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Consejo del Sentido Común

17 ago 2011
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Ya sé lo que le falta al sistema para que el procedimiento de impacto ambiental sea más eficaz. Previamente a enviar cualquier plan o proyecto al órgano ambiental para su evaluación, debería pasar por un Consejo del Sentido Común. Este Consejo estaría compuesto por un niño (ya se sabe que nunca mienten), una ama de casa (por lo de ajustar las cuentas de la casa), un pintor de paisajes (por lo de la estética) y un director de coro que actuaría como presidente y se encargaría de que el Consejo no desafine. El Consejo decidiría si es sensato llevar a cabo ese proyecto desde el punto de vista del sentido común y de su viabilidad económica.

Veamos algunos casos reales con los que se hubieran tenido que enfrentar:

Recrecimiento del Embalse de Rosarito.- Según la Confederación del Tajo es necesario acometer una obra de 50 millones de euros que destruirá más de 200 ha de un hábitat prioritario, considerado como crítico para el águila imperial y la cigüeña negra e incluidos en dos espacios protegidos para evitar que tres viviendas se inunden un máximo de 18 cm cada tres años. No me cabe duda que el Consejo no lo hubiera considerado sensato y los españoles nos hubiéramos ahorrado el costoso procedimiento de evaluación de impacto ambiental. Más nos vale comprarles las viviendas a sus dueños y dejarnos de tonterías. El proyecto sigue en evaluación.

Refinería de Petróleo.- A un promotor privado, con el apoyo de la Junta de Extremadura, se le ocurre hacer una refinería de petróleo en plena Tierra de Barros, obligando a un mayor tráfico de petroleros frente al Parque Nacional de Doñana y a transportar el crudo 200 km tierra adentro. El poliducto deberá atravesar numerosos espacios de la Red Natura 2000. El Dictámen del Consejo, seguro que volvería a ser el de considerar insensato este proyecto. No necesitamos más refinerías, pero de necesitarse el sentido común recomienda situarlas cerca de la costa. En la actualidad sigue en trámite de evaluación de impacto ambiental, siendo tal vez uno de los expedientes más complicados y caros.

Autopista de Peaje Dos Mares.- El Ministerio de Fomento propuso una autopista de Peaje que uniese Logroño con Santander. Con el objeto de reducir el trayecto tan solo unos 30 minutos la infraestructura afectaría a 25 espacios protegidos (7 Lugares de Importancia Comunitaria y 8 Zonas de Especial Protección para las Aves) y a 5 Áreas de Importancia para la Conservación de las Aves (IBA). El Ministerio de Medio Ambiente tras un costoso procedimeinto de evaluación rechazó el proyecto, pero al Consejo le hubieran bastado unos minutos para dictáminar la falta de motivación y el despilfarro económico que suponía este proyecto.

Podría poner muchos más ejemplos, pero creo que no son necesarios, todos conocemos autopistas de peajes que no tienen coches, aeropuertos que no tienen aviones y urbanizaciones que no tienen habitantes, y todos ellos con importantes impactos ambientales. Una Ministra de Medio Ambiente me dijo un día que todo el mundo tenía el derecho de arruinarse como quiera, el problema es que los promotores se suelen arruinar con el patrimonio natural de todos los españoles.

¡Por favor, un poquito de sentido común!

¿Dónde irá a parar el voto verde?

02 ago 2011

Todos los meses los contertulios, cometadores de lo divino y de lo humano, dedican horas a hablar de los resultados del Barómetro del CIS, sin embargo, nunca les he oído hablar de las preocupaciones ambientales de los españoles o del voto verde. Hagamos pues unos comentarios sobre estos asuntos, basados en el avance de los resultados del barómetro de julio.

En primer lugar llama la atención que, pese a la tremenda crisis climática y de biodiversidad que nos afecta a todos y que amenaza con cambiar la vida sobre la Tierra, solo para un 0,6% de los españoles la situación del medio ambiente sea uno de los principales problemas. Esta baja concienciación solo se explica por una falta de información sobre el grave proceso en el que nos encontramos, y de sus catastróficas consecuencias, y a una puesta en valor de los problemas a corto plazo frente a los que se nos avecinan. Es más, solo para el 0,4% de los españoles los problemas ambientales son los que les afectan más.

Sin embargo, llama la atención tras analizar la importancia relativa que los españoles dan a estos problemas, que un 4,2% se considere como primera opción política “ecologista”, y que un 6,9% lo sea como segunda opción. Se trata, como ya veremos, de un trozo del pastel apetecible para los partidos políticos, que debemos analizar con detenimiento vista la proximidad de las elecciones generales.

