Ciencia en la Estación Espacial

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

La Estación Espacial Internacional (ISS, en sus siglas en inglés) se ha caracterizado por ofrecer poca tecnología novedosa y muy poca ciencia, si es que ha dado alguna. No podía ser de otra manera, porque lo único que singulariza a un laboratorio situado en órbita a unos 400 kilómetros de altura es la ausencia de gravedad. Pero esta fuerza de la naturaleza es tan extraordinariamente débil que es irrelevante para casi todos los procesos que tienen lugar en un laboratorio situado en Tierra.

Las reacciones químicas o bioquímicas que están en la base de la farmacología, los nuevos materiales, la biología, etc., están regidas por la fuerza electromagnética que es sextillones de veces más intensa que la gravedad. El estudio de la Tierra, en particular de su superficie, lo llevan a cabo con precisión inaudita otros satélites no tripulados, pequeños y baratos. Los telescopios orbitales hacen su papel astronómico como no podría hacerlo uno colocado en la ISS porque, al estar tripulada, los movimientos de los ocupantes lo harían inestable e impreciso. En cuanto a la exploración del cosmos, cada vez tenemos más claro que no hay donde ir ni manera de hacerlo con la tecnología actual.

¿Para qué está ahí la estación? Para justificar las ingentes cantidades de dinero gastadas por el delirio de la guerra de las galaxias de Ronald Reagan. Desde la época de Clinton hasta ahora se ha internacionalizado el tremendo artefacto de manera que paguemos todos y no sólo Estados Unidos. Sin embargo, por fin (nunca mejor dicho, porque vaticino que no falta mucho para que la ISS termine en el fondo del mar como terminó la soviética Mir) se va a hacer un experimento relevante: la posible detección de antimateria y materia oscura mediante un espectrómetro magnético llevado hasta allí por el último transbordador espacial.

Inmediatamente después del Big Bang, la antimateria generada (en la misma cantidad que la materia) se esfumó, lo cual no sabemos a ciencia cierta y menos aún tenemos dilucidado el mecanismo por el que lo hizo. Otro misterio que hemos de desvelar es de qué diablos está hecha la materia oscura que llena el universo más abundantemente que la luminosa. Si el espectrómetro colocado en la ISS da algún resultado sobre estos dos enigmas, no se podrá considerar completamente inútil el esfuerzo realizado para su construcción y puesta en órbita. Seamos optimistas, pero conste que los experimentos precedentes a este han dado resultados negativos.