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El maldito carbono acelerado

13 oct 2011

Los ciclos biogeoquímicos naturales se caracterizan por estar en equilibrio. La influencia humana sobre estos ciclos altera su equilibrio y ello repercute en su velocidad. Con el ciclo del carbono lo que estamos haciendo es liberar en pocas décadas el carbono que los sistemas naturales han ido almacenando durante miles y millones de años y lo mantenían almacenado entre las rocas con una movilidad muy limitada. Esta alteración de la velocidad a la que funcionan los ciclos naturales tiene grandes consecuencias y la de acumular carbono en la atmósfera es de las mejor conocidas al  generar un calentamiento de la misma mediante el llamado efecto invernadero. El balance de carbono en el planeta  es cero. No entra ni sale más carbono del que tenemos desde un principio. Lo que hacemos con nuestras actividades, sobre todo a partir de la revolución industrial, es movilizar el carbono del subsuelo (en forma de carbón, gas o petróleo) y ponerlo en la atmósfera. Y la velocidad a la que lo hacemos es más rápida de la que los sistemas naturales desarrollan para el proceso inverso, es decir para fijar el carbono atmosférico (en forma de dióxido de carbono o CO2) e  inmovilizarlo como materia orgánica (órganos y tejidos fotosintéticos) o inorgánica mediante procesos físico-químicos no biológicos. No hay nada de malo en el CO2 ni en el ciclo del carbono, lo malo es que lo hemos acelerado y nos encontramos con mas CO2 en la atmósfera del que desearíamos para mantener las temperaturas promedio del planeta de los últimos cientos de años.

      Hasta aquí posiblemente nada nuevo para el lector.  Pero hay al menos un ingrediente nuevo que cada vez vamos comprendiendo mejor y que viene a complicar las cosas: el calentamiento de la atmósfera promueve procesos naturales que incrementan a su vez más liberación de CO2 y otros gases con efecto invernadero. Los suelos permanentemente congelados (permafrost) que existen en latitudes elevadas, sobre todo en el hemisferio norte, almacenan inmensas cantidades de carbono orgánico. Su descongelación conlleva la movilización de grandes cantidades de CO2 y también de otros gases de fuerte efecto invernadero como el metano. En un reciente estudio de Koven y colaboradores publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) se muestra como la inclusión de los procesos que afectan al permafrost puede cambiar completamente el sentido de los ecosistemas boreales que pasan así de ser sumideros de carbono a fuentes netas de carbono y metano para finales del siglo XXI.

      Sin embargo, la Tierra ya ha pasado por esto antes. Hace 56 millones de años, en el máximo térmico del Paleoceno-Eoceno, no había rastro de hielo en millones de hectáreas que hoy permanecen congeladas todo el año;  el nivel de los océanos era unos 70 cm más alto que la actualidad, suficiente para dejar la mayoría de la península de Florida bajo el agua por ejemplo. Este mundo tan diferente surgió bruscamente  debido a una liberación masiva de carbono en un periodo de tiempo muy corto. Absorber el CO2 que se liberó a la atmósfera en este breve lapso de tiempo le llevó al planeta 150.000 años y durante ese tiempo la vida en la Tierra sufrió grandes cambios. De hecho, se conocía este periodo tan inusual mucho antes por las dramáticas extinciones de especies que por el incremento de carbono y de las temperaturas. En un artículo de National Geographic  de octubre de 2011 se explican las consecuencias que este fenómeno tuvo y se demuestra como el CO2 determina el clima.

      A las causas naturales que modifican la concentración de CO2 en la atmósfera hay que sumar  las causas de origen humano y no sólo debemos pensar en las actividades industriales más recientes. Los seres humanos han alterado la superficie de la tierra desde los principios del paleolítico y ello ha generado una huella ambiental perceptible y creciente. En un artículo publicado en el último número de la revista Holocene, Kaplan y colaboradores muestran cómo los cambios en la cubierta de la tierra debidos a la tala de los bosques y a la preparación de las tierras para la agricultura generaron unos cambios en la concentración atmosférica de CO2 que concuerdan con las alteraciones en los isótopos almacenados en los testigos de hielo de los últimos 8000 años. Estas actividades humanas preindustriales estuvieron implicadas en la estabilización de concentraciones atmosféricas de CO2 que han hecho de nuestro planeta un mundo más cálido del que hubiera sido sin ellas.

