Opinion · La verdad es siempre revolucionaria

El triunfo del 8 de marzo (Y las necedades que se han dicho)

El feminismo ha triunfado. Independientemente del seguimiento que tenga la huelga de mujeres o los paros convocados lo indudable es que el Movimiento Feminista ha ganado durante estas semanas su larga y dura lucha. El enorme seguimiento de los medios de comunicación a las convocatorias y llamamientos del MF, la suma de los sindicatos tanto los mayoritarios como CCOO y UGT a los paros de dos horas, como la convocatoria de huelga general de 24 horas de CNT y CGT, los debates en el Parlamento y en el Senado, las declaraciones continuas de los y las políticas y las tertulias televisivas que consumen cientos de horas discutiendo sobre el tema, prueban que este 8 de marzo se ha producido un salto cualitativo trascendental en la aceptación social, sindical y política de las reclamaciones del feminismo.

No será posible que a partir del 9 de mayo ni las instituciones legislativas ni los gobiernos sigan ignorando las fundamentales exigencias del MF para mejorar la vida de las mujeres. Ese anodino Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que duerme en los cajones de la Ministra de Igualdad, tendrá que despertarse y a pesar de su cortedad deberá implementar medidas que palien la violencia machista. Las leyes que exigen la igualdad de salarios tendrán que ser cumplidas de una vez. Las diferencias salariales que penalizan a las mujeres deberán ser investigadas por la Inspección de Trabajo tan indiferente hasta ahora. Las pensiones de jubilación han aumentarse. Los sindicatos deberán remover su inercia machista y movilizar a toda la base laboral para que se pongan en pie de lucha y exijan, con todo el peso de sus organizaciones, que se cumplan las disposiciones legales. Y los partidos políticos, olvidando sus eternas y viejas querellas que los inmovilizan, deberán ocuparse de legislar una nueva Ley de Violencia contra la Mujer que garantice la prevención y el castigo de los maltratadores y la protección de las víctimas. Este avance se realizará, imparable, porque las nuevas generaciones que nutren el Movimiento Feminista se han incorporado a la lucha con la fuerza de su juventud y de sus convicciones.

El Movimiento Feminista es el más numeroso, el más cohesionado y con unos objetivos  claros y rotundos que comparten todas las tendencias y grupos, frente a la división, vacilaciones y diferencias que debilitan a los otros movimientos. Y ante la fuerza de las masas femeninas, a las que se suman ya colectivos masculinos que se unen al feminismo al haber entendido que es el único futuro de la humanidad, no habrá oposición, crítica, desprecio, ataque ni agresión que la pare.

Por ello resulta más ridículo escuchar las necedades que los cargos del Partido Popular, los comentaristas antediluvianos, los periodistas salidos de la caverna, y alguna de las más ignorantes y reaccionarias dirigentes políticas, y no digamos el inquisidor obispo de San Sebastián, se han atrevido a formular.

Es inútil comentar la amenaza apocalíptica de ese obispo que sitúa al demonio en el seno del Movimiento Feminista, él mismo tuvo que “matizar” sus palabras horas después. Pero las declaraciones de preclaras dirigentes políticas es preciso denunciarlas para que no intoxiquen a las mentes débiles y para que se retraigan de decir las tonterías que hemos escuchado, ya que de momento no podemos despedirlas.

Cuando tanto Inés Arrimadas como Albert Rivera critican la convocatoria de huelga porque es anticapitalista y ellos se sienten muy cómodos en ese sistema, no demuestran más que una ignorancia supina respecto a los principios de la lucha de clases. Porque toda huelga se enfrenta al capital. Es el arma más importante de los trabajadores y trabajadoras. Y tanto sea la de un sector de producción como una  general, lo que las clases desposeídas pretenden es quitarle a la patronal parte del poder que detenta. Tanto si reclaman aumento de salario y prestaciones sociales, como cuando convocan una huelga general política, los y las huelguistas pretenden arrancarle al empresariado trocitos de su imperio económico, reducir la prepotencia que mantiene y demostrarle que en la lucha de clases también ellos y ellas pueden ganar.  De modo, que esos dirigentes de Ciudadanos ya pueden presentar un proyecto de ley en el Parlamento pidiendo que se ilegalice la huelga, como en los tiempos de la dictadura, para que el capital no tenga que enfrentar ningún tropiezo en el desarrollo de su explotación económica de las clases trabajadoras.

