La última cena con Tartar de Sánchez y aguacate

30 Sep 2016
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El polaco Witold Gombrowicz, que vivió algunos años en Argentina, escribió un extraño cuento. El relato describe la extraordinaria y delicada exquisitez con la que unos anfitriones quieren agasajar a sus invitados, advirtiéndoles de que jamás volverán a probar manjar igual. En la mesa, un excepcional guiso de coliflor. La prensa local del día siguiente recoge la noticia de que el niño Coliflor ha desaparecido…

Casi levitando, están los 17 revoloteando muy atareados en la enorme cocina donde andan preparando la receta más deseada del momento, “Tartar de Sánchez con aguacates”. Televisiones de medio mundo han acudido para informar del festín que están cocinando. A la última cena no pueden faltar, además de los propios cocineros y pinches, el mismísimo dios, su lugarteniente y su correcta heredera. También se esperaban visitas de personajes de alcurnia y alto copete dispuestos a rendir pleitesía y cobrar el jornal.

Habiendo recibido por correo electrónico las instrucciones de la Sultana Mayor Federal, todos y cada uno ya saben sus cometidos. Con el gorrito sobre la cabeza y los pelos bien recogidos, están impecables. Saben que van salir por la tele.

El grupo más nutrido es el andaluz con siete primeros espadas de la cocina. Con los cuchillos muy afilados para filetear la carne están los tres castellano-manchegos y dos madrileños. Aragón, Extremadura, Cataluña, Canarias y la Comunidad Valenciana también aportan su granito de arena de valor incalculable; son los pinches.

Hay que trabajar con cuidado, porque no hay que machacar el Sánchez, sino cortarlo para picarlo finamente. Los expertos filetean primero, después lo cortan en tiras finas y más tarde pican las tiras en pequeños trozos. Si el Sánchez está ligeramente congelado, mejor, porque la operación se hace mucho más fácil; aunque no es necesario.

Alguno pregunta si hay que darle trompazos como a los pulpos y para eso llaman a un gallego que sabe mucho. No, no hace falta. Aclarado. Surge la duda de si hay que cocerlo vivo como a los bogavantes. No, burro, que al Sánchez nos lo comemos crudo, confirma uno de los cocineros que manda más.

Cuando ya están de acuerdo en todo lo anterior, el más listo de los cocineros lee la receta enviada desde el sur para saber qué más se necesita para, más o menos, veinte convidados. Seamos generosos, porque si sobra algo, lo enviaremos a Caritas, dice el más progresista. Se oye una voz cantarina que canturrea los ingredientes y condimentos. 50 cucharaditas de vinagre de manzana (para que se avinagre bien la cosa), 3 o 4 litros de aceite de oliva muy virgen y extra (que al amado líder le gusta mucho), limones, mucho limón (¡toma ya!), un bote de salsa de soja (que a nuestro amado timonel le gusta mucho desde que fue a China para aprender lo de los gatos negros y blancos que cazaban muchos ratones), de salsa Perrins cuarto y mitad (que da un saborcillo…), 20 kilogramos de tomate ( así se disimulará mejor el colorcillo que va a tener la cosa), pongamos que 200 cebolletas (para poder lagrimear cuando nos enfoquen las cámaras) y 40 hermosos aguacates y sal. No falta el pelota que advierte. “No os olvidéis del saco de naranjas, que a Arfonso le encantan” (más de uno sabe el porqué y a Ximo se le atraganta el paladar).

Alborozados, continúan con la lectura de la receta. Las instrucciones no pueden ser más precisas y sugerentes. “Colocamos el Sánchez en un cuenco y lo condimentamos con el vinagre, el aceite, el zumo de limón, la salsa de soja y la Perrins. Sazonaremos al gusto, sin pasarnos, para no arruinar el resultado. Cubrimos el cuenco con papel transparente (para no perder detalle) y lo dejamos macerar en la nevera cosa de 30 minutos”.

Mientras, los pinches se ponen a pelar las cebolletas, los aguacates  y los tomates. Lo pican todo muy finamente. El tomate bien escaldado en agua recién hervida, para terminar refrescándolo inmediatamente en agua helada. De esta manera, la piel sale con mucha facilidad. El tomate, no el Sánchez.

Transcurrido el tiempo de reposo, todos a una, como Fuenteovejuna: agregan las cebolletas, los aguacates y los tomates picaditos y escaldados al Sánchez. Con frenesí, remueven bien y prueban. Añaden una pizca de sal para ponerlo al punto y lo cubren bien de nuevo, para dejarlo reposar una segunda vez y !hala a la nevera durante 30 minutos!

Para degustarlo hay que tener en cuenta que es un bocado nutritivo, fresco y ligero, perfecto para compartir en estos días primeros de otoño. Aunque puede ser un buen aperitivo, quieren que sea un plato muy principal.

