El taller del PSOE

Aníbal Malvar

El PSOE es un partido tan súper-o-sea que hasta tiene un taller de sociología y una Escuela de Buen Gobierno. Gracias a tan neuronales instrumentos acaban de descubrir, para asombro universal, que existe una campaña mediática a favor de Ciudadanos, y de ahí vienen todos los males y plagas que, de siete en siete, van llevando a la formación socialista al limbo de la irrelevancia. “Estamos ante una clara operación política que, además de ensalzar a Ciudadanos, busca machacar o ningunear al PSOE. Y eso produce efectos”, ha dicho en las ágoras el dirigente José Félix Tezanos.

Los que no tenemos taller de sociología en casa no habíamos caído hasta ahora. Pensábamos que, millones del Ibex-35 aparte, el éxito de los de Albert Rivera mucho tenía que ver con la irrefrenable derechización del otrora partido socialista y obrero. El votante acepta la mentira, pero no traga el disimulo, que ha sido la estrategia que ha guiado los gobiernos de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero, y la oposición sui generis de esa veleta ideológica a quien conocemos como Pedro Sánchez.

El País, órgano oficial de la vieja guardia socialista, rucio trotón del sanchopancismo de la izquierda más acomodaticia, le concede al evento rango suficiente para abrir con él sus páginas de nacional. Allí, en boca del ex jefe de la OTAN y ex ministro Javier Solana, se destacan estas sesudas reflexiones: “Yo no estoy contento con nuestro partido. Vosotros tampoco estáis contentos con vuestro partido. Tenemos que hacer todo lo posible para estar contentos con nuestro partido”. Ante tal profundidad dialéctica y epistemológica, no cabe duda de que la caída del PSOE y el ascenso de C´s se debe a un contubernio de fuerzas ocultas y perversas del lado oscuro. En todo caso, gracias al discurso histórico de Solana ya tenemos lema para las próximas elecciones generales: “Vota contento”.

En El Mundo ponen en relieve el desplante que ha protagonizado Susana Díaz al no acudir a la tal Escuela de Buen Gobierno. Señala el diario de la bola en su editorial que la ausencia de la presidenta andaluza es consecuencia de “la estrategia de revanchismo orgánico” que guía los actos y omisiones del camarada PS. Llevan razón. Es absurdo cabrearse y después ser revanchista cuando solo te han cortado la cabeza y la han paseado clavada en una pica por Ferraz. Pedro Sánchez no sabe aguantar una broma.

En ABC aparcan la escuela socialista en páginas muy interiores y destacando, además de la ausencia de Díaz, el “ambiente alicaído” que se respiraba en la convención. “Es muy injusto lo que nos está pasando”, dice el periodista Víctor Ruiz de Almirón que le escuchó a miembros del partido en el citado evento. También se destaca el “desconcierto” en las filas socialistas por el rechazo del secretario general a la prisión permanente revisable. En esto coinciden el centenario diario y su miniyo La Razón. Ambos rotativos deben estar muy informados, pues, a tenor de sus crónicas, se deduce que en el fondo todos los socialistas de bien desean y anhelan la cadena perpetua. “El reto de Sánchez”, escribe Antonio Martín Beaumont en el periódico de Planeta, “es aguantar la mirada de las víctimas” tras el debate del jueves en el Congreso sobre la pervivencia de la prisión permanente en nuestro ordenamiento jurídico. Las víctimas. Siempre las víctimas como argumento. Como comodín infalible para los desmanes derechizadores de la brunete mediática. Son dobles víctimas: de la atrocidad y de su manipulación. Ya tenemos otra cortina de humo para olvidarnos de Eme Punto Rajoy.

Quería terminar sin hablar de la muerte de Mmame Mbaye en el barrio de Lavapiés, pero no puedo. La Razón culpabiliza a Manuela Camena, como no podía ser de otro modo, por tuitear lo siguiente: “En el ayuntamiento investigaremos a fondo lo sucedido”. Unánimemente, nuestros periódicos de papel dan por hecho que Carmena estaba acusando veladamente a la policía local de haber provocado la muerte de Mbaye. Nada se dice de que, quizá, vivir sin papeles 14 años puede tener algo que ver con un infarto. Catorce años huyendo pueden provocar un cierto estrés.