Bustos y Garea

A pesar de que el periodo de fichajes ha caducado, en las plantillas de los grandes sigue habiendo movimientos. Algunos más extraños que otros. En El Mundo, esta semana ha sido coronado como jefe de opinión Jorge Bustos, uno de los columnistas y opinólogos más brillantes y diracharacheros de la joven derecha española. No hace mucho, Bustos arrasó en las redes tras afirmar en Al rojo vivo que prefería ser gobernado por un delincuente que por un comunista. Aun en directo, mientras rugía twitter, el hombre se refocilaba en una alegría infantiloide, impropia de un intelectual filoFAES, pero muy graciosa. Como si se sintiera el padre de la madre todas las boutades, que diría Bush hijo. El caso es que me dieron ganas, ya aquel día, de invitar a este tío a una copa. Detesto el disimulo, como el vizconde de Valmont. La derecha que sí osa decir su nombre, y además no lo dice en ágrafo, me resulta más simpática que la otra.

El caso es que el flamante jefe opinativo del diario de la bola estrenaba este viernes la estrategia que va a seguir durante su mandato dedicándole un artículo a Gabriel Rufián, a quien llama Gaby, pues nuestra nueva derecha literaria te clava un artículo con las mismas manieras con las que te ofrece un cocktail. La burda patada coja del rancio catenaccio anarco-fascista a lo Jiménez Losantos ya está demodé. Vuelan otros tiempos.

Para hablar de Gabriel Rufián, Bustos no tarda ni dos párrafos en citarte a Simone de Beauvoir y a Pico della Mirandola como si pasaran por allí. Ninguno de los dos personajes entra saltimbanqueando en plan wikipédico. Vienen del túnel de la biblioteca. “¿Es posible que Rufián sea la Simone de Beauvoir del soberanismo?”, se pregunta el escritor.

Mucho va a costar que los escritores cultos dejen de defender recortes en cultura, pues al final no les va a entender nadie. El tiro al Rufián se ha practicado de muchas y muy burdas maneras, pero coño, no creo yo que el chaval se merezca que le arrojen todo el Renacimiento encima.

Sobre la libertad sexual, y juro que en la misma columna, el nuevo y arrojado jefe de opinión de El Mundo nos comunica lo siguiente (y sigue hablando de Pico, de Beauvoir y de Gaby Rufián, o sea; bueno, y de la posmodernidad): “Empezando por el sexo y su orientación, que se pretende puramente electiva, emancipada de la genitalidad, con el sobrecoste repercutido en la cartelería de los baños públicos”. No sé yo si podré con tanta modernería. Que continúa comparando el alarido catalán con “el derecho de un chino de metro y medio a reivindicarse negro de masculinidad superdotada”. La sutileza es un deber, no un derecho.

En resumen, que El Mundo tiene nuevo y moderno jefe de opinión, y yo le deseo mucha suerte.

El otro gran movimiento del mercado de fichajes del posverano ha sido la salida de Fernando Garea de El País hacia El Confidencial. “He dejado El País después de nueve años. Lo he hecho para poder seguir escribiendo de política y Parlamento”, informó el periodista en twitter el día 13.

Ha sido una salida con enorme y sosegado aliento crítico pero sin victimismo. Que dice, pero no juzga, lo que está sucediendo con ciertos medios de comunicación en España. Esta vez no son las ratas las primeras que huyen.