Los pinches, con diligencia suma, se apresuran a disponer el condumio sobre la mesa graciosamente adornada para la ocasión. No todos los días pueden comer con dios. Respetuosamente, esperan.

Entre nubes de incienso y fragancias embriagadoras, “surge” (porque parece que no anda, sino que son ángeles los que le trasportan) el Jarrón Chino y el siempre-admirado-Alfonso-Guerra-porque-si-no-no-sales-en-la-foto que le precede arrojando a su paso innumerables pétalos de flor. La banda entona la Marcha Triunfal. El Palio enmarca al añorado líder, en otrora huésped del Azor (nobilísima nave donde las haya). Apenas unos centímetros por detrás, la Sultana. Gritos de “que se besen”, “que se besen”… El barullo es indescriptible. Ofrecen al amado líder el Sánchez con aguacates. Soberbio. Impresiona la escena. El amado líder convoca a los 17 para que uno tras otro desfilen para espetar al tartar unas cuantas verdades. Lágrimas auténticas se desparraman por las mejillas de todos los asistentes.

La ceremonia de la demonización y expiación se inicia. El inefable líder, Felipe, marca la pauta, abriendo el fuego (como era de esperar), al tiempo que se sirve una suculenta porción del manjar.

“Por tu culpa”, sentencia. “Regionalmente, nunca hemos sacado peor resultado en el País Vasco, a pesar de las cosas que hicimos… y pá, pá, pá”. Tuve que decirle a Barrionuevo aquello de “sé fuerte, Pepe”, al entrar en la cárcel (él, no yo). Después, el pobre Rajoy me lo copió, el muy malandrín, y lo digo sin acritud. Rá-tá-tá-tá… (Pareció, durante unos instantes, que los espectros de Lasa y Zabala flotaran sobrenatural y súbitamente como lenguas de fuego sobre las cabezas de los congregados). Tranquilos, que no pasa nada. La obra tiene que continuar.

Alfonso Guerra, con una calma pasmosa y electrizante, señala con el dedazo que le ha salido de tanto hacer fotos. “Por tu culpa. Ni cuando mi hermano Juan hacia negocios en la antesala del antedespacho, tuvimos tan malos resultados como contigo”. Pá-pá-pá. El tartar de Sánchez tiembla como si fuera un flan. Pá, pá, pá.

“Por tu culpa”, grita Susana Díaz descontrolada y con un pie sobre la mesa blandiendo un par de banderillas con las manos y otras dos sujetas entre sus labios carmesí. ¡Lo hago por España!, ¡Todo por España!. El coro responde: ¡Torera!. La concurrencia grita cada vez más enardecida. ¡Que le den el rabo! vocifera un espontáneo al que se le escucha por encima del guirigay. Pá, pá, pá.

Ximó Puig le ha cogido el gusto y al ver los micrófonos no puede evitarlo. Ajusta las gafas y acusa. “Por tu culpa. Ni cuando hicimos la reconversión industrial y arruinamos Sagunto (por ejemplo), nos votaron tan poco”. Sin embargo, no puede impedir un glups: “claro que a los valencianos les cayó a continuación un porrón de años de PP, Camps, la Gürtel, la Rita, el Blasco… Ufff”. Pá, pá, pá. Rá-tá-tá-tá.

Verónica Pérez, que no pertenece a la banda de los 17, pero que se ha colado llevándole la cola a la Sultana, se aproxima al catafalco y proclama: “por tu culpa. Yo soy la única autoridad”. “Tú ya no eres nadie” añade desafiante, mirando el tartar y como perdonándole la vida. Algunos se sorprenden. Tantos años esperando saber cosas y hoy también nos enteramos de quién es el Elefante blanco que esperaban el 23-F. No hay mal que por bien no venga. Rá-tá-tá-tá. Pá, pá, pá.

El castellano-manchego García Page se encara con lo que queda del Sánchez y le dedica una mirada firme, patriótica. “Por tu culpa. Nunca perdimos tantos votos y si la Cospedal (qué elegante es esta mujer y qué bien se expresa, sobre todo en diferido) nos gobernó fue por un accidente sin importancia. Pelillos a la mar. En cambio tu eres un taimado traidor, independentista, secesionista, separatista, socialista (huy, esto último no quería decirlo). Te hemos descubierto. Hemos confirmado que tenías un plan oculto. Así lo hemos denunciado en un tuit en nuestra cuenta oficial del PSOE C-M”. Para que todo quisqui lo sepa: Iceta ha animado a los independentistas catalanes a formar gobierno con Sánchez”. Pá, pá, pá. Rá-tá-tá-tá.

