Punto y seguido

Nazanín Armanian

Detrás la partición de Sudán

24 Jul 2011
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Oídos son sordos a las peticiones palestinas y saharauis a tener un estado propio, mientras los separatistas del sur de Sudan, ya han legalizado con el número 193 a su país ante la ONU. Las embajadas de EEUU y la UE se van abriendo sobre sus inmensos campos petrolíferos, frente a sus minas de diamante y oro. Israel consolida allí su presencia, y así palia los efectos de la pérdida de su influencia en Egipto tras la caída de Mubarak.

Es el fin triste del estado más extenso de África, el fracaso de las políticas de un régimen militar, corrupto, fanático, que en vez de atender el grave subdesarrollo del país se puso a arabizar las ancestrales formas de vidas africanas de sus gentes y aumentar el descontento popular. Situación aprovechada por EEUU que atizando las tensiones étnico-religiosas debilitó aun más al gobierno central, cuyo pecado principal era tener a China como el principal cliente de su Oro Negro. Este es el segundo golpe que recibe el gigante asiático en pocos meses, tras ser expulsado de libia por la OTAN.

Para romper a Sudan hizo falta una larga campaña de demonizar a sus líderes, vincularlos con Al Qaeda, y bombardear sus infraestructuras, como el laboratorio farmacéutico Shafa (1998).  Que su presidente Al-Bashir esté perseguido, como lo fue Saddam y lo es Gadafi, revela el complot en serie contra los países estratégicos pero débiles.

La política de EEUU en convertir a dichos países en mini estados, con el fin de poder controlarlos, dio sus frutos en Yugoslavia y en Irak (Kurdistán, con su petroleo y agua es independiente de facto). La misma suerte parece esperar a Libia, Yemen y Egipto.

Sudán advierte nuevos conflictos: El norte se ha quedado sin petroleo, pero con oleoductos y acceso al mar, y el sur con el fuel y sin poder exportarlo. Aquí, las empresas occidentales ya han archivado la oferta china de construir un ducto que pase por Kenia y termine en el Océano índico. Incierto también el destino del sufrido Darfur, su uranio y petróleo, pero abarrotado de misioneros cristianas que ofrecen a sus hambrientos, alimento para el alma.

Otra batalla por  la energía fósil. OTAN ya ha desembarcado en Sudan Sur.


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