Posibilidad de un nido

Nos hemos pasado

La escritora y periodista Cristina Fallarás durante la presentación de su último libro. — Roberto del Castar / TEATRO DEL BARRIO
La escritora y periodista Cristina Fallarás durante la presentación de su último libro. — Roberto del Castar / TEATRO DEL BARRIO

Un día te paras. No es fácil pararse cuando todo consiste en correr. En la década de los 90 las mujeres corrían en las películas con el remedo de un traje masculino, pero sin tacones. Calzaban unas zapatillas deportivas, triste retrato macho de un me-quito-los-tacones para simular algún tipo de contrafeminidad, Un día te paras y no necesitas el espejo. Como dicen que pasa cuando te mueres, porque es un tipo de muerte, desfila ante ti algo que eres tú, desfilas tú ante ti.

Ese día en el que te paras responde a la evidencia de que te has pasado. Te has pasado de largo. Te has pasado mucho. Te has pasado de lista. Te has pasado, y ya.

Es el cuerpo. Era esa forma de luchar porque éramos hombres, estábamos educadas para ser hombres, zapatillas deportivas en Wall Street, la última en salir del bar, esa insistencia en la palabra puta. Soportábamos el cunnilingus como una forma de aproximación cultural, perdíamos los zapatos… ¿Qué somos ahora?

Hace poco junté a algunas mujeres mayores, mejores, más valientes, para hablar de nosotras mismas con la excusa de un libro mío recién publicado.

Copio aquí los parlamentos de dos de ellas, ¿actrices? Quiero hablar de esto.

 

MARIA BOTTO:

"Me llamo María Botto y hoy Cristina nos ha dicho que nos presentáramos como quisiéramos y entonces a mí me ha surgido una duda que me surge siempre y eso ¿cómo me presento? Primero como actriz, por supuesto, porque hace mucho tiempo decidí que iba a ser solo una cosa, que no me iba a presentar como varias, porque no quería que la gente me odiase, no quería que dijeran ¿quién te crees que eres? Entonces decidí que como actriz era suficiente.

Da igual que haya dirigido 7 obras, jamás me presento como directora. He escrito 4 obras de teatro, jamás me he presentado como escritora. Yo soy actriz. Así que hoy me presento como actriz, pero en mi cabeza está todo lo demás (…) Porque desde muy pequeñas nos dejan claro que cuidado con lo que deseas. El deseo de la mujer, no solo el sexual, el deseo a verbalizar lo que deseamos, cómo queremos las cosas, de qué manera las queremos, cuáles son nuestros sueños… ese deseo puede ser castigado. Somos putas o santas, eso lo tenemos todas claro, sobre todo las de mi generación (febrero del 74). Yo decidí, en la adolescencia, que santa no iba a ser. Entonces, fui puta. Fui rebelde, y eso vino siempre con un castigo. Si te vas a comportar con las reglas de los hombres, vas a ser castigada. Y yo acepté ese castigo.

En los últimos años, gracias al trabajo de tantas feministas que han puesto el cuerpo, hemos podido levantar, alzar la voz, que se nos escuche. Y por primera vez, nos hemos visto, nos hemos encontrado, y hemos podido empezar a contar nuestro relato, nuestras experiencias, y nuestras experiencias son similares. Son de abusos, casi siempre muy parecidas (…) y como siempre esperamos las mujeres, 40 o 50 años para contar nuestro lado de la historia. (…)

Mientras crecíamos, buscábamos referentes, esos referentes que no existían, no existían en el Cine, no existían en la Literatura, de 20 libros que existían con protagonistas masculinos, salía uno que casi no encontrábamos ni se leía, con una protagonista femenina que para el público en general no tenía interés porque a los críticos y a las editoriales les parecía irrelevante un libro con una mujer protagonista. Entonces, yo siempre me he remitido a la Biblia. Leí la Biblia buscando esas mujeres. Por supuesto, nunca encontré una mujer que no fuera castigada tarde o temprano"

 

MARÍA SAN MIGUEL:

"Me llamo María San Miguel. Soy creadora y actriz y tengo que confesar que durante días me he preguntado 'pero ¿qué hago yo ahí?'. Porque, claro, soy mujer, y como todas vosotras tengo el síndrome de la impostora. He dicho que soy creadora y actriz, pero cuando María [Botto] ha dicho que 'soy actriz', yo hace poco añadí que soy también creadora, porque soy muchas cosas más, pero siento como que insulto si digo todo lo que soy y si me apropio de todo lo que soy. Crecí en una familia sin religión, en un puebli de la España profunda al que llegué con 5 años sin bautizar; mis padres habían sido el primer matrimonio desde la República casado por un alcalde en el año 85, con lo cual mi madre me tuvo que advertir de que no hiciera caso de eso que a lo mejor me decían en el colegio de que era una hija bastarda (…) y aunque mi madre y mi padre me han educado como una mujer libre, feminista e independiente, he crecido con la Iglesia dentro aunque yo solo he ido a las iglesias y para ver los cuadros que, claro, nos estaban educando también aunque no lo sabíamos. Soy una mujer llena de contradicciones. Me he sentido muy culpable por ser puta, he querido ser santa, y cada día tengo que pensar quién soy, porque no lo tengo claro, y porque me da miedo en este mundo de hombres, y es agotador reivindicar constantemente que yo también me merezco estar aquí, junto a todas estas tías increíbles. Tengo problemas con mi cuerpo, como hemos tenido todas, llena de contradicciones, me da miedo mi desnudez ante los otros, y tengo una obsesión y una relación muy intensa con las palabras"

 

Me llamo Cristina Fallarás y quiero hablar de esto.

Cuando digo que trabajo en las televisiones, no soy escritora. Si manifiesto que tengo once libros publicados, no soy activista. Al declarar que me dedico al activismo, no soy periodista. ¿Cuánto hace que me subí a los escenarios para representarme? Sobre la tarima de las conferencias dejo los maquillajes y soy algo sin nombre. Si alguien me quisiera contratar, llegado el momento, ¿Cuántas vidas tendría que borrarme? A ninguna de todas las anteriores podría añadir, como Botto o San Miguel, que entre santa y puta decidí lo segundo. Porque ahora es imposible, no se elige y la palabra puta define otras cosas, otros ámbitos, otras voces.

Vamos dejando que nos hurten todas las vidas, y son muchas, que hemos vivido y seguimos viviendo. Accedemos a ello. Resulta imprescindible para los asuntos económicos. No lo decimos pero se trata de asuntos económicos, como las zapatillas deportivas con las que los hombres decidieron representar a aquellas que no se dejaban vestir de Pretty Woman.

Venimos de una generación de mujeres domadas en la masculinidad, algunas (como yo) incluso madres. Y, llegadas a este punto, a este momento idiota, puritano, triste, profundamente mediocre de la Historia, se nos exige esconder lo que hemos llegado a ser.

Entonces nos paramos, y al mirarnos, somos el espejo de quienes nos miran. Les devolvemos su propia imagen. Después, nos juntamos y hablamos. Eso somos, si acaso con otras zapatillas deportivas. Otras.