Tomás Gómez va lanzado montado sobre su tranvía de Parla, pequeñín, como de juguete. “Por tu culpa. Jamás en Madrid nos han votado tan poco, ni nadie nos ha querido dividir con tanta saña. El Partido Socialista de Madrid era un ejemplo de decoro y de inquebrantable unidad, hasta que nos echaste, a mí y al alcaldable derrotado Carmona. Vive Dios, que buenos vasallos seríamos, si hubiere buen señor. Por estas elevadas razones, pido solemnemente el voto para don Mariano Rajoy. Bueno, no es necesario, bastará con la abstención, me apuntan…”. “Señores, un brindis: ¡Por España y contra los independentistas! ¡Larga vida a Rajoy!” Y ataca: “El vino que tiene Susana, ni es blanco ni es tinto, no tiene colorrrrr”. Pá, pá, pá. Rá-tá-tá-tá. Pum.

En un arrebato, le interrumpe Antonio Pradas, andaluz y ex-secretario de Política Federal: ¡Viva el federalismo pluscuamperfecto! Los vítores son atronadores. Varios dimisionarios, con la lengua más suelta porque han visitado la bodega, no se contienen: ¡Viva el Ibex 35! ¡Viva las puertas giratorias! ¡Vivan las caenas! Pum. Rá-tá-tá-tá.

La exaltación llega al máximo con la catalana Carme Chacón. Teatralmente se acerca a la fría marmita donde silenciosamente reposa el tartar que se están repartiendo como buenos hermanos. “Por tu culpa. Ni siquiera después de la golfada del referéndum de la OTAN y de no haber cumplido ni uno solo de los tres compromisos adquiridos, sufrimos tanto electoralmente hablando. Y yo de eso sé mucho porque he sido ministro de la Guerra. Ojito, chaval”. Pum. Booom. Pá, pá, pá. Rá-tá-tá-tá. Pum.

Fernández Vara, que tampoco es uno de los 17 magníficos, ha cogido sitio en la fiesta con honores. Su intervención pidiendo el voto para los socialistas vascos y gallegos fue muy celebrado; y, por lo visto, muy mal interpretado, porque casi todo el mundo entendió que arruinaba y apuñalaba a su jefe. Por todo esto, la audiencia esperaba ansiosamente sus palabras ante el Sánchez con aguacate. No lo dudó: “Por tu culpa.  Eres un insensato sin escrúpulos. Lo sé porque lo he leído en el editorial de El País“. En este momento los aplausos son atronadores. Desciende desde lo alto el Plasma y ahí vemos a Cebrián que levanta el pulgar y hace el universal signo de la victoria. Les reconforta. “Estamos sembrados. Buen provecho, compañeros”. A continuación se ve en la pantalla a Fernández Díaz que le impone dos medallas propias de su ministerio, la de la Virgen de los Desamparados y la de la Santa Inquisición. Cebrián, emocionado. Es el momento que aprovechan los propietarios de El País para repartir golosinas entre los asistentes (tres bancos, un Sultán y varios Buitres). Fernández Vara, antes de retirarse, increpa al tartar blandiendo el carnet de..  AP . (Cielos, qué error… ). Rá-tá-tá-tá. Pum. Puuum.

El climax llega cuando, tras la actuación de los restantes Magníficos, entra con paso poderoso, ni más ni menos que, Joaquín Leguina. Los focos le acompañan hasta situarse frente a los restos que le aguardan del Sánchez con aguacates. Sus primeras palabras son para disculparse en nombre propio “por los pocos minutos que puede dedicarle a este histórico acontecimiento ya que me esperan en el 13tv” y de Corcuera “que ya está ahí en el plató, siempre luchando por la justa causa del socialismo unido y auténtico”. El ex-presidente madrileño pide calma. “Yo acuso” son sus siguientes palabras. Enmudece la asamblea. Todos comprenden. “Ni cuando nos destaparon el asunto de los EREs y tuvieron que esfumarse Griñán y Chaves, nos castigaron tanto los andaluces. Por fortuna, la divina providencia había previsto que en nuestras filas estuviera presta Doña Susana para llevarnos a la victoria. Por tu culpa hemos estado a punto de pactar un gobierno de izquierdas. Fementido traidor. ¡Patria o Muerte! truena Leguina. ¡Patria o Muerte! responde el coro. Pum. Booom. Pá, pá, pá. Rá-tá-tá-tá. Pum. Boooommmm.

Se les fue acabando la noche, todos felices con sus copas en las manos y el regusto del tartar en la boca. Estaban dando una lección que el mundo no olvidaría.

Dos figuras apenas se recortan en la penumbra bajo la luz de dos faroles escuetos y lejanos. Quedan iluminadas al abrirse la puerta que da paso al primer comensal que abandona el ágape. Mirando atrás les recuerda a sus amigos: “el último que no olvide apagar la luz”. Y fuese, dejando atrás también a los dos personajes que la oscuridad vuelve a ocultar. Pablo, el Viejo, anonadado, parece mover la cabeza con tristeza al  musitar “más de 100 años…”. Pablo, el Joven, no puede evitar estremecerse y abrazar con ternura el cuerpo del anciano tipógrafo. No supo qué decirle. Y ambos hicieron mutis por el foro.


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