Opinion · Quien quiera oír, que oiga

La falsa moneda

Primera reflexión. Lo primero que llama poderosamente la atención del monólogo pronunciado el martes por Pedro Sánchez en el Congreso de Diputados es la distinción entre intenciones y propuestas. La confusión aumenta si tenemos en cuenta que cuando Albert Rivera habla del pacto al que ha llegado con el PSOE afirma que es asumible por el PP, y cuando habla Pedro Sánchez parece decir todo lo contrario. El monólogo de Sánchez no casa con el documento acordado la semana anterior con la formación de Albert Rivera. Si no fuera por éste último, resultaría sumamente difícil orientarse en este laberinto de deseos, contradicciones, metáforas y buenas palabras.

Segunda reflexión. En la ceremonia de la confusión, el monólogo de Sánchez no incluye ningún tipo de información acerca cómo se piensan financiar las medidas anunciadas. Cero. Ahí el mutismo se impone. Bruselas acecha y sólo permite “brindis al sol” parlamentarios, palabras hueras o veleidades de tribuna con sabor electoral. Lo excéntrico de la situación a la que ha llegado Sánchez tras su acuerdo con Rivera permite este tipo de cosas: hacer de las sesiones parlamentarias una suerte de Hablar por hablar. Tras el monólogo, no pude dejar de acordarme de ese famoso programa de radio.

Tercera reflexión. El filibusterismo parlamentario del discurso del martes, los gestos afectados, la solemnidad impostada, no hace sino recordarnos que para el PSOE esto es más bien una operación de lavado de imagen de Sánchez, y no tanto el intento sincero de formar un Gobierno. Tuvimos la sensación de presenciar por una parte una estafa a la mayoría social (dolo y engaño) y, por otra parte, un mensaje tranquilizador de Sánchez Castejón para las élites y los privilegiados de que su alianza es con el representante político de la AEB en la carrera de San Jerónimo. Sánchez cumple con la vieja guardia, prefiere 130 diputados al servicio del establishment, que 160 diputados para defender a los “descamisados” y al pueblo.

Cuarta reflexión. Tan poco serio parecía todo que los mismos diputados del PSOE se dedicaban a componer una “barra brava” en vez de un bancada parlamentaria. Tampoco los diputados del Partido Popular se mostraron mucho más respetuosos con el acto parlamentario que se estaba celebrando. A las 16h la bancada del Partido Popular estaba prácticamente vacía. Hasta pasadas las 17h ese lado del hemiciclo no comenzó a tomar un aspecto mínimamente presentable. No deja de sorprendernos la informalidad horaria de los formales diputados del Partido Popular.

Quinta reflexión. Pedro Sánchez ha tratado de colocar en sede parlamentaria la “falsa moneda”. Habla de los colectivos antidesahucios mientras tranquiliza a los bancos con una propuesta que sigue sin prohibir los desalojos forzosos sin alternativa habitacional y propone que la gente que ha perdido su vivienda siga manteniendo su deuda con las entidades financieras. Un insulto a los luchadores sociales que se han jugado la libertad y la integridad física luchando por el cese en esta violación flagrante de los derechos humanos. No hay  “cambio”, sino un “cambiazo” en el que, tras el filibusterismo parlamentario y la palabrería, se esconde la continuidad de una política criminal contra los sectores populares. En cuestiones laborales se habla desde la tribuna de derogar la reforma laboral del PP pero en la práctica se da el cambiazo proponiendo una Tercera Reforma Laboral. El acuerdo firmado entre Sánchez y Rivera acaba con la causalidad contractual y no recupera la ultra actividad de los convenios. Con ello continúa herida la negociación colectiva. Ayer Pablo Iglesias elogiaba la astucia de Albert Rivera, hoy podemos decir que, en cuestión de monedas, Pedro Sánchez ha demostrado ser un auténtico tahur. No se puede presentar como “progresista” un documento que ha sido pactado con Ciudadanos pensando en el PP y en la CEOE.

Sexta reflexión. El acuerdo gatopardiano suscrito entre el PSOE y Ciudadanos proclama la necesidad de “dignificar el Salario Mínimo Interprofesional”. A continuación, sin embargo, nos encontramos con que “dignificar el SMI” significa subirlo un 1%, es decir, 6 euros al mes,lo mismo que ha hecho el PP este año. Objetivamente el 1% del PP y del PSOE en la nómina son los mismos euros, pero unos lo llaman “moderación salarial” y otros “dignificación”.

Séptima reflexión. Pedro Sánchez afirmó el martes que una coalición reformista y de cambio entre PSOE, Podemos, Compromís, En Marea, en Comù Podem e Izquierda Unida no es posible. Llegó incluso a usar la palabra “falacia”. El secretario general del PSOE miente. Quizás le traicionó el inconsciente. Lo que está claro (meridianamente claro) es que la suma PSOE-Ciudadanos (eso que algunos han llamado la ·kleine Koalition y que nosotros podríamos denominar “la coalición raquítica”) no da para formar gobierno, sino que es la coartada de quien necesita decirle a las élites que no habrá cambio.

Octava reflexión. La kleine Koalition es la antesala de un pacto con el Clan de los Genoveses. Como Pablo Iglesias señaló el pasado miércoles desde la tribuna, en esa maniobra el último damnificado será el propio Sánchez. El señuelo que las élites y Ciudadanos ponen al PSOE está trucado y tiene doble fondo. Sánchez es perfectamente prescindible en los planes de la Troika.

Novena reflexión. El pacto con Albert Rivera es un balón de oxígeno para el PP. Lo que se presenta como un pacto para desalojar a Rajoy es, en el fondo, un bote salvavidas para los conservadores. En efecto, el PP puede reengancharse a ese pacto o apuntalarlo mientras “se regenera en la oposición”. Eso le permitiría seguir controlando resortes de poder que en última instancia le den la posibilidad de mantenerse como un elemento clave del régimen a pesar de su propia implosión corrupta. En este sentido, el acuerdo con Ciudadanos es una tabla de salvación (no para Mariano Rajoy), pero sí para algunos sectores del PP.

Reflexión final. Otra investidura es posible. Más allá de este juego de sombras, hay algo que debe quedar claro: Pedro Sánchez puede jugar a ser “presidente por un día” de los españoles y ser coreado por la bancada socialista, pero mucho más importante aún es que Pedro Sánchez puede ser Presidente de un Gobierno de cambio al servicio de la mayoría social. Esta posibilidad puede ser materializada en las próximas semanas si decide recuperar un diálogo honesto y decidido con Podemos, Compromís, En Comù Podem, en Marea e Izquierda Unida. Hay una oportunidad real de establecer un gobierno del cambio en España. Hace falta voluntad política y apostar por ello. Hace falta atreverse a divorciarse de las elites y abrazar el compromiso con el pueblo.
Desde Podemos ofrecemos esta posibilidad, no sólo al PSOE, sino también a IU y a Compromís. Estamos dispuestos a intentarlo. E intentarlo significa ponerse de acuerdo, no sólo para desalojar a Mariano Rajoy de la Moncloa, sino también para hacer una política al servicio de las mayorías que ponga límites a los privilegiados y que acabe con el empobrecimiento de amplios sectores de la ciudadanía española. Manos a la obra.