Dios

El otro día me encontré por la calle a un tío que me dijo que era dios. Yo no le hice demasiado caso, porque no llevaba barba blanca, ni manto gris, ni áurea. Salvo su palabra, nada me indicaba que aquel tío fuera dios. Pero no estoy acostumbrado a prejuzgar a la gente. Así que me lo metí en el bolsillo y le hice un poco de caso.

Como todo historiador sabe, hacerle un poco caso a alguien que se cree dios suele ser fatal para la humanidad. Y para Galileo, viejo amigo. El Vaticano apoyó a Hitler. Como todo el mundo sabe, existe una sola manera de hacerle caso a los dioses. Como son imaginarios, no es complicado hacerle caso a los dioses si imaginas que los dioses te hacen caso a ti. Entre tu dios y tu yo no hay tantas diferencias. Quizá la espesura de la barba. O un halo de nubes que es más iconográfico que real. Y por eso es tan real. Dios solo nos hace caso cuando nos lo acabamos de inventar. Y nosotros solo hacemos caso a los dioses que nos acabamos de inventar. Se llama maniqueísmo. Es la historia del mundo. Y por eso nos damos pena. Algunos. E inventamos purgatorios. Inventáis.

Me hizo enorme gracia la reacción popular a la propuesta de Puigdemont para salirse de la unión europea. Todo el mundo se rió muchísimo. Como si la Europa que hemos creado no fuera detestable. ¿Alguno de vosotros tenéis cojones u ovarios para decirme que esta Europa que recluye a los refugiados en los campos inhóspitos de Grecia y Turquía es vuestra Europa? Ahora que viene el invierno muchos niños van a palmar allí. Yo me quiero salir. Yo me quiero bajar. Yo quiero puigdemontiarme. Quiero ser otra cosa. No sé qué cosa. Pero otra. Me encantaría vivir en una Europa filibustera que no dedicara tantos esfuerzos a repescar cadáveres mediterráneos. Estoy seguro de que es más barato pescarlos vivos. Y me dan mucho asco mis palabras, pero en estos tiempos las palabras que no te den asco no merecen ser sinceras.

Nos creemos que Europa es dios. Sin embargo, cuando hay que invadir ilegal, asesina e irracionalmente Irak nos saltamos Europa. Invocamos Europa como el mantra del sexo tántrico de la convivencia. Yo estoy preparado, como periodista europeo, a contar cómo van a morir niños refugiados en Turquía y Grecia este invierno. ¿Estáis vosotros preparados para leerlo? Ah, la vieja y bella Europa. Y, por supuesto, el tema catalán. O sea.