Opinion · Con M de

No soy yo, es tu mirada

'Ojos de muro'. Foto: Jeanne Menjoulet / CC BY 2.0
‘Ojos de muro’. Foto: Jeanne Menjoulet / CC BY 2.0

Por Joserra Jareño (@Zozerra)

“La vida es un sueño, el despertar es lo que nos mata” – Virginia Woolf.

¿Por qué el letargo nos resulta tan plácido? Quizás en él encontramos cierta evasión, sentimos calor y arrope, tenemos la posibilidad de volar y de navegar. En él no hay diferencias, hay colores que pegan con todo, están la libertad, la humanidad, el placer y una ignorancia que vela por no enloquecernos.

Al abrir los ojos tras un poco de agua fría, enciendes la tele y compruebas que la realidad supera a la ficción un día más. La boda más sonada de nuestro tiempo, la del capitalismo con el patriarcado, parece continuar con su eterna luna de miel. La llama que los aviva se alimenta de consumo, de ego, de falta de empatía, de soledad y escombros. Se han llevado a la razón y se embiste contra la vida. Al mundo le han chinado las venas y como dardo al corazón, un yunque de mil espinas.

Y conforme prolifera esta lacra, sigo en el tren huracán, como aprendí de las raíces. Gracias a ellas miro atrás y asumo que hace un tiempo me hice migrante, como si eso fuera algo que uno puede elegir. El sur me trajo a esta jungla madrileña, donde me enseñé a jugar al solitario sin baraja. Hoy anhelo el olor de mi tierra, los cuidados de mi madre, las rodillas de mi abuela hincás en el suelo, el tiempo que sobra, el silencio, el acento, salir con tu gente y el reír por no llorar.

Casi en un tren de cercanías cumplo mi deseo cuando buenamente puedo, ellas no. Aquí hay personas que llegan de todos los rincones del mundo por mil motivos, muchas huyen de ojos en la nuca y de tiranos aullidos o formas de pensar. También hay vidas que quieren sustentar a su prole o las que ya perdieron la esperanza en sus deidades y la toalla tiraron con lo de su condición sexual. Otras solo buscan un nuevo hogar, porque el que tenían ya no existe. Mientras tanto, el que está al lao de la lumbre, no pasa frío.

«Es muy patriarcal eso de no tolerar la diversidad», me enseñó un destello de cordura entre nubes de incoherencia. A lo lejos me costaba percibir en la más profunda e intensa incomodidad algo que decía así: feminismo. Este me señaló al culpable sin hacer de Judas e impertinente fagocitó mis maneras de pensar. Sin buscar medalla ajena pero con batallas que ganar, mejor abrir los ojos que morir en un barrizal. Hoy despojo privilegios y encauzado a incordiar, no me importan las banderas y comprendo la importancia de universalizar el cuidar.

La mano que mece la cuna de la vida tiene un sexo y un género. Sabemos a ciencia cierta que quien cuida, no mata, y que entre tanto espejismo de igualdad no debe de haber paso a la ambigüedad. Las mujeres no son botín de guerra ni mucho menos deseabilidad social: son la clave del progreso, por eso les invito a pensar.

Se buscan con urgencia mimos con los que poder paliar la ausencia de una casa y los problemas de un hogar, agarrarnos de la mano para lejos poder volar, mirarnos hacia dentro y romper con lo patriarcal. Que el que viene de lejos pueda superar la miseria de su vida y hallar valor en la vecindad. Que las heridas de tu cuerpo cualquiera las pueda curar, sin importar el sexo, el color ni la edad; que si brillas como nunca, te sepamos alumbrar, y si vives sin estufa yo te doy leña pa’ calentar esos fríos corazones que de tramo en tramo van, huyendo de la muerte, buscando un hueco, que es lo natural. Y vamos a quemar todo lo malo pa’ que entre lo bueno, y alegrar el corazón de los que un día sin más remedio se fueron.