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‘Years and Years’: cuando no quede un futuro al que migrar

Maxim Baldry encarna en Years and Years el papel de Viktor, refugiado ucraniano.
Maxim Baldry encarna en Years and Years el papel de Viktor, refugiado ucraniano.

Por Álvaro Bravo (@AlvaroBravo4)

Normalmente, cuando una ficción es una distopía, se plantea cómo será un futuro cercano en varias décadas alejadas del presente y en el que se cumplen algunos de nuestros miedos más arraigados. Dentro del género, son habituales los robots que pasan de ser simpáticos secundarios a ser máquinas de matar, las catástrofes nucleares que hacen que todos vivamos como en ‘Náufrago’ o, en las más atrevidas, cómo los cortos de ‘Love, Death and Robots’, que seamos gobernados por una especie de yogurt superinteligente. No es el caso de la brillante sátira política británica ‘Years and Years’. Lo que cuenta podría suceder pasado mañana, si no está ocurriendo en este preciso instante. O al menos, nada de lo que se muestra en pantalla nos parece totalmente descabellado e imposible de ver en los próximos 15 años.

El telón de fondo que plantea esta tragicomedia ácida es el de un mundo acelerado en el que quedan pocas certezas a las que aferrarse. El presidente Donald Trump gana su cuarto mandato en 2028, las guerras comerciales entre China y Estados Unidos pasan de la retórica al bombardeo nuclear, no existe todavía el acuerdo del divorcio del Brexit, el clima varía con grandes tormentas impredecibles, los principales bancos colapsan en una nueva crisis financiera y miles de refugiados llegan a Reino Unido huyendo de conflictos y desastres naturales. Más en la órbita de la ciencia ficción, una adolescente quiere ser ‘trans’, pero no para cambiar su género, sino para ser ‘transhumana’, es decir para que su conciencia se descargue en la nube y abandone su cuerpo físico. Es una conversación un tanto hilarante que tiene con sus padres, que intentan ser comprensivos pero que se ven superados ante el anhelo de su hija.

Nada de esto nos resulta especialmente ajeno a nuestro día día, ni al de la historia de la familia Lyons, los cuatro hermanos protagonistas de una clase media empobrecida en las afueras de Manchester. Es muy representativo que el hermano mayor -cuyo actor dio vida al premier obligado a tener sexo con un cerdo en ‘Black Mirror’- pase de trabajar en la banca a ser “rider” en Deliveroo y dejar de vivir holgadamente junto a sus dos hijas a volver a la casa familiar de su abuela. Otra de las hermanas responde a los clichés de una activista protestona algo perdida en su cuarentena, aunque su personaje tiene una evolución llena de matices y será un motor en la trama. Y la menor de los hermanos tiene dos hijos, el sueño de tener su propio negocio, camina en silla de ruedas y posee un ácido sentido del humor.



Nos detenemos en el personaje de Dann, arquitecto del ayuntamiento encargado los campos de refugiados que se vuelven permanentes en los alrededores de la City y cómo cambia su vida cuando conoce a Viktor, un refugiado ucraniano que huye de su país por la persecución a la comunidad LGTBI. En el momento en que Dan se enamora de Viktor empieza a entender todo el drama de un chico unos años más joven que él que también estudió una carrera, tenía una familia y amigos, pero tuvo que dejar su país cuando fue amenazado por militares. Las personas que se ven obligadas a migrar tienen voz protagonista a partir de esta historia, algo inusual en televisión, para entender las dificultades legales que tienen para acceder a un empleo o a una documentación nacional. A lo largo de los años todo se complica para la pareja, hasta la necesidad de huir a países más tolerantes con la inmigración, y necesitan volver a Reino Unido de manera clandestina por mar en un largo viaje desde Francia.

¿Os acordáis de cuando la política era aburrida?

Es una pregunta que se hacen los Lyon mientras ven el primer debate de la aspirante a la presidencia Vivienne Rook, una política populista que une pinceladas de Boris Johnson, Marie Le Pen (con quien comparte parecido físico) y el partido Cinco Estrellas, con un estilo desafiante que pretende poner todo patas arriba en la política británica. Frente a la pregunta del entrevistador de cómo ayudaría a solucionar el conflicto entre Israel  y Palestina responde que le importa una mierda porque están lejos. Tanto el público como el presentador del debate se escandalizan, pero Vivienne consigue su objetivo de llamar la atención. Nos muestra que es una política sin ningún filtro, que cuela un mensaje ambiguo de mejorar las condiciones de los trabajadores nacionales, que busca romper con Bruselas y en años de descontento social tiene un fulgurante ascenso. Incluso la hermana menor de los Lyons guarda simpatías por ella.

Es un fenómeno de nuestros tiempos en europa, recetas del populismo antimigratorio que refuerza la idea de una identidad nacional frente a un los otros que quedan fuera y colapsan nuestro sistema público. Carga contra los partidos tradicionales en crisis, también contra los medios de comunicación por supuestamente difundir ‘fake news’ y sabe como ganarse al público en los mítines al mostrar una faceta divertida en televisión. A partir del ecuador de la serie, Vivienne deja de ser un hilo conductor de los veloces cambios en la política a ser una verdadera protagonista. Hasta tal punto que llega a coincidir en una reunión cuando el hermano mayor vuelve a ser asesor financiero para una empresa de seguridad que gestiona los ocultos campos de Otrora con grandes beneficios. Rook se quita su máscara al revelar su brutal inspiración de estos campos en los usados por el imperio británico en Sudáfrica para diezmar a la población negra.

Mi sorpresa es mayúscula al desconocer que existieron realmente estos campamentos como precursores a los tan conocidos del régimen nazi, lugares donde el ejército colonial británico encerró a más de 50.000 granjeros de origen holandés y población negra local, considerados como mano de obra, que buscaban refugio tras en tres guerras Bóer en contra del poder de la metrópoli. La población que habitaba los 45 campos estaba compuesta principalmente de ancianos, niños y mujeres en unas condiciones adversas en las que escasean los alimentos, las enfermedades se extendían y miles fallecían. La política ultraderechista de ‘Years and years’ propone como solución que la naturaleza elija quién sobrevive.

Sin entrar en detalles, que el partido xenófobo en el gobierno en la serie legitime semejantes atrocidades será el inicio del fin de una candidata que quería romper con todo. Cuando Viktor es deportado a uno de estos campos, es ahí donde las pequeñas historias de los Lyons se entrelazan con la trama del ascenso y caída de Vivienne. Será su familia quien le busque y encienda la chispa que alumbra una rebelión, recordando las palabras de la abuela. “Podemos pasar el día culpando a otros. Culpamos a la economía, a Europa, a la oposición, al clima, y al vasto curso de la historia, como si no dependiera de nosotros, seres indefensos e insignificantes”. Un discurso lanzado directamente al espectador, que no se queda en la pantalla, que invita a pensar qué clase de futuro queremos construir.