El barómetro del CIS no detalla la distribución geográfica de los ciudadanos que se consideran ecologistas, y por lo tanto, no se puede hacer una estimación de voto y de posibles diputados en liza, pero podemos hacer una aproximación bastante real basándonos en los resultados de IU en los últimos comicios. Esta formación política obtuvo en 2008 con el 3,77% de los votos 2 diputados (aunque estuvieron muy cerca de un tercero), en 2004 con el 4,96%, 5 diputados, y en 2000 con el 5,45%, 8 diputados. Por lo tanto, el voto ecologista podría suponer grosso modo, si votase en bloque, entre 4 y 10 diputados.

Valorar lo que puede hacer esta bolsa de votantes es sin duda una pura elucubración, pero nos arriesgaremos a dar unas pinceladas. A mi juicio, a nivel nacional, la mayoría de estos votos se repartirán entre la abstención, Equo, IU y PSOE. Otras opciones como PP o UPyD serán minoritarios entre este electorado ya que estos partidos no mantienen un discurso medioambiental a nivel nacional que pueda atraer su voto. A nivel regional, algunas formaciones como Chunta Aragonesista o BNG podrían ser también opción para estos votantes. Veamos las expectativas de cada uno de ellos.

Equo, debería sin duda ser la primera opción para un votante ecologista. Tiene en su haber ser el único partido netamente ecologista, haber agrupado a la mayoría de los partidos “verdes” españoles y estar liderado por referentes en el ecologismo español. Además han sabido arroparse de otros referentes del movimiento asociativo español, tanto en el ámbito de los problemas sociales como ambientales. También podrían beneficiarse de una posible debacle del PSOE que repartiese votos a otras formaciones del espectro de izquierdas, sociales o ecologistas. Sin embargo, en su contra se encuentra el ser poco conocidos y con pocas expectativas de ser centrales en el debate electoral, la ley electoral que penaliza las nuevas propuestas y a los partidos minoritarios, o la opción de un voto útil, de la cabeza, frente al corazón, que derivase estos votos hacia el PSOE. Tal vez unas elecciones europeas hubieran sido un mejor escenario para la puesta de largo de esta formación política.

IU ha intentado en los últimos años absorber en su formación los movimientos políticos verdes que iban surgiendo y hacer bandera de ello. Lo cierto es que se trata de la formación, con representación parlamentaria, que más propuestas verdes ha defendido y que más veces han apoyado movimientos ciudadanos en defensa de la naturaleza. Bien es cierto que en aquellos lugares dónde ha gobernado, básicamente ayuntamientos, las políticas verdes no han sido las prioritarias, y también es cierto, que han defendido proyectos con un gran impacto ambiental como el Embalse de Biscarrués. En cualquier caso, vistas las expectativas de voto de IU, la bolsa de votos ecologistas es muy importante y durante la campaña es esperable que le hagan más de un guiño.

El caso del PSOE es un quiero y no puedo. Se trata de la única formación con algún interés medioambiental que tiene opción de gobierno a nivel nacional. Por lo general presenta programas electorales con propuestas interesantes desde el punto de vista ambiental, pero una vez en el gobierno todas esas expectativas se esfuman. En la última valoración de las políticas ambientales del gobierno, las ONG ecologistas, le han suspendido. Quedan solo 4 meses para las elecciones y es difícil que el PSOE se quite la etiqueta de incumplidor ambiental, pero todavía tienen algo de tiempo para la recuperación. Según el barómetro del CIS, Rosa Aguilar es la tercera ministra mejor valorada y un 27,6% de los españoles valoran como buena las políticas ambientales del gobierno. Me imagino que si en septiembre el gobierno decide derrumbar el Algarrobico, no autorizar el recrecimiento del embalse de Rosarito, paralizar las contrucciones del puerto de Granadilla y del Embalse de Mularroya, y descartar el dragado del Guadalquivir, la ministra Aguilar pasará a la historia como la ministra más “verde” y el PSOE dejará en el inconsciente del votante su compromiso con el medio ambiente que puede asegurarle una buena parte de estos votos. Ya se sabe que los guiños son tan importantes en política, que pueden enmascarar 4 años de políticas medioambientales mediocres.

En cualquier caso, son muchas novias para pocos votantes, mil veces defraudados, y si no se les ilusiona, tal vez terminen todos el 20-N de excursión por las sierras españolas en vez de ir a votar. Por algo son ecologistas.