo como posibilidad de redención de España, lo que le llevó a endurecer su mirada con Podemos). Poco dura el consuelo en la casa del pobre. Pedro Sánchez se ha convertido en muleta de Rajoy y en el Embajador del Presidente del “Luis, sé fuerte”. ¿Quién no se acuerda de un Iceta histérico gritando ¡Por Dios Pedro, líbranos de Rajoy! ¡Pero por Dios líbranos Pedro de Rajoy ya!). Teatro, lo tuyo es puro teatro.

Llevábamos tiempo diciendo que Felipe VI necesitaba un 23-F para legitimar su reinado, y que se lo iba a brindar Catalunya. Sin embargo, no ha sido ese el papel del Rey. Eso es que no ha visto Juego de tronos, pese a que Pablo Iglesias se gastó un dinero para regalárselo. Explica la teoría de la acción racional que los actores políticos siempre actúan maximizando su utilidad. Felipe VI, cobarde, se ha echado en manos del pasado y se ha cortocircuitado el futuro. Le hubiera bastado decir: “En España cabemos todos y cabemos con lo que compartimos y con lo que nos diferencia: es tiempo de hablar y de que lo que camina separado vuelva a reencontrarse”. Pero se ha dejado llevar por una historia llena de traiciones. Si un Borbón, Fernando VII, metió en el Código Penal por vez primera el delito de sedición, otro Borbón, Felipe VI, ha puesto su reinado al servicio de un artículo que permite que un partido con 350.000 votos le dirija la autonomía a siete millones y medio de catalanes. Y con ello, ha dado primacía a la legitimidad monárquica por encima de la legitimidad democrática.

No me alegro en absoluto de tener razón. La única posición responsable ha venido de Podemos y los Comunes. Diálogo, referéndum pactado, una Catalunya que se incorpora libremente a la construcción de España y que se hace fuerte al tiempo que la hace fuerte. Un proceso constituyente. Pero los partidos de la Restauración, PP, PSOE y Ciudadanos, han preferido buscar un espacio electoral tensando la cuerda y machacando cualquier posibilidad de diálogo.

Vienen tiempos de dolor para Catalunya y para España. La desconfianza crece y nos estamos empezando a faltar al respeto. La sociedad se está rompiendo. Nos hablamos menos y nos insultamos más. Se respira en la calle. El Estado, cuya principal misión es garantizar la cohesión de la ciudadanía, está fracasando. La extrema derecha anda desatada. Los dementes se están normalizando (Pablo Casado le pide ayuda a Santa Teresa, quien si viviera la patearía el trasero por obtuso). Todo por culpa de la peor clase política que se recuerda en democracia. Por fortuna no pueden impedir que se vote. De momento. Porque el PP siempre entendió que si los pueblos se equivocan votando hay que enderezar a los pueblos. Habrá elecciones que no cambiarán gran cosa la situación, salvo porque tanto el PSC como el PP estarán prácticamente fuera del Parlament. Los andaluces recondujeron su Autonomía echándose a la calle y teniendo el apoyo, en aquel entonces, del PSOE. Y Suárez tuvo que cambiar la ley para ignorar que en Almería no había superado el referéndum el 50%. Cuando las leyes van contra la lógica política, hay que cambiar las leyes. Algo que no entienden los que siempre llegan tarde y sus muletas.

El fundador del PP, Fraga, nunca condenó el golpe del 18 de julio de 1936. Siempre llegan cuarenta años tarde a todo. Y si muchos españoles no han podido sentir suya la bandera, es porque el PP se encargó de recordar desde el primer momento que esa bandera era la de ellos. La de los que siempre llegan tarde a la democracia. La de los que hoy aplican el artículo 155 forzando su interpretación. Los del partido más corrupto de Europa. Los que, por tanto, tienen interés en España siempre y cuando puedan robarle a los españoles.

Y el PSOE, en 2017, ayudándoles.