Opinion · Quien quiera oír, que oiga

Esto no es una elegía. 1 de mayo de 2016

Rafael Mayoral (Diputado de Podemos por Madrid)

Ana Marcello (Diputada de Podemos por León)

Decía Hegel que cuando vio a Napoleón paseando a caballo por Jena vio a la razón desplegándose en la historia, algo así como el alma del mundo atravesando a caballo las calles de su ciudad. Valgan estas palabras para pensar, a modo de metáfora, que de vez en cuando se dan acontecimientos que parecieran reunir en su particularidad las aspiraciones, los desafíos y las contradicciones de nuestro tiempo. En estos breves pero intensos meses de trabajo parlamentario hemos tenido el honor de acompañar y apoyar a una buena cantidad de trabajadores y trabajadoras en conflicto. Y en sus resistencias, más que la razón desplegándose en el mundo, encontramos justamente lo contrario: la razón luchando desesperadamente contra el mundo. Ese mundo que algunos quieren presentar interesadamente como inexorablemente dado.

Recorriendo de lado a lado el territorio encontramos la misma reivindicación compartida que exige el cumplimiento efectivo del derecho a un trabajo digno. En cada rincón de España, hallamos colectivos de trabajadores y trabajadoras en lucha que no quieren un país resignado a la violencia del paro estructural o a la realidad miserable de los trabajadores pobres como futuro inmediato. Y entre todas las razones de los trabajadores, encontramos en las razones concretas de los trabajadores de Elcogas una reunión virtuosa y paradigmática de las aspiraciones universales de nuestro pueblo. A día de hoy, en la supervivencia de ese “universal concreto” que es la central de Elcogas en Puertollano no se juega el destino del país que tenemos pero sí del país que queremos.

La defensa de Elcogas es una apuesta clara por el empleo de calidad, la inversión en I+D+i, el desarrollo local, la defensa de nuestra soberanía energética y de un modelo productivo que camina hacia una necesaria transición energética. A pequeña escala y en ese conflicto tan concreto pero tan universal, se debate, hoy y ahora, la posibilidad de avanzar hacia un proyecto de país que apueste por el empleo digno y el futuro de nuestras provincias y comarcas sustentando en sectores de alto valor añadido.

Este primero de mayo queremos estar junto a los trabajadores y trabajadoras de Elcogas para apoyarles y mostrarles nuestra solidaridad. Haremos todo lo que este en nuestra mano para revertir la crítica situación de la central. Lo hemos repetido muchas veces: nos podremos equivocar, pero nunca nos equivocaremos de bando. Nuestro compromiso con la mayoría social es sincero e inquebrantable. No vamos a permitir que aquellos que con sus políticas han convertido a las comarcas en auténticos eriales utilicen su filibusterismo político para ocultar sus vergüenzas. No vamos a ser cómplices de los sepultureros de los que con sus políticas han desindustrializado nuestro país hasta la medula, cerrando fábricas, astilleros y cuencas mineras. Nos asquea ver una y otra vez al bipartidismo y a sus aliados recurrir a esas artimañas de vieja política para intentar desesperadamente hacer olvidar a la gente que ellos son los responsables de haber sentenciado a muerte a sectores estratégicos para nuestro país. Nuestro pueblo ha sufrido demasiado tiempo a “los traficantes de esperanzas” que mercadean electoralmente con los anhelos de la gente, prometiendo parches a sus desesperos que son siempre la “crónica de una muerte anunciada” como así demuestran tozudamente los hechos.

No hemos llegado hasta aquí para entrar en el juego de aquellos que pretenden que el día de los trabajadores y trabajadoras se convierta en una elegía. Por el contrario, hoy celebramos con orgullo el primero de mayo gracias a esos trabajadores y trabajadoras que tenazmente se resisten a que algunos les dicten el final de su historia. Por ello, hoy más que nunca queremos deciros: gracias a todos y a todas por vuestra lucha y compromiso.