Sincronizando educación y sociedad

26 Mar 2014
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Mª Luz Martínez Seijo
Profesora. Doctora en Planificación e Innovación Educativa

Recientemente un compañero me sugirió escribir sobre la relación entre la sociedad actual con sus valores, prioridades, actitudes, cultura, con el papel de los medios de comunicación y el estado de nuestra educación, tema arduo y difícil de abarcar. Claro está que por educación se refería a la importancia de la formación, de las cualificaciones, del prestigio de la educación en nuestro país, y también a cómo los medios de comunicación juegan un papel importante en este asunto.

Este compañero al igual que otros muchos compañeros de mi gremio, tenemos la percepción de que a las familias, a la sociedad, lo que hacemos en el aula importa más bien poco, que no aprecian nuestra labor, nuestro trabajo, nuestra dedicación a algo tan importante que determina el futuro de los niños y jóvenes de este país.

Esa percepción del profesorado viene motivada en muchas ocasiones por la deficiente y escasa comunicación con las familias, que en bastantes casos se debe al pesar de las familias cuando sus hijos llegan al instituto y se sienten desbordados por las dificultades de la adolescencia, y en otros casos por la vergüenza de reconocer que no saben qué hacer como padres ante los problemas y actitudes de los jóvenes a estas edades. La realidad es que hay poca comunicación con los que más debería haberla, con los que más ayuda necesitan.

Ante esta percepción no extrañan los datos del Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS en la última encuesta sobre educación (febrero 2013) y que sitúan a la formación en valores y conductas con un 44,8%, como la segunda función más importante que se asigna al profesorado de educación secundaria después de la transmisión de conocimientos y destrezas con un 55, 8%. Una función, que a mi entender, debería estar más vinculada a la familia que a los profesores. No dejamos de encontrar contradicciones sociales cuando al mismo tiempo y en la misma encuesta un 86,8% cree que son los padres los que tienen la mayor responsabilidad en la educación de sus hijos.

Otro dato importante, quizás más duro de digerir, es la creencia entre los docentes de que la educación no es reconocida socialmente como importante, fundamental, como algo que debe ser mimado, valorado, apoyado o prestigiado. Ante esta creencia, encontramos datos que presentan contradicciones sociales, ya que por un lado la profesión docente es mejor valorada que otras muchas profesiones en España, pero sólo un 9,6% se la recomendaría a sus hijos y el dato más abrumador es que un 53,2% cree que la imagen del profesorado ha empeorado en los últimos 10 años. ¿Cómo se puede valorar entonces la educación si no se confía en sus profesionales? Sin duda, este dato es un indicativo serio y preocupante de cómo se cuestiona a veces con demasiada frivolidad la labor de los docentes.

Debemos tener en cuenta que para los profesionales de la educación es complicado por no decir imposible creer ya mensajes del tipo, la educación es el futuro, la educación es el motor del cambio, hay que apostar ante todo por una sociedad formada..Y es difícil creer estos mensajes porque simplemente suenan a mensajes publicitarios, mensajes que quedan muy bien en discursos políticos pero que tristemente no se ven reflejados en actos, en apuestas reales de futuro.

Es difícil creerlo cuando simplemente algunos de los primeros recortes llevados a cabo para ajustar la situación económica fueron dirigidos salvajemente a la educación. No hace tanto tiempo, con el Real Decreto-ley 14/2012 se permitió incrementar hasta un 20% el alumnado en las aulas, llegando  a poderse dar ratios tan disparatadas como 36 alumnos en la ESO o 42 en bachillerato, además del importante incremento de la carga lectiva  a los profesores. Si a todo esto se suma que el gobierno se ha comprometido a reducir el gasto educativo hasta el 3,9% del PIB para el año 2015, y para rematar la faena se lanza una ley educativa retrógrada, sin consensuarla con los protagonistas del sistema educativo, que va a cerrar las puertas educativas a miles de jóvenes y segregar a otros desde edades tempranas, es muy difícil poder creer que la educación se configura como uno de los pilares fundamentales de nuestra sociedad.

Desde luego el rumbo del recorte en España no es la tendencia europea en materia educativa. Por ejemplo, si investigamos a nuestro alrededor, nos encontramos que la trayectoria del resto de los países europeos es reducir la ratio de alumnos por aula. Sin embargo la ratio permitida en España se configura en la ESO como la más alta de Europa. Otros países tienden a aumentar el gasto educativo, potenciar sistemas educativos prestigiados socialmente, flexibilizar las opciones educativas, buscan alternativas de plurilingüismo de calidad, etc.