Cuando las ilustres ministras del PP han salido con la ocurrencia de que en vez de huelga, que supone dejar de trabajar, van a hacer huelga a la japonesa, con lo que trabajarán más, demuestran su incompetencia. Primero, porque como les han afeado, la mayoría de las mujeres trabajan el doble de lo que un ser humano puede soportar. A tal punto esto es evidente que el presidente del gobierno tuvo que corregir a sus dirigentes. Pero es que esas señoras ni siquiera saben lo que es una “huelga a la japonesa”, que no consiste en ser estajanovistas trabajando más de lo habitual, sino en realizar las tareas con tal detalle y lentitud que en realidad el trabajo no se realiza. Es decir se paraliza la empresa a base de poner toda clase de inconvenientes y exigencias de requisitos, sin abandonar el puesto de trabajo. Esas ministras podrían leer un poco.

La Presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes se descolgó diciendo que la huelga era política. Señora Cifuentes, naturalmente que la huelga es política, como lo son las manifestaciones, las asambleas, los encuentros de vecinos y de trabajadores, los manifiestos, las proclamas, los mítines, los panfletos, y toda acción del pueblo en reclamación de mejoras laborales y derechos a  sus gobernantes y al poder económico. En consecuencia, la señora Cifuentes lo que debe hacer, como los de Ciudadanos que estarán muy contentos con ella, es plantear al Congreso de los Diputados que se prohíban nuevamente las acciones que la democracia permite al pueblo, porque cometen el terrible delito de ser políticas.

Y cuando la ministra de Asuntos Sociales e Igualdad hace un recuento triunfalista y embellecido de las medidas tomadas por su gobierno para beneficiar a las mujeres, que nos responda cómo es posible que después de tantas mejoras y reformas como han implementado no se ataje definitivamente el número de asesinadas, violadas, maltratadas y acosadas sexualmente;  que la brecha salarial entre hombres y mujeres alcance hoy el 30%; que las pensiones femeninas sean el 38% más bajas que las de los varones; que mientras las estudiantes son mayoría en la universidad, estas se amontonan en las carreras humanísticas, sanitarias y artísticas, y únicamente constituyen el 5% de las rectoras; que en la cúpula empresarial la presencia femenina sea inexistente; que  el poder económico, cultural y político siga en manos de los hombres -únicamente el 15% del poder municipal está dirigido por las mujeres, y solamente dos mujeres son presidentas de Comunidades Autónomas. Así, todas las cifras muestran la marginación de la población femenina.     A menos que, como afirmó sin rebozo la señora Montserrat, la culpa sea de las propias mujeres que no quieren tener cargos de responsabilidad.

En este breve repaso de las estupideces y falsedades que se han vertido estas últimas semanas por las voceras y defensoras del Patriarcado, entre las que se hallan políticas, profesoras universitarias, periodistas, alcaldesas, se ha repetido hasta la saciedad que es la cultura o la educación las que deben corregir tal estado de cosas, pero ni mencionar que el sistema capitalista se sostiene en el trabajo gratuito de la reproducción y el mantenimiento de las crías, del que las mujeres son las suministradoras en el 100%. A ello hay que añadir que, según informes oficiales, las mujeres dedican 28 horas semanales al trabajo doméstico si además tienen un empleo asalariado, y los hombres 14. Cuando la madre se dedica en exclusiva al cuidado de la familia, las estadísticas explican que trabaja de 40 a 90 horas semanales según el número de hijos. Y sin apoyo económico ni de servicios sociales por parte del Estado.  Algunos informes se sinceran y titulan que “la brecha salarial es la maternidad”. Por ello, cuando la ministra presume de haber aprobado un mes de baja laboral para los padres habrá que preguntarle también si cree que un niño se cría en un mes.

Menos mal que el obispo de Madrid asegura que la Virgen María habría hecho huelga.