Opinion · El repartidor de periódicos

Cayetana, el feminismo y lo mal que está el servicio

 

Hoy, sábado de desgana, leyendo los periódicos mojados, apetece distraerse discutiendo sobre una cosa muy gaseosa y multiforme llamada libertad de expresión. Esta misma mañana, el segundo periódico de España, El Mundo, ha publicado este texto en sus páginas nobles: “Hasta ahora ningún partido español ha tenido no ya la valentía sino la inteligencia estratégica de combatir la nueva tiranía colectiva que pretende imponerse bajo el rótulo intocable –¡puritano!– de feminismo. Tarde o temprano tendrán que hacerlo. Y si no vean hasta dónde ha llegado la marea. El próximo 8 de marzo habrá huelga de mujeres. Las convocantes –un abanico rojo, rojo– no solo pretenden que las mujeres no vayamos a trabajar. También nos exigen una huelga de consumo de productos femeninos: venga chicas, todas cuperas, gabrielas y primitivas. Una huelga de cuidados: que se apañe la abuela con su alzheimer. Y falta saber si una huelga de celo. No es una huelga pro-mujer sino anti-humana”.

La autora de tan bellos epítetos y locuciones se llama Cayetana Álvarez de Toledo, periodista (eficiente, humilde, currante y generosa compañera, en lo que a mí concernió), décimo tercera marquesa de Casa Fuerte, ex diputada popular, apóstata del marianismo hasta el punto de romper el carné del PP, y hoy patrona de FAES.

A mí, en lo íntimo, que la derecha de la derecha de las marquesas dé su opinión me parece bien. Incluso cuando dicen que “nos exigen una huelga de consumo”, como si la huelga fuera un deber para las marquesas. Y no un derecho.

Hay que explicarle a las marquesas que no se sientan en la obligación de secundar la huelga. Pueden seguir trabajando en lo suyo incansablemente. Organizando el servicio para el té de las cinco. E implorando al marqués que pare de beber a eso de las siete, porque hay palco en la ópera a las ocho y no está bien visto roncar. Decirle a las criadas que dejen cena fría en el boudoir y llamar a Sisita para recordarle que mañana tienen fisiofacial a las doce. Que una huelga no altere la rutina de las marquesas, pues podría colapsarse el país.

Mi querida marquesa Cayetana Álvarez de Toledo invoca a las fuerzas del bien para “combatir la nueva tiranía colectiva que pretende imponerse bajo el rótulo intocable –¡puritano!– de feminismo”. Denosta la huelga de mujeres porque, si las mujeres no trabajan, “que se apañe la abuela con su alzheimer”. Sospecho que Cayetana solo tiene servicio femenino en sus palacios, de lo contrario no llegaría a tan versallesca conclusión: ¿no puede apañarse un hombre con el alzheimer de la abuela? ¿Un valet, un lacayo, un valido, tu esposo, tu amigo, tu hermano? Yo, que soy hombre y defiendo tu derecho a huelguear, me encargo de tu abuela, compañera marquesa. Mándame un privi por tuiter y te doy mi teléfono, Cayetana, si no lo tienes.

Vejar a las víctimas de ETA es un delito. Excede los límites de la libertad de expresión. Hablar de la “tiranía colectiva del feminismo” quizá también pueda ser vejatorio para tantas víctimas mortales del machismo (muchas más que de ETA, si aceptamos demagogia). Sin embargo, yo quiero seguir leyendo estos artículos de Cayetana. Nunca los publicaría, pero tampoco los condenaría judicialmente como impublicables. No deseo a nadie una mordaza, y menos en forma de ley. Y no sería civilizado meter a una marquesa en la cárcel, habiendo tantas rastas y tuiteras, vagas y maleantes, tan cerca de aquí.