La ciencia es la única noticia

Precisión y exactitud

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Una noticia se ha hecho sitio en los medios entre las desgracias que ha ocasionado el infausto terremoto de Chile: el fenómeno, además, ha desviado el eje del planeta haciendo los días más cortos.

La Tierra es una esfera muy uniforme que gira plácidamente en torno a sí misma desplazándose igual de suavemente alrededor del Sol. Sin embargo, no es una bola perfecta, entre otras cosas porque su delgada superficie, a una escala como la piel de una manzana respecto al fruto completo, es muy heterogénea al estar formada por océanos, montañas, planicies, etc. Un gran terremoto es la consecuencia de un desplazamiento repentino de enormes masas de rocas en un punto de esta corteza. Es lógico que produzca un efecto, aunque sea muy pequeño. Es como si una pesada peonza girando sobre una superficie suave, como de hielo o mármol pulido, se encontrara un granito de azúcar. Su movimiento se altera, pero las leyes de la física hacen que su dinámica se recupere en gran medida. Estamos hablando, en el caso de la Tierra, de alteraciones de centímetros en cuanto al eje de giro (a comparar con los 40.000 kilómetros que tiene su circunferencia) y de microsegundos en cuanto al periodo diurno (que es como un segundo respecto a algo más de dos milenios).

Lo fascinante de todo esto es que seamos capaces de detectar estas mínimas alteraciones. Eso es lo grande de la física y la ingeniería, que la búsqueda ansiosa de la precisión se hace controlando los errores. Hasta hace poco, a las matemáticas se las denominaban ciencias exactas. La física, es decir, el uso de las matemáticas para explorar el universo, se basa en la medida experimental de diversas magnitudes con ayuda de aparatos, lo cual siempre conlleva una indeterminación o margen de error. Usar el ingenio para disminuir este margen, o sea, dar rienda suelta al afán antedicho de la precisión, nos ha llevado a descubrimientos maravillosos en campos tan diversos como la astronomía, la nanotecnología, las comunicaciones o el microcosmos atómico. Y, naturalmente, a desarrollos tecnológicos igual de pasmosos, como no podía ser menos. La exactitud matemática siempre será fuente de asombro y placer intelectual, pero lo que de verdad nos alegra la vida es el progreso que genera la exploración cada vez más precisa de la naturaleza, o sea, de la materia y sus propiedades. Es curioso que la Real Academia Española de la Lengua y doña María Moliner no distingan el abismo que hay entre precisión y exactitud. Consulte el lector.