Pero sobre todo, hay sistemas como el finlandés que si goza de éxito, es porque socialmente está muy bien valorado, porque goza de prestigio. No hay dato más revelador que el hecho de que la profesión con mayor prestigio y demanda social sea la de profesor, muy lejos de la percepción española del 7,3% que considera que tiene prestigio social, a pesar de que mayoritariamente se reconoce como una profesión que exige sólida formación y vocación.

Lamentablemente se han asumido las medidas del recorte al igual que otras muchas que poco a poco han ido haciendo un daño irreparable en  nuestro sistema educativo, en las posibilidades de que nuestra futura sociedad esté más formada. El ataque a la educación, a la cultura, ha tenido amplia respuesta social, pero debería ser aun mucho mayor.

En estos ejes prioritarios no puede asumirse el conformismo como estado de ánimo, simplemente porque son prioridades sociales. Ahora bien, si lo que queremos es una involución, quedémonos así. Pero por el contrario, si lo que queremos es estar a los niveles sociales de otros países que solemos admirar por sus modelos educativos tipo Finlandia, debemos empaparnos de la cultura de la formación, que cultura y educación vayan de la mano.

Evidentemente la educación no es una preocupación en la sociedad española como se muestra en la última encuesta del CIS. En ella, después de los tijeretazos y golpes que ha recibido, tristemente comprobamos que la educación sólo es considerada por un 7,8% como un problema, claro que la crisis de valores sólo ocupa un 2,5%.

¡Qué lejos estamos en España! Y estamos lejos, porque en vez de tener políticos que apuesten por revalorizar el sistema educativo, luchan por desprestigiarlo y con ello el papel de miles de profesionales que se dejan la piel en las aulas y luchan por sacar adelante a los niños y niñas de este país, pese a las dificultades con las que se encuentran a diario, pocos recursos, poca colaboración de la administración educativa y poco reconocimiento social de su labor.

También  estamos lejos de muchos países en prestigio de la educación en los medios de comunicación, porque las noticias en estos son más bien escasas. Existen modelos sociales que se generan por corrientes de opinión, que surgen por la cobertura de los medios de comunicación, y en este sentido echamos de menos más impulso para fomentar que nuestros jóvenes estudien, que sean cultos, más noticias que muestren una opción de formación, una opción de futuro, y que se muestre una opción de futuro social basado en la formación, un modelo de sociedad menos manipulable … y sobran  modelos en los que se plantea una opción fácil de vida, una opción de famoseo, de dinero fácil que hoy en día es cada vez más complicado. Y aquí se requiere colaboración social y mediática.

Sería recomendable reducir lo sensacionalista, lo negativo, las comparaciones odiosas, y potenciar un periodismo que busque la senda de la mejora, el compromiso con la calidad evitando sacar noticias educativas que no obedecen a la realidad, sino a casos aislados, sería conveniente publicar  artículos educativos de rigor, de cómo realmente se trabaja en las aulas, de experiencias educativas innovadoras, de proyectos que se trabajan, de la labor del profesorado, de las opciones del sistema, de la grandesdificultades que se atraviesan, de los auténticos cambios e implicaciones de la LOMCE, y no sólo tratar aquellos temas que causan controversia con la Iglesia… Por el contrario los profesionales de la educación nos encontramos con datos descontextualizados que muestran una visión negativa del estado de la educación. ¡Así no!

Creo que no vendría mal en nuestro país mirar más allá de nuestras fronteras y prestar atención a cómo se producen modelos colaborativos de familias-centros educativos, a pactos educativos familia-centro, al absoluto respeto existente a la labor docente, al dejar la educación en manos de los profesionales de la educación y no de personas que la única relación que les queda con el sistema educativo es haber estado en las aulas hace muchos años. Quizá, de esta manera avancemos algo en un modelo  de participación social educativa que genere el marco para poder empezar hablar de la educación como una cuestión de estado y no de partidos, y que se genere un clima para el consenso, educativo pero también social, tan necesario en nuestro país.

Hay que apoyar  la labor de los educadores, confiar y creer en su su trabajo porque en sus manos está el futuro del país. En ello, deberíamos estar todos, lo contrario es tirar piedras contra nuestro tejado, que al parecer es lo que algunos dirigentes políticos buscan con los recortes y estos cambios legislativos. Es necesario mejorar  la formación para evitar la manipulación, una sociedad culta y formada es más capaz de ejercer con responsabilidad su ciudadanía, nos jugamos mucho en esto, y por ello hay que apelar a la responsabilidad de todos, trabajando por el bien del conjunto de nuestro país.


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