Posibilidad de un nido

El feminismo no funciona por acumulación

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, acompañado por la vicepresidenta tercera, Yolanda Díaz, la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, la vicepresidenta segunda, Nadia Calviño y la vicepresidenta cuarta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, se retira tras ofrecer una comparecencia. EFE/Kiko Huesca

Confieso que no consigo contagiarme de la alegría que le supone al presidente Pedro Sánchez el hecho de tener cuatro vicepresidentas del Gobierno. Al oírle decir que somos el único país del mucho con cuatro vicepresidentas he pensado inmediatamente que, si nombra otras tres, seremos el primer con siete. Y así, suma y sigue.

Tener cuatro vicepresidentas no nos hace en sí mismo más feministas, tal y como celebra Sánchez, sino un país con un sorprendente número de vicepresidencias. Sin embargo, el mismo hecho de que se ufane de ello, sí me despierta algunas sospechas.

El feminismo no funciona por acumulación. El hecho de que no hubiera ninguna mujer resultaría anormal en un Gobierno como el actual y rompería la idea de paridad que lo rige, evidentemente. Del hecho de que que sean cuatro lo anormal es el número, no el sexo.

Se trata de las cuotas y del temor a que, una vez alcanzada cierta idea de paridad, ahí se paren. Temo que, poco a poco, se haya ido olvidando que las cuotas son un medio, no un fin en sí mismas.

¿Exige Sánchez a esas cuatro mujeres que modifiquen las formas de trabajo y los resultados a conseguir o les pide que obtengan los mejores resultados posibles siguiendo los métodos y las políticas que él mismo y sus compañeros practican desde siempre y siguen practicando? ¿Nos hemos atascado en considerar que algo es más "feminista" por cuestiones numéricas?

El número de mujeres en un gobierno, una redacción, un comité, donde sea, no es relevante en sí mismo una vez asumida y aplicada la idea de paridad. Subsanada la ausencia de mujeres en cargos directivos o de responsabilidad, algo que estamos aún lejos de conseguir, el siguiente paso debería consistir en modificar el entorno al que acceden, sus modos, un sistema pensado, construido y gestionado únicamente por hombres durante nada menos que toda la Historia de la humanidad. La presencia de mujeres en términos cuantitativos debería modificar cuantitativamente... ¿qué? Todo. Absolutamente todo.

No creo que nadie piense que la presidencia de Esperanza Aguirre o Isabel Díaz Ayuso en la Comunidad de Madrid la haya hecho más feminista y mira que no eran "vices" ni "subs", prefijos que nos acompañan toda la vida.
La presencia de mujeres en un sistema es relevante en tanto en cuanto lo modifican. ¿Qué lo modifica, por ejemplo? El hecho de que una ministra lleve a su hijo/hija al ministerio y al cuidado de la criatura contribuyan todas las personas de su equipo, como es natural. No creo que eso pudiera llegar a suceder jamás en el caso de un equipo de hombres, sencillamente porque nada tiene que ver con su realidad en ningún ámbito de su vida.

El Ministerio de Igualdad que dirige Irene Montero no es un lugar donde se juega a papás y a mamás ni una institución donde la ministra "usa de criada" a una subalterna, como no dejan de repetir desde los medios de comunicación de derecha y ultraderecha. Es otra forma de entender y manejar el tiempo. Por sus resultados debería juzgárseles.
Otro ejemplo: una de las medidas de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha sido la creación de la figura del dentista público. Es evidente que la dentadura es una parte esencial de nuestro cuerpo; es más, de nuestro rostro. ¿Por qué no se le había ocurrido antes a nadie? ¿No será, además de una cuestión de clase, que en ambos casos se asume la idea de los cuidados?

En fin, que tenemos cuatro vicepresidentas. Juro que no había caído en la cuenta.