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Ciencia y filosofía

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Tal vez el aspecto más negativo de la dicotomía entre "ciencias" y "letras", tema al que ya hemos dedicado varias columnas (y digo "hemos" porque los lectores y lectoras han participado de forma especialmente activa en este debate: ver en el blog los comentarios a Aritmofobia, Weltanschauung y Las tres culturas), sea el divorcio contra natura de la ciencia y la filosofía. Hace unos años le pregunté a Stephen Hawking cómo veía la relación actual entre ciencia y filosofía, y me contestó: "Ahora los filósofos solo se dedican al lenguaje, y los científicos tienen que ocupar el lugar que han dejado vacante". Los antiguos filósofos fueron los primeros científicos. ¿Son los nuevos científicos los últimos filósofos?

En Dialéctica de la naturaleza, dice Engels: "Los científicos creen librarse de la filosofía ignorándola o despreciándola. Pero puesto que sin pensamiento no pueden avanzar y para pensar necesitan pautas de pensamiento, y toman dichas pautas, sin darse cuenta, del sentido común de las llamadas personas cultas, dominado por los residuos de una filosofía ampliamente superada, o de ese poco de filosofía que aprendieron en la universidad, o de la lectura acrítica y asistemática de textos filosóficos de toda índole, no son en absoluto menos esclavos de la filosofía, sino que la mayoría de las veces lo son de la peor; y los que más desprecian la filosofía son esclavos precisamente de los peores residuos vulgarizados de la peor filosofía".

A primera vista, Hawking parece contradecir a Engels; pero, en última instancia, está señalando el mismo problema (la misma dicotomía) desde un ángulo y un momento diferentes. Ambos vienen a decir que la ciencia y la filosofía, que empezaron siendo una misma cosa, tienen que volver a unirse tras su largo divorcio. Nadie puede, hoy día, arrogarse el título de filósofo sin un sólido conocimiento de la física del siglo XX y de la lógica posterior a Gödel. La vieja advertencia platónica: "Que no entre aquí quien no sepa geometría", sigue en la puerta de la Academia; solo que ahora la geometría ya no es euclídea y la advertencia está en un idioma que muchos no entienden. Y los científicos no pueden seguir siendo "esclavos de los peores residuos vulgarizados de la peor filosofía". Einstein tuvo que estudiar a Mach y a Schopenhauer, y Gödel, al igual que Pitágoras, era un matemático-filósofo. La misión de la filosofía es transformar el mundo, como nos recuerda Marx, y para ello ha de fundirse con la ciencia.

(Continuará)