Opinion · El rincón del ñángara

Gringos, mentiras y bases militares

Lo de la base de Morón empieza a ser Inexplicable. Cada vez hay más actividad bélica, más marines, más aviones, más bombas y más guerras y cada vez menos puestos de trabajo. Los pueblos de la comarca están cabreados y con razón. A ver cómo se explica que los gringos quieran hacer un nuevo ERE – ¡ el cuarto, ya les vale, el cuarto! – y poner a 55 trabajadores más en la calle, a la vez que se vuelven frenéticos preparando, como auténticos filántropos, la nueva guerra humanitaria, que están a punto de desatar contra los terroristas de turno, los del Estado Islámico, más horribles que los anteriores de Al Qaeda, si cabe, y que andan por los desiertos de Siria e Irak decapitando periodistas.
No se entiende en Andalucía que traten con ese desprecio a la base que nunca les ha fallado. El Pentágono la ha activado siempre, en todos los conflictos importantes, empezando por la crisis de los misiles de Cuba o la guerra de Vietnam en tiempos de Franco y terminando por la de Ucrania en tiempos de Rajoy. Tanto monta monta tanto. Cuando una guerra ha llamado a las puertas del Imperio- y han sido muchas- la base de Morón siempre ha sabido estar a la altura de las circunstancias. Siempre ha sido así… hasta que algo sutil empezó a cambiar en la década de los noventa y terminó haciéndose evidente por los tiempos de la guerra de Kosovo. Entonces se vio la paradoja de que aunque se multiplicaban las guerras y los trabajos en la base, los despidos de españoles, contra toda lógica, progresaban en la misma medida.
Y en esa paradoja seguimos. Los muchos aviones y marines que entraron y salieron, pernoctaron, repostaron y comieron en la base de Morón durante las guerras de Afganistán, Siria, Irak, Libia, Somalia o Ucrania se tradujeron en más despidos para los españoles y en más trabajo para los yankees, ya fueran civiles, militares o espías. Porque en Morón hay de todo: desde marines borrachos que montan de vez en cuando algún que otro escándalo por los pueblos de alrededor, hasta un equipo especializado en vigilar el espacio profundo del firmamento que se dedica a controlar los satélites y los diversos aparatos que orbitan alrededor de la Tierra. Una pasada de base, ya les digo. Y con gente tan divertida como el coronel James Christmas, que se hizo famoso en su tierra por reconocer ante los periodistas que sus jefes le habían ordenado planificar, por si acaso, el asalto a la sede de Facebook en Menlo Park (California)
La manía de despedir a los trabajadores de Morón ha creado muchas tensiones. Por hacerlo corto, ya en la época de los atentados contra las Torres Gemelas, el entonces embajador George Argyros, mentía en público cuando aseguraba que no se reduciría la plantilla de la base. Pero en privado – según hemos sabido por las revelaciones de Wikileaks- enviaba escritos al Pentágono advirtiendo de que el conflicto laboral que entonces había en Morón “ponía en peligro las prometedoras relaciones entre ambos países”. Hasta Rubalcaba, cuando era ministro de Interior, llamó al orden a la embajada yankee por el asunto de Morón, sin que le hicieran el más mínimo caso, como salta a la vista. Roma nunca atiende a los criados. Ahora es la presidenta Susana quien ha tomado cartas en el asunto de la base y se dispone a triunfar donde fracasó la impotencia melancólica de Rubalcaba. Hablará, ha dicho, con Pedro Morenés y con James Costos. La Presidenta quiere convencerles de algo que es completamente lógico: Que colaborar para asesinar musulmanes a mansalva en Oriente próximo tiene por lo menos que garantizar los puestos de trabajo en la base de Morón.
No quiero ser agorero, pero aunque el argumento es impecable, la correlación de fuerzas o de debilidades no le es favorable a la Presidenta. La primera razón es que Morenés, que era vendedor de misiles antes de ser ministro, no tiene entre sus habilidades la de resolver conflictos laborales. La segunda es que Costos, que se dedicaba al espectáculo televisivo antes de ser embajador, tiene un concepto de la cooperación con los aborígenes andaluces que no pasa por darles trabajo, sino por ayudarles en las artes plásticas. No hay más que visitar su blog – “Siempre Adelante, Juntos”- para ver fotos enternecedoras sobre la susodicha cooperación; como esa del sargento Robert Downing, encaramado en una escalera, brocha en mano, pintando de azul el perfil de la puerta del convento de Santa Clara de Morón. Tres hurras por los marines.
Cómo si fuera el ébola la pasión por reducir plantillas ha llegado a la base de Rota, donde los trabajos para la guerra se habían hecho toda la vida de dios con el modelo de producción fordista. Ósea en cadena y masivamente. En Rota, a diferencia de Morón, los marines llegan acompañados de sus familias que se agrupan en la “Fleet Family Center” y que son una unidad potencial de consumo
En la base de Rota, que tampoco ha parado de crecer, nunca habían surgido problemas con el empleo. Y el futuro, con tantas calamidades bélicas por el mundo, era luminoso. Mucho más desde que Zapatero – flanqueado por dos señores de la guerra, el secretario de la OTAN Rasmussen y el de Defensa de EE.UU León Panneta- anunciara en Bruselas que el escudo antimisiles iba a traer mil puestos de trabajo. Mil más, como mil soles, con lo mal que andamos con el paro en Cádiz…
Así que nos hemos quedado de piedra cuando el comité de empresa ha dicho la semana pasada que “todo es una farsa y una mentira” y que desde lo de Zapatero se han perdido 140 empleos en la base, todos españoles, naturalmente. Lo que más duele es la hipocresía, porque los gringos nunca se habían quejado del trabajo de los andaluces y cómo muestra ahí están las cinco estrellas que el Pentágono concedió, hace nada, al restaurante de la base (todos los cocineros son indígenas) por su manera de guisar la urta a la roteña y por sus famosos menús bajos en sal.
No ayuda a levantar el ánimo en Rota las noticias que se filtran del flamante escudo antimisiles. El destructor USS Donald Cook, uno de los cuatro buques que conforman el escudo, ha tenido un serio percance en el mar Negro en plena crisis de Ucrania. Un avión ruso, equipado con el sistema de guerra electrónico conocido como Jibiny, ha puesto fuera de servicio los 4 enormes radares del barco, sus circuitos de control, los sistemas de transmisión, los 96 misiles de crucero Tomahawk y todo su sistema Aegis de última generación. El barco se quedó ciego y sordo mientras el bombardero ruso, un Su-24, le sobrevoló una docena de veces para mayor escarnio.
La tripulación, seriamente desmoralizada, ha vuelto a Rota, donde todavía intentan entender ese aforismo gaditano que dice: “estas más perdido que el barco del arroz”. El apotegma se refiere a un barco cargado de alimentos, que en la postguerra española se dirigía desde EE.UU a Cádiz… y nunca llegó. Terminó, como los mil puestos de trabajo, en manos de los estraperlistas.