      Si hay alguna enseñanza en todo esto es que nos interesa que el ciclo del CO2 vaya despacio. El exceso de velocidad, como en el caso de los vehículos, lo sufrimos todos. Aunque como viene siendo habitual, las consecuencias las sufrimos unos mas que otros.

China, la media botella llena… ¿o vacía?

28 jul 2011

En un reciente informe del WWF se muestran datos que dan lugar a titulares como “China lidera la lucha contra el cambio climático. ”  Si bien esto es en cierta medida correcto, también es en buena medida engañoso. China es el país que mayor impacto está causando en el medio ambiente del Planeta, y las perspectivas no indican que eso vaya a mejorar ni a corto ni a medio plazo. Que un país que emite más gases con efecto invernadero que ningún otro, haya crecido un 77% en el sector de tecnologías limpias no es un consuelo. Es una buena, pero insuficiente,  tendencia para atenuar la huella medioambiental de este país gigantesco que está lanzado a conquistar oriente y occidente a lomos de un crecimiento económico acelerado.

     China mantiene un programa muy agresivo para transformar el mercado energético interno, dando mucha importancia a las energías alternativas. A diferencia de algún otro país y de ciertos sectores políticos  y económicos de nuestro entorno,  en China no se cuestionan si hay o no cambio climático sino que trabajan para minimizarlo y para adaptarse a él. Pero ese esfuerzo se apoya sobre el carbón. Un carbón que deben usar aun con mayor intensidad  que antes como base para su desarrollo. Aunque el objetivo último sea mejorar el uso de energías verdes, China usa cada vez más carbón. Tal como se lee en el artículo de Junio de 2011 de National Geographic, si China mantiene su compromiso de desarrollo actual, en el 2030 el 70% de su energía provendrá de quemar carbón, más del doble de lo que supone en la actualidad. Y las cenizas toxicas de los residuos del carbón fueron ya en el 2010 la fuente más importante de residuos sólidos de origen industrial. Unas cenizas que acaban llegando a muchos rincones del País y generan serios problemas ambientales. Para que China mantenga en el 2030 los niveles de emisión actuales tendría que generar dos tercios de su energía a partir de las alternativas verdes. ¿Podrá hacerlo?, o mejor dicho,  y visto que el país es capaz de todo, ¿Querrá hacerlo?

     La media botella llena es que China genera más de quinientos mil millones de kilowatios hora por año a partir de energías renovables, un auténtico líder mundial seguido de Estados Unidos de América, Canadá y Brasil con algo menos de cuatrocientos mil millones. Otra media botella llena son las seis toneladas de CO2 que emite por persona y año, mucho menos que las más de veinte que emiten bastantes países desarrollados como Estados Unidos o Canadá. La media botella vacía es la emisión total de más de ocho gigatoneladas de CO2 anuales, un record absoluto para cualquier país. Cuando las cosas se multiplican por el tamaño o por la población, las estadísticas de China son espectaculares.  China quema en un año el mismo carbón que Estados Unidos, Europa e India juntas, y si sigue así, en pocos años la distancia de su línea de tren de alta velocidad será de unos trece mil kilómetros. Para poner esta cifra en perspectiva pensemos que trece mil kilómetros es la longitud de todas las vías de tren de alta velocidad del mundo o, lo que es lo mismo, es algo mayor que el diámetro de la Tierra. 

     Ojalá China siga liderando iniciativas que promocionen las energías alternativas. Pero sobre todo, ojalá que la sociedad China no quiera emular la visión de estado de bienestar que tienen los Estados Unidos de América. Un estado de bienestar “a la americana” llevaría emitir cuatro veces mas CO2­ por habitante, y en China otra cosa no, pero habitantes hay ¡y  muchos!.  Por el bien del planeta, ojalá los chinos de finales de siglo sean felices con un modo de vida equivalente en energía y emisiones per capita al de la China que conocemos hoy.