Opinión · Con M de

El apagón fronterizo 

Un grupo de personas migrantes esperando a ser atendidas por Cruz Roja en el Puerto de Málaga (octubre de 2018). Foto: Andrei Balog (EntreFronteras)
Un grupo de personas migrantes esperando a ser atendidas por Cruz Roja en el Puerto de Málaga (octubre de 2018). Foto: Andrei Balog (EntreFronteras)

Pablo Ariza Martín (@Pablo_Ariza) / EntreFronteras

Silencio. No queda nada. Ahora somos mejores personas, ya no aparecen rostros huyendo de la barbarie. En la Frontera Sur hay un apagón informativo y aún no somos conscientes de sus consecuencias. Los únicos focos que alumbrarán a los migrantes serán los de Salvamento Marítimo, abandonados también a su suerte e invisibilizados en los mediosEl día que no quede nadie será cuando quizá nos llevaremos las manos a la cabeza y nos lamentaremos con el “se veía venir”. Nos juzgaremos unos a otros, sin saber si se mató antes al mensajero o al mensaje. La realidad tangible es que vienen tiempos revueltos para los periodistas que se dedican a cubrir la llegada de migrantes.

A la precariedad conocida del periodismo de migraciones se une el silencio informativo desde el pasado 9 de diciembre sobre los rescates diarios llevados a cabo en el mar por parte de Salvamento Marítimo. Este martes 29 de enero, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía y el Sindicato de Periodistas de Andalucía pedían acabar con el apagón informativo en la Frontera Sur. Denuncian en el comunicado las consecuencias de este silencio: “Daña seriamente la libertad de información recogida en el artículo 20 de la Constitución Española”.

A pesar de este apagón, los migrantes seguirán huyendo de sus países y el Mediterráneo seguirá siendo la mayor fosa común del planeta. Ahora el papel del periodista está en duda y los profesionales se sienten con las manos atadas. El deber del periodista es siempre informar. En este caso, informar de que no nos dejan hacer nuestro trabajo. 

En el momento más álgido, cuando parecía que España se ponía a la cabeza de la Unión Europea, fue cuando todo empezó a resquebrajarse. Se fundieron los plomos de la humanidad. La acogida del barco de rescate Aquarius -de la ONG SOS Mediterranée y donde la asistencia sanitaria la hacía Médicos Sin Fronteras- fue el mejor ejemplo de lo que parecía que iba a ser y lo que en cuestión de días dejó de ser. Esto publicaba el Presidente Pedro Sánchez en su cuenta de Twitter el pasado 11 de junio: “He dado instrucciones para que España acoja al barco #Aquarius en el Puerto de Valencia. Es nuestra obligación ofrecer a estas 600 personas un puerto seguro. Cumplimos con los compromisos internacionales en materia de crisis humanitaria”.

Una simple búsqueda en las tendencias por palabras de Google sirve para dar cuenta del interés creado por el Aquarius desde que el Gobierno anunció que desembarcarían en el puerto de Valencia. Ahí podemos visualizar la rapidez con la que se pierde el interés una vez desaparecen las cámaras. El Aquarius, tras las últimas maniobras del Gobierno, pasará a la historia como una estrategia política que buscaba dar un golpe de efecto. No están en la agenda, así que olvidaremos esta realidad. Se avecina época de elecciones y no es momento de hablar de migrantes. El Gobierno actual teme ‘facilitar’ el discurso de odio a la extrema derecha.

El problema era —y sigue siendo— que los profesionales de la información no contaban con las condiciones adecuadas para informar. Durante los últimos años, los periodistas especializados que cubren la Frontera Sur han ido tejiendo una red muy importante de comunicación que facilitaba tanto el trabajo del periodista, como la forma de acceder a la información por parte de las familias de los migrantes. El resurgir de los discursos de odio han propiciado un paso atrás a la hora de informar del proceso migratorio. Consecuentemente, los periodistas especializados en migraciones acuden a otras fuentes que no son los canales oficiales, donde estaban ofreciendo durante los últimos años la situación en la Frontera Sur. Pronto se preguntarán ¿ya no hay periodistas que cubran la llegada de migrantes? ¿Nadie se acuerda de rescatar a las embarcaciones a la deriva en el Mar de Alborán y en el Estrecho? Lo que hace unos meses parecía una invasión inminente o un efecto llamada, ahora es un tema silenciado. En muchas ocasiones hemos escuchado que sin periodismo no hay democracia, ahora quizá nos preguntemos: si no hay cámaras, ¿va todo bien?

Es posible intentar contextualizar esta situación si acudimos al Informe sobre las Migraciones en el Mundo de  2018, elaborado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). El capítulo ocho, dedicado a la Información sobre los Migrantes y la Migración en los Medios de Comunicación, da cuenta de cómo la clase política utiliza a los migrantes: “En los debates políticos, con frecuencia se utiliza a los migrantes como chivo expiatorio y se reducen las complejas causas, efectos y tipos de migraciones a sencillas historias o frases fácilmente repetibles”.

El apartado dedicado a las Conclusiones e Investigaciones futuras de este informe refleja lo que está pasando en la Frontera Sur y la percepción que tiene la sociedad sobre los migrantes: “Sin embargo, en un mundo en el que las fuentes de información se alían frecuentemente con intereses políticos y comerciales específicos, ¿somos realmente nosotros quienes tomamos nuestras propias decisiones acerca de temas como la migración? ¿O se nos incita a estar de acuerdo con conclusiones con las que de otro modo no lo estaríamos?”.

El periodismo no está para apagar luces, si no para levantar alfombras. Este apagón informativo no beneficia a nadie que busque el cumplimiento de una meta donde se unen periodistas y la ciudadanía, los Derechos Humanos.