Opinion · Realpolitik

¡Rompan todo! (Elogio de la heterodoxia)

Para mis lectores habituales no será ninguna sorpresa mi querencia por la cultura argentina, la política y la otra, ni mi admiración por el que creo que es uno de los músicos más relevantes de nuestro tiempo: El inimitable y afortunadamente poco emulado Charly García.

Mi enfermiza admiración  por Charly García, a quien por cierto tuve el placer de conocer  en Buenos Aires en  2010 (¿o sería 2011?) en los equinoccios culturales que organizaba el mejor embajador que nunca ha tenido España en la Argentina, Rafael Estrella, publicó en 1991 un disco, Tango 4, del que en medio de una vorágine de talento y brillantez, sobresale una versión barroca, alambicada y apoteósica del Break it all de los Shakers, a la que en un prodigio de originalidad el genio de Caballito renombró como Rompan todo.

Háganme caso, escuchenla.

Y fue precisamente esa cadena semántica, “rompan todo” la que utilizó Néstor Kirchner en su campaña de 2003 en un pequeño acto ante los llamados Jóvenes K  (cuadros jóvenes procedentes tanto del peronismo como del radicalismo) tratando de significakr  la necesidad de un cambio de paradigma en la política de pactos y alianzas en una argentina que tras una terrible crisis necesitaba de un liderazgo innovador y transversal que fuese capaz de superar  los tradicionales vetos cruzados entre peronistas y radicales para alumbrar un gobierno estable que se hiciera cargo de los problemas del país.

Evidentemente en España no estamos en medio de una crisis económico-política como la que asoló argentina a comienzos de siglo, pero sí que nos encontramos en un momento político en el que tras más de un año de campaña permanente, los espacios comunes de pacto, tradicionalmente diáfanos en nuestro país, se han transformado en una suerte de guerra de trincheras en la que cada pequeño movimiento de tropas significa una escandalosa pérdida de vidas, inasumible para cada bando.

Íñigo Errejón y Manuel Valls. EFE
Íñigo Errejón y Manuel Valls. EFE

Y en medio de esa debacle han emergido inopinadamente dos políticos absolutamente inesperados que han tenido la valentía de convertir en realidad la clave de bóveda expresada por Néstor, romper con los bloques, buscar nuevas vías de entendimiento, ensanchar espacios, desbordar los marcos referenciales previos : Iñigo Errejón y Manuel Valls.

Uno desde el centro y otro desde la izquierda han expresado la misma idea: Que no se puede construir una democracia avanzada pactando con los que no creen en ella y solo la utilizan para subvertirla.

Ambos, cada uno desde su espacio y en un alarde de generosidad digno de los padres de la Unión Europea, han ofrecido sus votos y sus escaños para impedir el acceso del nacionalpopulismo a espacios de poder sin más retribución que la simbólica.

Los dos, tan distintos ideológicamente como similares en su aproximación heterodoxa a un mundo complejo han producido un terremoto político cuyas réplicas, lejos de circunscribirse a Barcelona y Madrid, están comenzando a llegar a ayuntamientos y comunidades autónomas, un seísmo que ha dinamitado los bloques previamente existentes y abriendo espacios de entendimiento impensables hace solo dos semanas.

Nadie sabe aún cómo va a terminar el tiovivo de los pactos, probablemente muchos de ellos se cierren a última hora atendiendo a criterios más tácticos que estratégicos, pero de lo que pueden estar seguros es que si hay alguna posibilidad de cerrar el acceso al poder al nacionalpopulismo en su pueblo, ciudad o comunidad autónoma con acuerdos transversales, algo le deben a Iñigo Errejón y a Manuel Valls.