La comedia de la ONU

20 Sep 2011
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Palestina se propone esta semana llamar a las puertas de Naciones Unidas, pero resulta que este club tiene reservado el derecho de admisión, y para colmo lo controlan unos pocos miembros con capacidad para vetar nuevos socios. El club también tiene normas estrictas, y a menudo castiga a los infractores, pero sabemos que hay un socio que se las salta a placer sin llevarse ni un tirón de orejas. Y para colmo, este socio incumplidor se dedica estos días a enredar entre los demás miembros para que no abran la puerta al que llama.

Ya ven, esta es la comedia de la ONU, a la que Palestina llega con casi más melancolía que rabia. Un club para el que entran ganas de dar la vuelta a la famosa frase de Groucho Marx y decir que preferiríamos no ser miembros de un club que admite en su seno a ciertos socios.

Como para Estados Unidos y la propia Israel es poco presentable dar un portazo en las narices a los palestinos ejerciendo el derecho de veto del primero, estos días presionan con todas sus fuerzas (que son muchas) a otros países para que no acepten ni su admisión ni siquiera el premio de consolación de ser reconocido como Estado no miembro por la Asamblea General; y por supuesto presionan a los propios palestinos para que se lo piensen mejor antes de tocar el timbre.

En esa labor disuasoria participa también nuestra Unión Europea, que siempre ofrece a los palestinos solidaridad y compresión pero sin pasarse, una palmadita en la espalda para a continuación pedirles que sigan por la vía del diálogo y la negociación, pues hablando se entiende la gente.

Las apelaciones al diálogo y al proceso de paz como alternativa a acudir unilateralmente a la ONU son de una comicidad siniestra. Hemos perdido ya la cuenta de las conferencias, mesas y procesos celebrados en décadas, como hemos perdido la cuenta de los presidentes norteamericanos que prometieron volcarse para resolver el conflicto, y de las guerras regionales e invasiones cuya contrapartida, tras desestabilizar la zona, iba a ser un relanzamiento del proceso de paz.

Ahí siguen los palestinos, asfixiados por un Israel que entre tanto se aplica a fondo en hacer inviable su Estado, mientras se consume una generación tras otra de palestinos cada vez con menos esperanzas. Ahí siguen, esperando que la primavera árabe pase también por Gaza y Cisjordania, pero se ve que no.


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