Puntadas sin hilo

La revolución ha llegado en forma de urna

Nunca unas elecciones, y menos circunscritas a Europa, habían causado tales destrozos y expectativas en la vida nacional. Da la impresión de que la legislatura se ha acabado y el Gobierno ya no gobierna. Todo gira ya alrededor de cambios y proyectos para las próximas elecciones, municipales, autonómicas o generales. Rubalcaba ha muerto matando y astutamente promociona a Susana Díaz, clara ganadora en Andalucía, fantástico resultado pese a la tormenta de los ERE, pero el PSOE sigue siendo un infierno del que todos luchan por salir. Rajoy intenta que el lumbago electoral no la haga mella y anuncia que se acercará más al pueblo, sin que éste le crea. Izquierda Unida ha quedado como gallo desplumado y con la cabeza cortad que ya no canta al alba. Rosa Díez, porque a UPyD solo se le conoce como el partido de Rosa Díez, ha visto que no todo el monte es orégano para desbrozar lo existente y ha perdido un tanto los aperos. Los nacionalistas se agitan y encorajinan fingiendo serenidad y firmeza. Y Podemos ha sido a eclosión que ha puesto todo patas arriba, con el contento bastante general de la población. Ya no hay política, solo hay toma de posiciones. Los partidos han saltado por los aires y Podemos ha traído la revolución pacífica y en forma de urnas, salvo que nos llenemos el cerebro de babas y digamos que los disturbios de ayer y anteayer en Barcelona fueron obra de los frikis violentos de Podemos. Revolución que no les garantiza el triunfo, pese a los deseos de los millones de españoles que quieren cambios como sea. Pero las fuerzas de la reacción y el dinero no son tan fácilmente abatibles. Hasta el repugnante Felipe González dijo ayer que en España está de moda la revolución bolivariana, tratando de desprestigiar a Podemos con ese argumento típico de tertulias y periódicos ultra. Cuentan además con la solidaridad de la Europa conservadora y eterna, que quiere mantener sus privilegios.

Por aquí, de momento no habrá quien detenga la furia de Podemos, que está por ver si no se queda en algo más que ruido. Por de pronto, no será posible, vaticino, acuerdos con la otra izquierda, pues Iglesia, vaticino, en ningún caso renunciará a su protagonismo, ni tiene por qué hacerlo. Al fin y al cabo, él, que se ha hecho más famoso que Conchita Wurst, es el Michael Jackson de nuestra política, el revivido Ché Guevara de Vallecas, y ha sido el artífice de este renacimiento de esta ansia de cambio que vivimos. ¡Para qué luego digan que los líderes no son necesarios!

El país continúa más o menos igual, pero sin que los políticos lo atenacen. La rebelión ha estallado. Iglesias ya se ha convertido en el personaje más odiado y admirado de España. Unos esperan todo de él y otros le temen y ya han comenzado a desarbolarlo con mentiras y verdades. Pero él tiene la legitimidad de los votos - lo digo yo que no le he votado - alcanzados y previsiblemente a alcanzar. Tiene, pues, el consentimiento popular para su revolución. Pesada pero apasionante carga. Sin quererlo ha vuelto a hacer realidad las dos Españas, ahora pacíficas. La campaña electoral para 2015 ha comenzado. La más larga de la historia, la que más merecerá la pena. Se confirma que la vida es una permanente elección.