Opinion · El repartidor de periódicos

ETA, ‘vendetta’, ‘procés’ y ‘target’

De un tiempo a esta parte me abstengo de pensar, pues de transmitir mi pensamiento ya se encargan El Mundo y otros periódicos muy serios que se deshojan en el otoño eternamente caduco de los kioskos. Leo en el diario fundado por Pedro Jota, y hoy dirigido con pluma de plomo por Francisco Rosell, que “ningún ciudadano español […] entendería que los terroristas encarcelados por sus crímenes recibieran tratos de favor”. Cuando un periódico me dice eso de “ningún ciudadano español” o “todos los españoles” o la “mayoría de los españoles” me doy cuenta de que nuestros bosses mediáticos siguen exhalando un retufillo paternalista que apesta a antañazo, a 625 líneas, a sargentos bajo palio y a no te metas en política. Pero el público, poco a poco, va respondiendo a ese paternalismo matando al padre. De hecho, hoy nuestros cuatro grandes no venden juntos lo que hace veinte años repartía cada mañana solamente El País.

A los viejos periódicos les pasa como al PP. Van buscando seguidores en un target que ya no existe, que ya se extinguió lenta y dinosauriamente bajo el asteroide criminal y paciente de la aguja del reloj. La última performance de ETA nos lo ha vuelto a poner de manifiesto. Hasta han sacado a Jaime Mayor Oreja del sarcófago alcanforado donde le dejaban disfrutar la siesta eterna de franquismo y placidez que tanto añoraba. El debate vuelve a ser el mismo que en la época de José Luis Rodríguez Zapatero: ¡España se rompe, nos roban Navarra, y a Josu Ternera le van a dar el premio Nobel de la Paz y el ducado de Palma!

Curiosa es la página editorial de ayer en ABC, pues el torcuatiano diario antepone en sus exégesis el debate sobre la eutanasia al fin de ETA. Yo también lo antepondría. ETA ya no es importante, salvo en el dolor compañero de las víctimas. Y ese no se arregla ni se palía con cadenas perpetuas y alejamientos carcelarios contrarios a los derechos humanos. Vale que hay 300 crímenes sin resolver. Que se resuelvan. Nadie pidió lo contrario. Como nadie pidió excarcelaciones arbitrarias ni spa en los módulos de los etarras.

Por supuesto, no podía faltar en esta ensalada de nostalgias y periódicos mal vendidos el parangón entre el terrorismo de ETA y la “rebelión” violenta de los indepes catalanes, cuya algarabía fue tan sangrienta que provocó que un policía le rompiera un dedo a otro policía mientras aquel aporreaba a un feroz fotógrafo de prensa acurrucado en el suelo. Si es que parecemos Venezuela, chicos.

Para ABC, con su disolución definitiva “ETA inaugura el procés vasco”. Como Paco Marhuenda tiene tanta imaginación como Bieito Rubido, titulaba La Razón: “ETA se disuelve para iniciar el procés en el País Vasco”.

Me gustó del editorial de El País que golpeara a ETA en el mentón que más le duele. El del ridículo. Pues sus actuales manifiestos de paz, tan pretendidamente versallescos, nos harían partirnos el culo de risa a los poetas si no fuera porque estamos sentados en la valla de un muy triste cementerio. “Heredamos aquella violencia y aquel lamento, y nos corresponde a nosotros y nosotras que las generaciones venideras recojan otro futuro”, versifica el texto de la banda que recupera, con gracia y tino, El País. El periódico de Prisa lo califica de “lirismo inaceptable”. A veces estar esclavizado por una jefa que te obliga a leer encadenado los viejos periódicos cada mañana, te deja alguna de estas alegrías, cual avecilla al albor.

Lo malo es que a Josu Ternera le pasa lo mismo que a casi todos los españoles: que estamos más dotados para las armas que para la pluma. Garcilaso dejó herencia escasa.

Pero, volviendo a El País, es el único cuya tinta no huele a vendetta. “Tiempo habrá, por lo demás, para tratar de la situación de los presos: se resolverá siguiendo los cauces ya establecidos, sin que pueda interpretarse nunca como una concesión política al final de la organización. Sin olvidar nunca que la justicia tiene todavía pendientes muchos crímenes sin resolver. Colaborar en su resolución sería la mejor fórmula para dejar el pasado definitivamente atrás”. Ya lo dije antes: cual avecilla al albor. No piden garrote vil para los etarras ni otras marhuendeces.

Les llamarán buenistas, a los de El País. Pero el otro día le escuché a Zapatero, en el programa de Ferreras, una frase que me llegó a lo más somatosensorial del hipotálamo. Hablaba el ex presidente socialista del acercamiento de presos y de generosidad:

–Me llamarán buenista –cito de memoria–. Y sí, de acuerdo, pues lo soy. Soy buenista. No he leído en ningún sitio que un político tenga que ser malvado.

Yo me quité el sombrero, aunque no llevaba. Y nunca me quito el sombrero ante nadie, como los amantes de muñecas de Brassens.

No sé cómo terminar esto. A veces, cuando llegas al final de una historia, te das cuenta de que no tienes final, y eso significa que no eras la persona adecuada para escribir esa historia. Es lo que me pasa ahora mismo a mí. Se me ocurren nombres de personas más aptas para escribir, mucho más bellamente que yo, la última frase. Un montón de nombres de personas. Irene Villa, Edu MadinaSandra Carrasco, hija de Isaías, Eulàlia Lluch… Tantos.

(Disculpad la ternura. A partir de mañana os prometo que voy a intentar volver a parecer un tipo duro).