Sobre el tapete

Feijóo es el okupa de Génova y el menú de Puigdemont no tiene plato de lentejas

Feijóo es el okupa de Génova y el menú de Puigdemont no tiene plato de lentejas
El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont, en una rueda de prensa a 25 de septiembre de 2021, en L’Alguer, Cerdeña (Italia). Lorena Sopêna / Europa Press

Escenario en Madrid. Lo que parecía casi imposible o, al menos, muy difícil ha sucedido. El bloque del PP con los ultranacionalistas de Vox ha fracasado. Abascal ha ayudado a que Feijóo no ganara lo que necesitaba y Yolanda Díaz y el voto catalán han ayudado a que Sánchez no perdiera. Renunciar al segundo debate porque andaban sobrados, les ha costado caro a los estrategas populares. El de Vox se convirtió en su peor delegado posible. Viendo el balcón del PP la noche electoral y escuchando a su público en la calle diríase que Feijóo ya es el okupa de Génova. Volarán los cuchillos.

Las encuestas. La remontada socialista ha sido espectacular. Y una mirada sin prejuicios a algunas de las encuestas pre-electorales publicadas nos permite comprender mejor lo sucedido. En primer lugar, a mediados de julio la fidelidad de voto del PSOE era del 69%, y la intención de voto a Sumar de quienes votaron UP en 2019 era del 67% y la de Más País era del 50%. Cifras a cuál más crítica, porque suelen anticipar pérdidas muy significativas el día de la verdad. Por el contrario, la fidelidad electoral en el PP alcanzaba el 80%, la de Vox el 88% y con un 45% de votantes procedentes de Ciudadanos dando su voto al PP por tan solo un 6% al PSOE. Echen números. También alguna encuesta nos informaba que el 60% de los entrevistados confesaba preocupación por un gobierno de coalición con Vox. Una preocupación que ha resultado determinante a medida que las encuestas advertían que el PP iba a necesitar los votos de VOX para llegar al Gobierno. Estas encuestas y la participación de Abascal en el debate del día 19 de julio hicieron un inestimable servicio a la causa de Pedro Sánchez y del antifascismo.

Catalunya ha sido decisiva para apuntalar la victoria socialista con 19 escaños y lo será también, en un sentido o en otro, con los siete de Junts y de Carles Puigdemont.

Panorama de Catalunya. Faltando tan solo por computar los votos del exterior y que, en lo sustancial no cambiarán nada, se constata que el PSC-PSOE ha vuelto por sus fueros, o casi: más de 1.200.00 votantes, con un trasvase significativo de votantes anteriores de ERC. No superaba el millón desde 2008 cuando Zapatero movilizó la participación con su promesa de que los catalanes tendrían el Estatuto de Autonomía que quisieran. Entonces en clave positiva. Ahora en negativo: para que Vox no incendie Catalunya.


Sumar/Comuns ha sido la segunda formación más votada: prácticamente, medio millón de votos. Pero, perdiendo casi cien mil respecto a los obtenidos en las anteriores generales por Comuns y Més País, que se presentaron separados.

Los votos de los difuntos Ciudadanos parecen haberse dividido en su mayor parte hacia PP (que crece en unos 180.000 y cuatro escaños) y, los menos, hacia Vox (que aumenta sus efectivos en 30.000 y mantiene escaños).

ERC sufre un auténtico descalabro, que sigue al de las recientes municipales, demostrando empíricamente el éxito de su estrategia de ampliar la base... del PSC-PSOE. Pasa de ser la primera fuerza política en las dos anteriores generales a la cuarta plaza. Pierde algo más de 400.000 votos respecto a las de noviembre de 2019, fecha en las que ya había perdido otros 150.000 con relación a las precedentes.


Junts no se beneficia lo más mínimo de la debacle de los de Junqueras. Incluso también pierde votos aunque su sangría sea menor: 140.000. El consuelo puede venir de su capacidad para bloquear la constitución de un nuevo Gobierno en Madrid, porque el menú de Puigdemont no tiene lentejas; el primer plato es la amnistía y el segundo un referéndum vinculante. En plena batalla campal con ERC no dispone de mucho margen. De su decisión dependerá, entre otras cosas, que se den mejores o peores condiciones para que prospere algún nuevo partido decididamente independentista en los próximos comicios autonómicos. Alguno hay en el banquillo...

La CUP pierde sus dos escaños y se queda sin representación, tal como le sucedió al Front Republicà cuando se presentó en mayo del 2019.

Por otra parte, es difícil valorar el éxito de la campaña llamando al voto de castigo contra los independentistas procesistas, porque mucho depende de cómo se hagan las comparaciones y de cómo se interpretan. El voto nulo ha llegado al 0,9%, lo que no alcanza al doble de lo sucedido en las cuatro últimas convocatorias generales, y es inferior al 1,58% de 2011. El voto en blanco se ha quedado en el 0,82% cifra superada por el 1,82% de 2011 y el 1,53% de 2008.

En cuanto a la participación, la cifra que arroja a día de hoy el escrutinio es de 65,4%. Este dato bajará cuando el viernes 28 se incluya el censo de residentes en el exterior y sus votantes (con una participación históricamente baja). Aunque sea así, en los últimos 15 años hay alguna participación también floja, como la del 63,4% del 2016. Observando los resultados de los partidos, sí que pueden aventurase algunas conclusiones. Habida cuenta que es fácil llegar a la conclusión de que muy pocos votantes de Ciudadanos se han pasado a los socialistas, su incremento (420.000) solo puede venir de los 50.000 perdidos por Sumar/Comunes y de los 410.000 extraviados por ERC. ERC no puede haber contribuido demasiado a la abstención. Por fuerza, la mayoría de los 140.000 perdidos por Junts y los 150.000 de la CUP sí que la han alimentado. Probablemente, al finalizar el cómputo, la participación habrá descendido en unos 300.000 electores.

Por último. Me parece muy probable que Papá Noel nos traiga para Navidad una repetición electoral, salvo que el Partido Popular y el PSOE alcancen algún tipo de acuerdo. Ya se sabe, nunca digas Nunca Jamás.

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