Opinion · Puntadas sin hilo

¿Estamos mejor o peor que antes de las elecciones?

Aun con la momentánea confusión y los diálogos tramposos de los partidos, estamos muchísimo mejor porque, de un lado, hemos roto con la dictadura de hecho otorgada al Partido Popular, y, de otro, han surgido nuevas posibilidades de hacer política sin caer en los cepos tradicionales. Los españoles ya no nos dejaremos engañar más ni nos someteremos a un dualismo avasallador y excluyente.

Estamos muchísimo mejor porque queremos cambiar nuestras reglas oxidadas de vida.

Estamos mejor porque todo ha saltado por los aires y ya nada será igual. El cerrado círculo constitucional ha terminado.

Estamos muchísimo mejor porque ha aparecido con fuerza un partido, Podemos, que, con todos sus defectos e inexperiencia, luchará por los derechos económicos de los débiles y la discriminación de la desigualdad social. Tan es así, que si las viejas fuerzas pudieran, lo ilegalizarían.

Estamos mejor porque ya no aceptaremos ser prisioneros de nadie.

Porque esta revolución que se inicia no ha sido ni será sangrienta.

Porque el PSOE se ha tomado la purga de Benito y trata de sobrevivir, esperemos que con dignidad.

Porque es muy posible que Mariano Rajoy desaparezca de nuestras vidas, a pesar de lo que ha fanfarroneado hoy. Aunque la salida fuese Soraya presidenta y Susana vicepresidenta.

Porque el Partido Comunista, agazapado en Izquierda Unida, es una incógnita que debe aclarar.

Porque la corrupción será ya más difícil.

Porque la unidad de España ha dejado de ser un dogma y probablemente encontremos los mecanismos para dilucidarla. Porque se ataca inicuamente a Pablo Iglesias por promover un referéndum para sentarse a hablar con él. Es como si Podemos exigiese al PSOE que como condición previa renunciase a su aceptación de la monarquía y promoviese activamente la República. El PSOE y Podemos deberían dejarse de tiquismiquis, trabas y estúpidas líneas rojas e intentar reunir a todos los partidos del arco parlamentario con el fin de desplazar al PP del poder.

Porque a Europa se le pueden enseñar las uñas.

Porque, posiblemente, la Iglesia Católica perderá influencia, sobre todo si se consigue denunciar los Acuerdos con la Santa Sede.

Porque existe la posibilidad de que confiemos en la justicia.

Porque, con seguridad y gobierne quien gobierne, se derogará la Ley mordaza para ser más libres.

Porque la monarquía ha perdido crédito tras el espantoso mensaje de Nochebuena del Rey.

Porque unas nuevas elecciones no tiene por qué ser una catástrofe. Elecciones que probablemente se convocarán si el PSOE no apoya o se abstiene ante el PP.

Porque este país resiste el sospechoso escándalo de la CUP y la indignidad de Artur Mas, a quien si le pidieran que él mismo fregara con cepillo y jabón las escaleras de la Generalitat, las fregaría.

Porque le daremos al Parlamento una nueva oportunidad de que se regenere políticamente.

Estas elecciones han sido una vacuna que nos ha producido reacción, pero que nos inmunizará para convertirnos en un país decente. Estas elecciones serán las promesas de fin de año para el próximo que esta vez cumpliremos, con los desfallecimientos inevitables.

Y es que esas elecciones nos han hecho mejores personas.

Los españoles tendremos más control sobre las decisiones políticas que a diario tomen los partidos, que deberán respetarnos. Tendremos la posibilidad ciudadana de una moción de censura permanente para remover a cualquiera de sus cargos.

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