Ciudadano autosuficiente

Autoconsumo fotovoltaico: ¿el empujón que necesitan las energías renovables?

Imagen de skeeze en Pixabay

 

El "impuesto al sol" en España, fue un impuesto aprobado durante el Gobierno del Partido Popular en el año 2015 mediante un Real Decreto y que 3 años después sería derogado por el Gobierno del PSOE. Este impuesto obligaba a los autoconsumidores de energía eléctrica renovable (procedente de paneles fotovoltaicos) a pagar una cuantía para contribuir al sistema eléctrico.

La justificación de este impuesto es que sería injusto no pagar por el mantenimiento de la red eléctrica, ya que a pesar de producir su propia energía siguen estando enganchados a la red, es decir, utilizan parte de la infraestructura eléctrica. Esto generó cierto descontento hasta tal punto de llegar el Tribunal Supremo que, sin embargo, desestimó la demanda, ya que consideró que más que un impuesto era una contribución a los costes del sistema. A pesar de ello, este impuesto no afectaba a determinadas instalaciones, por ejemplo, aquellas con una potencia contratada inferior a 10 kW o aquellas instalaciones de autoconsumo que estuviesen aisladas de la red eléctrica. Sin embargo, mucha gente renunciaba a esta alternativa por la desconfianza de que, en un futuro, este impuesto se extendiese a todo tipo de instalaciones de autoconsumo. Además, los trámites para implementar las instalaciones comunitarias de autoconsumo eran muy engorrosos.

En el año 2018, la ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, puso fin al impuesto al sol favoreciendo medidas para el autoconsumo. Algunas de estas reformas eran: reconocer el derecho al uso compartido por uno o varios consumidores, simplificación de algunos trámites (como la inscripción en el registro administrativo de instalaciones de producción eléctrica), compensaciones por la energía vertida a la red eléctrica por pequeños consumidores y eliminación del impuesto por autoconsumo. La eliminación del famoso impuesto junto con las nuevas reformas, generaron un aumento de más del 40% en la solicitud de instalaciones de autoconsumo eléctrico, en comparación con el año anterior.

¿Es rentable el autoconsumo?

Podemos decir que sí, esto se debe principalmente a dos factores. El primero es el precio de los paneles fotovoltaicos, el cual ha disminuido considerablemente desde su aparición en el mercado. El segundo factor es el precio de la energía eléctrica, el cual es cada vez más alto. Además las políticas europeas se encuentran, cada vez más, en la línea de la sostenibilidad y fomentando el uso y consumo de energías renovables, por lo que en un futuro se descarta la aparición de un nuevo impuesto al sol o demás restricciones asociadas al autoconsumo eléctrico.

Sin embargo hay una gran cantidad de factores que pueden afectar a la rentabilidad obtenida. La calidad de la instalación es considerablemente importante, deberemos optar por aquellos fabricantes que ofrezcan una extensa garantía y un rendimiento superior. Esto se traduce en una mayor inversión inicial, pero de esta forma reduciremos el riesgo de que el fabricante no se haga cargo de un error de fabricación y de obtener un mayor rendimiento energético. También se deben tener en cuenta las características de nuestra vivienda, por ejemplo, su localización y clima asociado, el tamaño o el aislamiento. Por ejemplo, una casa idónea para albergar un sistema de autoconsumo fotovoltaico sería una vivienda tamaño pequeño o moderado, ubicada al sur (más horas de insolación, menor nubosidad y temperaturas más suaves) y con un buen sistema de aislamiento térmico. Esto no significa que una casa en el centro de la península o en el Norte no vaya a amortizar la instalación, lo que sí se debe tener en cuenta es que cuanto más alejada esté de las características anteriormente mencionadas mayor tiempo tiempo tendrá que pasar hasta amortizar la instalación.

Por ello, el tiempo que tardemos en amortizar la instalación es bastante variable, pueden ser 5 años, 10 o 20. Para establecerlo se deberá solicitar un estudio en detalle que tenga en cuenta todos los factores involucrados. A pesar de ello, un mecanismo que nos va a ayudar a lograr un ahorro importante es la facturación neta, disponible en aquellas instalaciones domésticas fotovoltaicas conectadas a la red. Lo que nos permite es verter los excedentes producidos durante el mediodía a la red eléctrica, obteniendo un pago en función del precio de mercado del kWh (Kilovatio hora). Este "pago" no se realiza directamente, es realmente un descuento en la factura que será aplicado de forma mensual.

¿Y el uso compartido?

Gracias al Real Decreto 244/2019 el autoconsumo colectivo o compartido se convirtió en una realidad para los ciudadanos españoles. El concepto es muy sencillo, es básicamente aplicar el autoconsumo eléctrico a un determinado grupo de personas, por ejemplo, de una comunidad de vecinos. Para ello se deben distinguir dos modelos de autoconsumo compartido distintos, aquellos destinados a satisfacer las demandas de zonas comunes (luz del descansillo y ascensores, por ejemplo) y aquellos destinados a satisfacer, además de los previamente mencionados, las demandas de las viviendas o locales asociados.

Uno de los requisitos fundamentales es que todos los consumidores de la comunidad pertenezcan a la misma modalidad de consumo, es decir, o sólamente para zonas comunes o para un consumo en general. En el caso del autoconsumo residencial, basta con que un tercio de los residentes quiera poner placas de autoconsumo para que legalmente puedan disponer de un sistema colectivo. Otro requisito muy importante es la elaboración de un acuerdo de reparto, en el que debe figurar el criterio de reparto de energía generada y debe ser firmado por todos los consumidores. Además, esta modalidad de generación y consumo eléctrico puede recibir subvenciones, por lo que puede ayudar a paliar los costes de la infraestructura.

Echando un vistazo a los datos de producción de energía eléctrica fotovoltaica, se puede observar un aumento en la potencia instalada de un 23% comparando los años 2019 y 2018 (4714 MW en 2018 y 5817 MW en 2019). Sin embargo, la potencia instalada en los años 2016 y 2017 es prácticamente igual a la del año 2018. El motivo puede estar relacionado con el impuesto al sol del que ya hemos hablado previamente y, que gracias a la desaparición de este, permitió un aumento en la demanda. Es pronto para hablar de una tendencia en el aumento de este tipo de producción energética, pero hay indicios para poder establecer que parece tener futuro.

En el hipotético caso de que en el futuro la mayoría de edificios estuviesen dotados de instalaciones fotovoltaicas, ¿sería viable y sostenible? La realidad es que en términos exclusivamente energéticos sí, puesto que podría satisfacer una buena parte de la demanda energética, quitándole espacio a la producción eléctrica mediante combustibles fósiles o nuclear. Sin embargo, la producción de paneles fotovoltaicos es una actividad contaminante debido principalmente a un subproducto que se genera en el proceso de obtención de polisilicio (componente principal), el tetracloruro de silicio. Este compuesto es extremadamente tóxico y, aunque la mayoría de fabricantes de paneles fotovoltaicos lo reciclan, su coste de procesado es extremadamente caro, por lo que algunas fábricas los desechan directamente al medio natural. A pesar de ello, si esta actividad industrial estuviese perfectamente regulada (materiales, residuos, reciclaje, etc.), podríamos hablar de una alternativa de producción energética más que viable.

Lucas Peces Coloma

 

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